Los católicos debemos sentirnos contentos porque la Iglesia definió los libros del canon que contiene la Biblia, pero ¿la estudias y la conoces realmente? Si vas a Misa diario, puedes leerla completa...
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| Brenda Rocha - Blossom | Shutterstock |
La Biblia es el
libro religioso por excelencia. Todos los cristianos del mundo la utilizan y es
la base para conocer a Jesucristo, el Señor; sin embargo, a pesar de que la
Iglesia católica designó, con la inspiración del Espíritu Santo, los libros que
pertenecen al Canon, los católicos no suelen leerla, a menos que asistan a un
curso. Aun así, si van a Misa a diario, estarán leyendo la biblia completa
en tres años.
El origen de la
Biblia
Estudiando un
poco la historia de la Iglesia, encontramos que las primeras comunidades
cristianas, evangelizadas por los Apóstoles, guardaron celosamente sus
escritos, que fueron dados a conocer poco a poco; luego se fueron compartiendo
y los Obispos, legítimos sucesores, dieron forma y orden a la lista de libros
inspirados por Dios, determinando el Canon de las Escrituras que conformaron la Biblia
definitiva. Estas decisiones se dieron en el Concilio de Hipona (África) en el
año 393 y la última definición fue en el Concilio de Trento en 1546.
Por eso, la
Iglesia es la única autorizada por Cristo para interpretar las sagradas
Escrituras:
“El oficio de
interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido
confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce
en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la
palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido
confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con
piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único
depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se
ha de creer” (Dei Verbum 10).
La Palabra de
Dios en la liturgia
El que pone
atención en Misa, se da cuenta de que, en la liturgia de la Palabra, que es la
primera parte de la Eucaristía, se da lectura a un libro del Antiguo
testamento, donde la promesa del Mesías al pueblo elegido siempre está
presente; en seguida, alabamos al Señor con el salmo que respondemos con una
antífona; y luego leemos el Nuevo Testamento, si es domingo, en la segunda
lectura y el santo Evangelio. Entre semana no leemos segunda lectura. Además,
el Evangelio cambia de Evangelista acuerdo al ciclo: A, B o C, y de tiempo
litúrgico: ordinario, adviento, cuaresma o pascua.
La liturgia de
la Palabra se enriquece con todas las lecturas bíblicas, las cuales son
una preparación a la liturgia Eucarística, donde el sacerdote convierte
las especies del pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, y participamos de
Él durante la comunión.
La importancia
de leer la Biblia
Ahora bien, la
lectura de la Biblia debe ser parte de nuestra vida, porque se trata de la
Palabra viva de Dios, por lo que la Iglesia recomienda desde el Concilio
Vaticano II «a que aprendan «el sublime conocimiento de Jesucristo», con la
lectura frecuente de las divinas Escrituras. «Porque el desconocimiento de las Escrituras
es desconocimiento de Cristo»» (Dei Verbum 25).
Hagamos caso de
la exhortación de la Iglesia y oremos con la sagrada Biblia para que haga
provecho en nuestras almas.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
