El matrimonio es un regalo que sin la ayuda de Dios puede volverse una empresa bastante imposible de llevar a cabo.
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| Dominio público |
Mientras el mundo dice que puedes
convertirte en tu propio Dios, la Iglesia además invita a los esposos a
imitar el amor y el sacrificio que hizo Jesús por sus hijos. En la
economía de Dios, debemos servir a los demás primero y "estimad a los demás
más importantes que vosotros mismos" (Filipenses 2:3).
A lo largo de las Escrituras se
puede ver cómo la forma en que Jesús amó a la Iglesia y se entregó por ella es
justo el principal ejemplo de matrimonio que debemos seguir. Crecer en
el amor y la gracia mejorará el autocontrol y "el Espíritu Santo
transforma el egoísmo y el orgullo en justicia, emulando la naturaleza de
Jesús" (Gálatas 5:22-23).
Estos son los ocho consejos desde la
fe para intentar conservar tu matrimonio, que recoge el portal Crosswalk:
1. Rezar juntos todas las noches
"Porque donde dos o tres se han
reunido en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).
La oración constituye un vínculo
fundamental en el matrimonio. Ir a dormir encomendando la vida de cada
uno de los esposos, y del propio matrimonio, a Dios es una de las cosas más
eficaces que existen para un cristiano.
La oración genera además una
nueva fuerza de aliento, dirección y sabiduría. Uno puede nombrar a cada
miembro de la familia, desde los hijos hasta los nietos, pero también amigos,
sacerdotes, misioneros... y nunca olvidar perdonar al marido o a la mujer antes
de dormir.
2. Irse a la cama a la misma hora
"Por demás es que os levantéis
de madrugada y vayáis tarde a reposar, que comáis pan de dolores, porque a su
amado dará Dios el sueño" (Salmo 127:2).
La sociedad de hoy vive muy
atareada, no hay tiempo para nada, los esposos apenas se ven para comer y se
acuestan tarde, cada uno por su lado, después de trabajar duro. El momento
de ir a dormir es un momento crucial para la intimidad que hay que fomentar.
Poder contarse cómo ha ido el
día, hablar de los hijos o simplemente dar un poco de tu tiempo al
otro es una de las mejores cosas que se pueden hacer antes de dormir.
3. Sigue siempre el ejemplo de Jesús
"El amor es paciente, es
bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta
con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.
El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo
disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Corintios
13:4-8).
Si cumpliéramos estos cuatro
versículos, los matrimonios, sin duda, prosperarían. La Biblia aconseja a los
esposos que deben aplacar la tiranía de los sentimientos, que
suelen ser volubles y, además, necesitan ser entrenados por la verdad.
A veces es bueno frenar los apetitos
y convertir el egoísmo en servicio a la pareja. Obedecer los
mandamientos y principios de Dios nos permite ser "revestidos del nuevo
hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios
4:24).
4. Sed generosos, incluso cuando no
te apetezca
"Dad y se os dará; una medida
buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros
vestidos" (Lucas 6:38).
Aprender a ser generoso con las
necesidades de tu cónyuge, antes que con las tuyas propias, aumentará
mucho las reservas de tu banco de amor por él o ella. Dios no se deja ganar
en generosidad, procura que tampoco lo haga tu pareja.
5. Deshazte de la ira y perdona
rápidamente
"Soportándoos unos a otros y
perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como
Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros" (Colosenses 3:13).
"Hagan todo sin quejarse ni
discutir, para que sean irreprensibles y puros" (Colosenses 1:14).
"Airaos, pero no pequéis; no se
ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo" (Efesios
4:26).
"Ustedes desean las cosas pero
no las consiguen. Su envidia puede llegar hasta el extremo de matar y
aun así no consiguen lo que quieren. Por eso discuten y pelean. No
consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios" (Santiago 4:1-2).
Evita siempre la ley del silencio,
que es perjudicial y no resolverá nunca el conflicto. Haz todo lo
posible por hablar a su debido tiempo, alejando siempre la ira y el rencor.
No olvides nunca rezar y pedir ayuda a Dios para que logre el verdadero perdón
de corazón.
"Dios resiste a los soberbios,
y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo,
y huirá de vosotros" (Santiago 4:6).
6. Recuerda decir "por
favor", "gracias"... y ser agradecido
"Sea vuestra palabra siempre
con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada
uno" (Colosenses 4:6).
"Por favor" y
"gracias" son dos palabras clave para mantener el respeto y
el aprecio dentro del matrimonio. El azúcar llega mucho más lejos que el
vinagre. Las personas agradecidas son personas alegres.
"Dad gracias en todo, porque
esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús" (1
Tesalonicenses 5:18).
Pero no es suficiente con decir
gracias, más importante es estar agradecido. Un corazón agradecido ayuda
mucho. Estar agradecido permite reconocer más la obra y los dones de
Dios en tu vida. Y a ver a tu pareja como un regalo inmerecido.
7. Procura reírte a menudo
"El corazón alegre es una buena
medicina" (Proverbios 17:22).
La Biblia contiene varios pasajes
que hacen referencia a la alegría; un componente indispensable para
sostener tu matrimonio hasta el final. Ser cómplice de tu pareja, fomentar
momentos distendidos con tus hijos o disfrutar juntos los dones que Dios os da
puede ser una gran solución.
8. No critiques y causes daño
"Hay quien habla sin
tino como golpes de espada, pero la lengua de los sabios
sana" (Proverbios 12:18).
Ser comprensivo en lugar de crítico
en momentos complicados fortalece el vínculo matrimonial. Las críticas
muchas veces surgen del egoísmo, de pensar en uno más que en el bienestar
del otro. Todos somos únicos, con habilidades y dones únicos.
Intentar parecerse a Cristo puede
reemplazar los intentos de querer cambiar al cónyuge. Por ejemplo, una
conversación amable puede abordar temas diferentes sin necesidad de llegar al
conflicto. Nuestras palabras pueden honrar a Cristo o herir como una
espada. Las palabras hieren o curan. Debemos proteger nuestra lengua y morderla
si es necesario.
G. de A.
Fuente: ReL
