La homilía ahora publicada corresponde a la época en la que Benedicto XVI, ya como Papa emérito, predicaba en el monasterio Mater Ecclesiae donde vivió sus últimos años.
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| Dominio público |
El
Papa emérito desconocía que
las homilías que ofrecía privadamente para el pequeño personal que le atendía
era grabadas y transcritas por
las Memores Domini, consagradas
que vivían en el monasterio. Recientemente fueron entregadas por el arzobispo Georg Gänswein, albacea
testamentario de Joseph Ratzinger, al Dicasterio de la Comunicación, para su
publicación por la Librería Editrice Vaticana en colaboración con la Fundación
Joseph Ratzinger. La edición será preparada por el padre Federico Lombardi, antiguo
portavoz de la Santa Sede.
Welt
am Sonntag solicitó la posibilidad de publicar una de ellas con motivo de la
Navidad. La lengua original de estas homilías es el italiano, de ahí la
difusión simultánea en ambos idiomas, a los que se ha sumado la Agencia
Zenit con la traducción española.
La
predicación que se ha dado a conocer se refiere a la figura de San José, de quien Benedicto
XVI glosa tres cualidades: hombre justo, hombre que sabe discernir, hombre de fe y obediencia.
Un hombre justo
Son
las propias Escrituras las que llaman "justo" al esposo de la
Santísima Virgen, un calificativo que "es para el Antiguo Testamento la caracterización más alta de
quien vive verdaderamente según la palabra de Dios, de quien vive la alianza
con Dios", dice Ratzinger.
Vivir
según la palabra de Dios es "el encuentro con Jesús, en Jesús con la
palabra de Dios, que es Persona. En el encuentro con Jesús encontramos la verdad, el amor de Dios,
y así la relación de amistad se convierte en amor, crece nuestra comunión con
Dios, somos verdaderamente creyentes y nos convertimos en santos".
Ese
encuentro personal con Cristo es el que, en palabras de Benedicto XVI, evita el
riesgo de considerar la Palabra "como una suma de prescripciones y prohibiciones,
un paquete de normas", ante el cual "la actitud debe ser observar las
normas y así ser correcto". "Este es el peligro", subraya el
Papa emérito por dos veces: "La mera observancia de la ley se vuelve
impersonal, sólo un hacer, el hombre se vuelve duro e incluso amargado. Al
final no puede amar a este Dios, que se presenta sólo con reglas y a veces incluso con amenazas".
"La
promesa", en cambio es ver esas prescripciones "no sólo como un
código, un paquete de reglas, sino como una expresión de la voluntad de Dios, en la que Dios me
habla, yo le hablo", y de esta forma "estoy en camino hacia la
palabra de Dios en persona, hacia Cristo".
"Un
verdadero justo como San José es así", concretó el Papa emérito para
apuntar al padre putativo de Jesús: "Para él la ley no es simplemente la
observancia de unas normas, sino que se presenta como una palabra de amor, una invitación al diálogo, y la vida
según la palabra es entrar en este diálogo y encontrar detrás de las normas y
en las normas el amor de Dios, comprender que todas estas normas no son por sí
mismas, sino que son normas de amor, sirven para que crezca en mí el amor. Así
se comprende que, finalmente, toda
ley es sólo amor a Dios y al prójimo. Habiendo encontrado esto, uno ha
observado toda la ley".
Solo
así se explica el comportamiento santo y heroico de José cuando descubre que María está embarazada: él
eligió el "camino de amor en la justicia... para comprender la verdadera
voluntad de Dios, encontró
la unidad entre el amor y la regla" con su apertura a la aparición del
ángel y "a que Dios le dé a conocer que se trata de una obra del Espíritu
Santo".
Hombre de discernimiento, hombre de fe y
obediencia
Pero
esa escucha del ángel exigía en José una virtud que ya cultivaba, "una
sensibilidad interior para Dios, una capacidad de percibir la voz de Dios, un don de discernimiento":
"Sólo porque San José estaba ya en camino hacia la Persona del Verbo,
hacia el Señor, hacia el Salvador, pudo discernir" que era Dios quien le
hablaba en sueños, y no un simple sueño. Discernir le permitió "decidir".
Tras
caminar sin saberlo al encuentro de Cristo, como hombre justo que sigue la
Palabra de Dios, y tras saber discernir esta última, la respuesta de San José
"es la fe y luego la
obediencia".
"La
fe se convierte en un fundamento sobre el que actuar, sobre el que vivir, es
reconocer que ésta es la voz de Dios, el imperativo del amor, que me guía por
el camino de la vida, y luego hacer
la voluntad de Dios", explicó Benedicto XVI: "San José no era un
soñador... era un hombre práctico
y sobrio, un hombre de decisión, capaz de organizarse".
En
condiciones muy difíciles, fue capaz de encontrar un lugar "discreto y
protegido", pobre pero digno, para el nacimiento del Hijo de Dios. Y posteriormente, durante
la huida a Egipto,
tuvo que encontrar cada día un lugar donde dormir: "Todo ello exigía un
hombre práctico, con sentido de la acción, con capacidad para responder a los
desafíos, para encontrar formas de sobrevivir". Y lo mismo con su decisión
de volver a Nazaret para
fundar allí "la patria del Hijo de Dios".
De
todas estas cualidades descritas por el Papa emérito hace justo ahora diez
años, hemos de sacar la lección, concluyó Ratzinger, de seguir "este
camino interior en la Palabra de Dios" mediante "una vida sobria, al
trabajo, al servicio
cotidiano para cumplir con nuestro deber en el gran mosaico de la
historia".
G. de A.
Fuente: ReL
