Está en el mismo lugar donde se encuentran la "cuna de Jesús"
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| Maria Paola Daud |
El Primer pesebre de san Francisco
Fue san Francisco de Asís quien creo el primer pesebre en la
Navidad del 1223 en Greccio, Italia.
Cuando el santo regresó de Tierra Santa sintió el deseo de
celebrar la Nochebuena en esos lugares.
San Francisco, por tanto, encargó a su amigo noble Giovanni Velita
que escogiera una cueva parecida a la de Belén, donde haría construir un
pesebre, y que llevara allí un buey y un asno. Una pareja representaría María y
José.
Según las hagiografías, durante la Misa en la cuna de paja
apareció el mismo Niño Jesús y Francisco lo tomó entre sus brazos.
La verdadera cuna del Niño Jesús
La «Sagrada Cuna», aunque muchos podrían pensar que se encuentra
en Belén, en realidad se encuentra en la actualidad en Roma, en la Basílica de
Santa María la Mayor.
Algunas hipótesis reafirman que las reliquias de la cuna fueran
enviadas por san Sofronio de Jerusalén, al Papa Teodoro I (642-649), de origen
oriental, a consecuencia de las dificultades originadas por la invasión
musulmana.
Es por eso que antiguamente la basílica se llamaba Sancta Maria ad
Praesepe ya que en su interior se construyó el Oratorio del Pesebre, destinado
a albergar las sagradas reliquias que llegaban de Belén: el pesebre (praesepium)
donde fue puesto el niño Jesús y los lienzos en los que fue envuelto al nacer
(puerperio).
Sancta Maria ad Praesepium y la pequeña capilla relativa, donde se
guardaban las reliquias, fueron objeto de gran munificencia por parte de muchos
pontífices medievales, como lo atestigua el Liber Pontificalis.
El Papa Sixto III creó como una ‘gruta de la Natividad’ en la
basílica primitiva que recordaría la de Belén.
Ante la imposibilidad para muchos de visitar Tierra Santa, el
Oratorio del Pesebre, asumió para el Occidente cristiano el papel de Lugar
Santo de la Natividad de Cristo y toda la Basílica de Santa Maria Mayor, fue
elevada al título del ‘Segundo Belén’, como se le suele llamar
tradicionalmente, convirtiéndose en destino de peregrinaje ‘romano’ durante las
fiestas navideñas
En Santa Maria la Mayor tuvo lugar la primera de las funciones
vinculadas a la celebración de la Navidad, la de medianoche.
El primer pesebre inanimado de la historia
Sancta Maria ad Praesepium y la relativa pequeña capilla u
oratorio, donde se guardaban las reliquias, fueron objeto de gran magnificencia
por parte de muchos pontífices medievales, como lo atestigua el Liber
Pontificalis.
El Papa Nicolás IV (1288-1292), fue el primer papa franciscano de
la historia, muy devoto del culto de la Natividad, y fue a sus órdenes que se
completó la restauración de la basílica.
Para darle más protagonismo a las reliquias del pesebre y honrar
al primer pesebre creado por san Francisco, ordenó al escultor toscano Arnolfo
di Cambio de realizar un pesebre de mármol.
Este consta de varios personajes, que debían estar dispuestos
según un criterio de visibilidad, dando la ilusión de figuras redondas, cuando
en realidad están trabajados solo la parte delantera, con la única excepción de
la Virgen y el Niño, que está representada sentada y es tan alta como las
figuras de pie.
Estas figuras de pie representan a San José, dos Reyes Magos
realizados sobre la misma losa con un fondo pintado con espirales.
Luego está un Rey Mago arrodillado, llamado Magio Orante, por su
posición y el grupo de buey y asno (tan solo sus cabezas).
Los tres Reyes Magos de Arnolfo tienen la particularidad que se
diferencian en posturas y gestos y dan la idea de tres edades distintas (un
joven, uno maduro y uno anciano).
El pesebre y su posición hasta hoy
El pesebre ha variado el lugar de posición a través de los años, o
más bien de los siglos, a veces se movió con las mismas reliquias, o como
sucede actualmente es movido singularmente.
Las reliquias del Pesebre se guardaron en la antigua capilla hasta
1585 cuando un nuevo pontífice franciscano, el Papa Sixto V mandó construir a
Domenico Fontana la monumental Capilla de la SS. Sacramento o también llamada
Sixtina.
Domenico Fontana, ideó un ingenioso sistema para trasladar
(entero) el primitivo Oratorio del Pesebre al centro de la Capilla Sixtina,
rebajándolo a una cripta, a la que se puede acceder por escenográficas
escaleras, (actualmente no utilizable porque se considera que no es norma).
Las esculturas del Belén, en su momento consideradas antiguas y
pasadas de moda, se colocaron dentro de un pequeño ‘nicho cuadrado’, colocado
detrás del altar de la Oratorio, y de allí fueron demolidos para su
restauración.
Hoy podemos ver el pequeño oratorio con dos figuras de los
profetas Isaías y Miqueas que anunciaron el Nacimiento de Jesús, y sobre el
oratorio el espléndido Sagrario del Santísimo Sacramento. Pero actualmente allí
no están ni las reliquias, ni el pesebre.
Las reliquias fueron luego trasladadas por Pío IX (1846-1878) bajo
el altar mayor de la Basílica y dado que el pesebre de Arnolfo ya no podía
colocarse en su oratorio, por las peligrosas escaleras, se decidió colocarlo en
el altar de San Girolamo.
La elección no es casual, porque San Jerónimo (347-420) pasó los
últimos 34 años de su vida en Belén y fue enterrado cerca de la Gruta de la
Natividad. Incluso sus restos fueron luego llevados a Roma, en la misma Santa María
la Mayor, para descansar cerca de la reliquia de la cuna de Jesús.
El Pesebre de Arnolfo di Cambio, íntimamente ligado al pesebre de
madera que acogía al Niño Jesús, se vuelve a proponer como objeto de culto, a
partir de la Navidad de 2020, en su iglesia, donde originalmente se celebraba
la misa de medianoche.
Para darle más visibilidad y la importancia que se merece, una de
las representaciones más importante de la historia de nuestra salvación, el 12
de diciembre del 2022 fue inaugurado una nueva disposición del famoso Pesebre
de Arnolfo di Cambio en la nave lateral izquierda de la basílica, y permanecerá
allí hasta el 2 de febrero del 2022.
Fuente:vatican.va, aboutartonline.com
Maria Paola Daud
Fuente: Aleteia
