El Sínodo sobre la Sinodalidad alcanzó su punto álgido cuando los delegados no sólo recorrieron las catacumbas, sino que eligieron una comisión para supervisar la redacción de un "informe de síntesis", aunque un reporte provisional sobre el Camino Sinodal alemán entregado a los participantes sirvió de recordatorio de que se avecinan posibles tormentas.
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| Crédito: Daniel Ibáñez / CNA. Dominio público |
Las opciones y sensibilidades de la comisión del
informe de síntesis
El
portavoz del Vaticano, Paolo Ruffini, explicó en una rueda de prensa el 10 de
octubre que el informe de síntesis será redactado por "los expertos"
que asisten al sínodo.
La
elección de los miembros de la comisión dejó entrever las distintas
sensibilidades que entraña la elaboración del documento que culminará esta
parte del sínodo. Por ejemplo, la inclusión del Cardenal Marc Aveline y del
Cardenal Giorgio Marengo en la comisión del "informe de síntesis"
insinuó un alcance geográfico y temático más amplio que algunos podrían ver
como un guiño hacia las periferias.
La
tarea que tiene ante sí la comisión de síntesis implica escuchar asiduamente
las percepciones de los círculos menores -obteniendo una mayoría de dos tercios
de los votos- y calibrar las reacciones dentro de la Congregación general para
elaborar un documento que resuene con los sentimientos de la asamblea.
Sin
embargo, algunos sostienen que si la prioridad sigue siendo escuchar, el
documento de síntesis debería recoger todos los puntos de vista.
Otra
preocupación expresada es quizá más grave: ¿Qué pasaría si una tesis
"fronteriza" se abre camino en un documento de síntesis, sirviendo
más tarde de base para las deliberaciones sinodales posteriores?
Tensiones teológicas y pastorales
Las
tensiones en torno a la redacción del documento se reflejaron en las sesiones
informativas e intervenciones de la semana.
El
lunes, el obispo ortodoxo oriental metropolitano Job de Pisidia afirmó que la definición de sinodalidad del evento
organizado en el Vaticano "difiere mucho" de la
comprensión ortodoxa.
Haciendo
referencia al primer concilio ecuménico, el Concilio de Nicea en 325, y a los
Cánones Apostólicos, un texto cristiano del siglo IV sobre el gobierno y la
disciplina de la Iglesia cristiana primitiva, dijo que "un sínodo es una
reunión deliberativa de obispos, no una asamblea consultiva de clérigos y
laicos".
Aunque
faltan las declaraciones oficiales —debido a las cláusulas de confidencialidad
que vinculan a los participantes en el sínodo—-, las charlas informales también
revelaron cierto descontento respecto a la "uniformidad de la composición
de algunas mesas", lo que podría conducir a la formulación de verdaderas
agendas.
Ciertos
temas y mesas apenas fueron objeto de debate debido a una intención compartida.
Por ejemplo, el tema del ecumenismo pareció evocar un sentimiento de
familiaridad entre sus debatientes.
El
discurso sobre la "inclusión LGBTQ" (Lesbianas, gays, bisexuales,
transexuales y queer), que no mencionó la declaración
de 1986 de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre
el cuidado pastoral de las personas homosexuales, vio un espectro más amplio de
desacuerdo, aunque un sentimiento común entre los obispos y otros parece ser el
acompañamiento doctrinal respetuoso.
En
la rueda de prensa del 10 de octubre, las tensiones en torno a la inclusión
llegaron a un punto álgido cuando el cardenal Joseph William Tobin abogó por un enfoque
pastoral más inclusivo hacia las personas LGBTQ, afirmando que
"la Iglesia desvela su verdadera belleza cuando las puertas se abren, y el
Sínodo podría ser la llave" y los periodistas presionaron con la pregunta
de si las puertas están cerradas para algunos católicos tradicionales.
