«No tengan miedo» fue todo un lema del Pontificado de san Juan Pablo II que su sucesor, el Papa Francisco ha recuperado en esta JMJ. «A ustedes», ha comenzado, «que cultivan sueños grandes pero que se ofuscan por el temor a no verlos cumplidos»
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Los jóvenes han saludado al Papa antes de la Misa de envío. |
El primero fue en
Fátima, ante los enfermos con los que después rezó el Rosario, y tras este, tampoco
le hicieron falta a Francisco los papeles en la ceremonia de acogida, ni en el
Viacrucis, ni en la Vigilia, ni apenas en su homilía de la Misa de envío.
Varios mensajes han sido repetidos en varias ocasiones
durante toda la semana. Además del lema de la JMJ -María se levantó y partió
sin demora (Lucas 1, 39)- otra frase del evangelio ha sonado en varias
ocasiones, tanto en boca del cardenal Omella en la misa de bienvenida a los
peregrinos españoles, como del Papa Francisco: Nadie tiene un amor más grande
que el que da la vida por sus amigos (Juan 15, 13).
El amor de Dios ha
aparecido en varias de las intervenciones del obispo de Roma en la JMJ, pero de
una manera especial en la ceremonia de acogida de los peregrinos en la Colina
del Encuentro. Medio millón de jóvenes le escuchaban entonces al decir: «Somos
amados como somos, sin maquillaje». En ese momento, animó a los jóvenes a
acoger esta realidad y hacerse eco de ella porque «somos
valiosos a sus ojos a pesar de lo que a veces ven tus ojos nublados
por la negatividad».
Al
mismo tiempo, advirtió a los jóvenes sobre quienes dicen conocer sus nombres,
pero «no les llaman por su nombre». «Cuantos logos se esconden detrás de una
sonrisa de falsa bondad, diciendo que saben quien eres pero no te quieren y
luego te dejan solo», denunció. Según Francisco, estas son las ilusiones de lo
virtual. «Hay que estar atento para no dejarse engañar», aconsejó.
No es novedad, pero
el recordatorio no ha estado ahí en todo momento. Francisco no ha parado de
insistir en la Iglesia es para todos. Una de estas ocasiones tuvo lugar ante la
Virgen de Fátima, donde el Pontífice tras rezar
el Rosario con los enfermos, dedicó unas palabras a los presentes: «La
Iglesia no tiene puertas, para que todos puedan entrar».
«Todos, todos,
todos», le respondían los peregrinos a Francisco cuando les decía: «Ninguno
sobra. Eso lo deja claro Jesús cuando manda a los apóstoles a llamar para el
banquete, 'vayan y traigan a todos'».
El Papa Francisco
animó a los jóvenes a caminar con Jesús hacia el calvario en la tarde del
viernes y a compartir con él sus miserias. «Jesús muere en la cruz para nuestra
alma vuelva a sonreír», dijo entonces. Fue antes del Viacrucis cuando interpeló
a los jóvenes al preguntarles: «¿Lloráis de vez en cuando?». «Él llora con
nosotros», continuó.
«Jesús es el camino»
y está también en él para ayudar a cada uno a llevar su cruz. «Jesús espera
colmar con su cercanía nuestra soledad y nuestros miedos», dijo Francisco.
María se levantó y
partió sin demora, dice el lema de la JMJ, cuyas palabras han sido analizadas y
comentadas en varios de los encuentros. Sobre este versó también la
intervención del Papa ante millón y
medio de personas que acudieron al Campo de Gracia a pasar la noche. «María
también tuvo que viajar para ver a su prima», pero ¿por qué lo hizo, si nadie
se lo pidió?, ha preguntado el Santo Padre a los presentes.
«María realizó un
gesto no pedido, no obligatorio, porque María ama, y el que ama, corre, vuela y
se alegra», ha explicado. Y esta alegría «no es para uno, es para llevar al
otro», les dijo. Con estas palabras, instó a los jóvenes peregrinos a compartir
de vuelta a casa todo lo que han vivido, visto y experimentado.
«No tengan miedo»
fue todo un lema del Pontificado de san
Juan Pablo II que su sucesor, el Papa
Francisco ha recuperado en esta JMJ. «A ustedes», ha comenzado, «que
cultivan sueños grandes pero que se ofuscan por el temor a no verlos
cumplidos». A ellos que «quieren cambiar el mundo, que le ponen creatividad a
la vida, pero creen que no es suficiente». A todos los jóvenes, «que son el
presente y el futuro», ha enumerado. «A todos les digo, no tengan miedo», ha
culminado la homilía de la Misa que ha puesto punto y final a la Jornada
Mundial de la Juventud Lisboa 2023.