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| Jornada de Cursillos de Cristiandad. Dominio público |
Eva siempre había tenido una vida de
Iglesia «desde esa fe sencilla de mis padres», pero hasta que no hizo su
Cursillo, en el puente de la Inmaculada de 1987, «no había sido tan consciente
del amor de Dios». Así fue como, sabiendo que «Él es el que toma la
iniciativa», empezó a dar su «pequeña respuesta».
El caso de Juan Carlos fue distinto. No venía de una familia cristiana,
«estaba absolutamente alejado» de la Iglesia y «no tenía ningún tipo de
inquietud religiosa». Pero ya era novio de Eva e hicieron juntos el Cursillo.
Él, producto de los 80 en Madrid, joven «de mucha juerga y pocos planteamientos
de vida», podría decir que «salí peor de lo que entré; me sentía engañado y me
parecía que esa gente estaba loca».
Pero el nuevo presidente de Cursillos en
Madrid hizo un salto de confianza. En su novia, un «referente» para él, pero
también de los hermanos de la comunidad, a los que en cierta manera admiraba:
«Yo los veía felices; estaban en el mundo como yo, pero tenían algo que yo no
tenía».
Los dos resaltan la importancia de la
comunidad. «Estamos hechos de pedacitos de otros». Para Eva, «fue clave en los
primeros momentos, porque mantuvo mi esperanza». Ahora sabe que «tú no
puedes solo, pero con otros sí». Juan Carlos empezó un camino de formación
y acompañamiento, este último «clave en la perseverancia; en mi caso, la
comunidad es la que me ha rescatado». Y utiliza en este punto una frase de
Sebastián Gayá, sacerdote, uno de los iniciadores del movimiento de Cursillos
de Cristiandad: «Solo y entre barrancos, embarrancado te veo».
Este es precisamente el «caballo de
batalla» en Cursillos: «¿Acompañamos bien a la gente?». Y abunda: «Salir al
encuentro del otro es renunciar a cosas personales para estar a disposición de
los demás; por ahí tenemos que ir». Un acompañamiento que, añade Eva, «es
de tú a tú». En este mundo de redes sociales, «no tenemos que perder el tú a
tú», y esto en Cursillos «se vive en clave de amistad; ser más amigos entre
nosotros para ser más amigos del Señor».
Eva y Juan Carlos llegan a su nuevo
servicio dentro de Cursillos, que es movimiento diocesano, tras haber vivido
este agosto la experiencia de la JMJ en Lisboa. «Es ver la
importancia de sentirnos parte de la Iglesia universal», algo que se traduce en
Madrid en sentirse parte de la Iglesia diocesana.
Al ser un movimiento eminentemente kerigmático,
de primer anuncio, son conscientes de que «allí donde está un cristiano
–destaca Eva– se posibilita que otros puedan encontrarse con el Señor». Se abre
la puerta a dar esperanzas «a un mundo que muchas veces está de espaldas a
Dios» y se muestra que «con Jesucristo tu vida puede ser otra, más plena,
puedes encontrar el sentido que no tienes». «Esto lo posibilita el que tiene fe
y lo comparte en su ambiente».
«Nosotros –continúa Juan Carlos– tenemos
un método regalado por el Espíritu Santo a la Iglesia a través de cual gran
cantidad de gente se ha encontrado con Jesucristo». Este método es la «presencia
viva y activa en los ambientes, en los que testimoniamos lo que el Señor ha
hecho en nuestra vida». Siempre «desde la cercanía, buscando esa amistad,
ofrecerles lo que ha cambiado nuestra vida, que es el Cursillo». Y sostiene:
«Cursillos es vigente, necesario y un instrumento que tiene la Iglesia para
seguir evangelizando».
En esos tres días que dura el Cursillo,
«Dios te da la posibilidad de vislumbrar cómo puede ser el resto de tu vida».
Como dice Eva de la experiencia de la JMJ, en la que muchas vidas habrán sido
cambiadas, así el Cursillo, y tantos movimientos que la Iglesia propone para la
nueva evangelización, «te hace contemplar que puedo tener una vida nueva». Su
esposo confirma que «rompe con la desesperanza y el individualismo que hay
instalado en la sociedad, que nos está haciendo mucho daño. Y la Iglesia
sigue empeñada en que solos no vamos a ningún lado».
Como nuevos presidentes de Cursillos,
Eva hace suyo el lema de la JMJ (María se levantó y partió sin demora) y
asegura que «esto es lo que estamos llamados a hacer ahora, en la post JMJ:
seguir con ese llamamiento de levantarnos, de ponernos sin demora en el
camino».
Por su parte, Juan Carlos afirma que
«nos hemos puesto a tiro para servir en primera línea, pero junto a otros,
desde esa prioridad de continuar una labor».
Insiste en que «no nos podemos salir del
carril: hay un método, hay una esencia, hay una finalidad, hay un carisma al
que hay que ser fieles y tenemos un instrumento que es inmejorable». El reto
sería «implicar al mayor número de cursillistas que quieran ponerse al servicio
del movimiento para llegar a más gente».
Con cursillos en los que el 50 por
ciento son menores de 35 años, invita también a los jóvenes a comprometerse más
en las estructuras del movimiento. A su vez, «nos faltan sacerdotes»:
«Podríamos celebrar más cursillos y abrir más 'ultreyas' si tuviéramos más
pastores».
En esta nueva etapa, Eva tiene el
convencimiento de que «esto lo quiere Dios de forma concreta como matrimonio».
Asegura que son dos para poner al servicio los dones recibidos, y
los llamados a «dar gratis tanto recibido gratis». Y recoge las palabras del
arzobispo de Madrid, monseñor José Cobo, al acceder a su nuevo ministerio: «Nos
abrimos a un comienzo. Un comienzo que se apoya en comienzos de otros que han
sembrado antes». Lo hacen guiados por el lema de Cursillos en Madrid para este
curso, tomado de la carta de san Pablo a los romanos, Vivimos para el
Señor. «Que allí donde estemos a nivel comunitario seamos testigos de esa
vida en el Señor».
Fuente:
El Debate
