Un grupo de monjas del Instituto Secular de las Hermanas de Schoenstatt caminó 75 kilómetros, desde Caçapava hasta el Santuario Nacional de Nuestra Señora Aparecida, en el estado brasileño de Sao Paulo, con el objetivo principal de rezar por las vocaciones.
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| Hermanas de Schoenstatt en peregrinación al Santuario de Aparecida Crédito: Irmãs de Maria de Schoenstatt |
“Es
muy hermoso poder escuchar testimonios de este acontecimiento [la peregrinación
al Santuario de Aparecida], pero poder hacerlo es gratificante”, compartió con
ACI Digital —agencia en portugués del Grupo ACI— Sor M. Carmem Zenovello.
Según
explicó, en la peregrinación participaron tres grupos: el primero, llamado
“Pies en camino”, estuvo integrado por las hermanas que recorrieron los 75
kilómetros; el segundo, “Grupo alianza”, formado por las monjas que se sumaron
el último día de la caminata; y el tercero, “Corazones ardientes”, integrado
por religiosas mayores, que permaneció rezando por ellas y se dirigió el
viernes en bus al santuario para recibir a los peregrinos.
El
primer día de caminata, las hermanas fueron de Caçapava a Tremembé. El segundo
llegaron a Moreira César, en el distrito de Pindamonhangaba. Y el tercero
caminaron hasta el santuario mariano.
Sor M. Cândida Dias afirmó que los recorridos “fueron
intensos, ya que todo el día estuvo impregnado de espiritualidad”. Comenzaban
la jornada con la Misa, luego seguía el desayuno y de ahí salían a continuar
con la peregrinación.
Por su parte, Sor M. Carmem Zenovello explicó que se tenían
“tres temas para meditar: la expiación, la súplica y la gratitud”.
Al
frente del grupo se portaba una cruz con los nombres de todas las religiosas.
“Y en esa cruz se colocaron nuestros propósitos, renuncias y sacrificios”,
relató la Hna. Carmem.
El
viaje también estuvo marcado por algunos desafíos. “Confieso que no fue fácil,
porque tuvimos lluvia y sol, pero no tuve ninguna queja”, compartió sor
Cândida, y narró que el primer día tuvieron que cruzar una marisma y fue
necesario “tener mucho cuidado para no caer al barro”. “Pero logramos superar
este obstáculo sin problemas”, expresó.
Sor
Cândida afirmó que todas recorrieron la ruta sin quejas y siempre “sonriendo”.
Para Sor Carmem, todas las monjas siguieron “con espíritu de peregrinación”.
“Atravesando el barro y ensuciándonos, el dolor y el
cansancio en nuestro cuerpo fueron superados cuando miramos hacia adelante y
vimos nuestro gran objetivo”, aseguró.
“Cualquiera
que haya experimentado lo que es la Divina Providencia, un Dios que es Padre y
acompaña a sus hijos en cada momento, puede comprender que incluso bajo la
lluvia o el sol abrasador, muchas veces la brisa que nos refresca, las personas
que nos proveen de alimento, las estancias de noches, todo esto fue simplemente
recordar a Jesús en el camino de la cruz cuando encontró a su Santísima Madre,
cuando Verónica le secó el rostro…”, expresó Sor Carmem.
En
el último día de la caminata, las hermanas también superaron las dificultades
al divisar el Santuario de Aparecida. “Fue una experiencia única saber que
estábamos cada vez más cerca de cumplir el deseo que teníamos de caminar como
comunidad hacia el Santuario de Madre Aparecida”, afirmó Sor Cândida.
En
el Santuario, las hermanas de Schoenstatt participaron en la Misa y rezaron
ante la imagen de Nuestra Señora. “Al llegar ante una imagen tan diminuta de la
Madre Aparecida, fue como experimentar que la Madre recibe a sus hijas sin
palabras. Sólo la mirada mutua dice todo lo que un corazón lleno de alegría
puede ofrecer”, afirmó Sor Carmem.
“Allí
pudimos tener un momento tan hermoso de gratitud, de súplica, pidiendo a
Nuestra Señora Aparecida que nos envíe las vocaciones necesarias para cumplir
nuestra misión”, añadió Sor Cândida.
Para
ella, “su corazón rebosante de alegría” al llegar al Santuario le demostró que
“los sacrificios y desafíos” que enfrentó “valieron la pena”. “Personalmente
sólo puedo estar agradecida, porque fue un momento especial, único en mi vida.
Nunca olvidaré eso. Si volviera a hacer esta caminata, definitivamente lo haría
con mucha alegría”, concluyó.
Por Natalia
Zimbrão
Fuente: ACI
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