El
purpurado estadounidense también reconoció que los conflictos armados en curso
están en la mente de los participantes, un tema que retomó el jueves Margaret
Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares. La católica de Tierra Santa
habló sobre el conflicto entre Israel y Hamás y ofreció perspectivas sobre la
experiencia cristiana tanto en Irak como en todo el panorama eclesial africano.
Voces escuchadas: la cuestión de los asientos y
los debates
Existe
un notable esfuerzo por parte de los organizadores del Sínodo para afirmar que
las voces han sido realmente escuchadas. Pero el novedoso —y confidencial—
enfoque de los asientos ha suscitado muchas preguntas: ¿Quién está sentado con
quién en el Sínodo sobre la Sinodalidad y qué temas están debatiendo exactamente?
Y, lo que es más importante, ¿hay debates reales?
Lo
que está claro, sin embargo, es que existe un notable esfuerzo por parte de los
organizadores del sínodo para afirmar que las voces han sido realmente
escuchadas. Así, uno de los recursos compartidos con los participantes es el
libro El
pueblo ha hablado, escrito por Myriam Wijlens y Vimal Tirimanna,
con el objetivo de proporcionar un marco para los esfuerzos de las asambleas
continentales.
El
cardenal Jean-Claude Hollerich SJ, durante la clausura de la sesión inicial,
encapsuló el ethos del sínodo afirmando: "Todo el mundo está invitado a
participar en la Iglesia".
"En
profunda comunión con su Padre a través del Espíritu Santo, Jesús extendió esta
comunión a todos los pecadores", dijo Hollerich en su discurso.
"¿Estamos dispuestos a hacer lo mismo? ¿Estamos dispuestos a hacerlo con
grupos que podrían irritarnos porque su forma de ser podría parecer una amenaza
a nuestra identidad?".
No
hacerlo, añadió, "nos hará parecer un club identitario".
El Camino Sinodal Alemán y el Sínodo de la
Sinodalidad
La
semana corrió el riesgo de verse ensombrecida por la carta que el Obispo de
Limburgo, Mons. Georg Bätzing, compartió con los participantes en el sínodo en
su calidad de copresidente del controvertido Camino Sinodal Alemán, un
acontecimiento que no fue un sínodo.
Los
participantes en el Sínodo de la Sinodalidad recibieron un documento de 159
páginas traducido a varios idiomas que recoge las decisiones tomadas por el
evento alemán. Entre ellas se encuentran las votaciones controvertidas del evento,
que incluyen llamamientos a reevaluar la homosexualidad, bendecir las uniones
homosexuales y poner fin al celibato obligatorio de los sacerdotes. También
aborda la diversidad de género, las mujeres en los ministerios sacramentales y
la participación de los laicos en la selección de los obispos diocesanos.
En
algunos casos, las resoluciones alemanas son ideas pastorales, pero en muchos
otros las propuestas viran hacia la alteración de las enseñanzas tradicionales
de la Iglesia. Los estatutos del proceso prevén que se envíen como
proposiciones al Santo Padre.
En
esencia, Alemania sigue adelante con los planes de un Consejo sinodal
permanente a la espera de ver si el Papa ratifica alguna modificación
doctrinal. Es una incógnita cómo responderá Roma a esto y si surgirán alianzas
durante este Sínodo.
Aguas
inexploradas
Aun así, mientras el Camino Sinodal alemán introduce
sus polémicas proposiciones, las corrientes subterráneas de este Sínodo podrían
arrastrar algunas de estas ideas controvertidas a las discusiones en Roma.
Aún no está claro si este Sínodo de la Sinodalidad
será una nueva confluencia de ideas, semejante al histórico flujo teológico del
Rin al Tíber —una frase evocadora que simboliza la infusión de agendas
teológicas progresistas de las tierras de habla alemana en el discurso
eclesiástico más amplio de Roma durante el Vaticano II—.
El curso definitivo de este río eclesiástico está
aún por trazar y su confluencia con la tradición, una historia aún por contar.
Por Andrea
Gagliarducci
Fuente: ACI
