Dos santos, una fuente y una tradición muy curiosa en España que se celebra el 25 de octubre
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Orbis-Mediaevalis-(CC-BY-SA-4.0) |
En un pueblo de Segovia, España, llamado Caballar, se
tiene una colorida fiesta de la tradición popular que proviene de una antigua
leyenda: «La mojadas de los santos».
Los santos a los que se hace honor en estas fiestas
son los hermanos san Valentín y san
Engracia. A la vez, ellos son hermanos de otro santo muy conocido
del lugar, san Frutos el eremita.
Los santos vivieron a mediados del siglo VIII. La
leyenda cuenta que Frutos murió en paz, poco después de la invasión de los árabes,
donde intervino de alguna manera para convertir algunos mahometanos que se
aproximaron a su entorno. Pero distinta suerte sufrieron su hermano
Valentín y su hermana Engracia, que murieron decapitados por los moros. Les
cortaron la cabeza por no querer renegar de su fe.
Sus cuerpos fueron trasladados a Segovia para
venerarlos junto a su hermano Frutos. Mientras, sus cabezas, extraviadas por un
tiempo, fueron encontradas en una fuente en la localidad de Caballar, en el
manantial conocido, desde entonces, como la Fuente Santa.
Otra leyenda pero ocho siglos después, cuenta que en la comarca
hubo una gran sequía, y las gentes del lugar con grandes ruegos pidieron a los
santos un milagro. Decidieron llevar las cabezas de los santos y «mojarlas» dónde
fueron encontradas, a las pocas horas empezó a caer una lluvia tan copiosa que
arrancaba lágrimas de júbilo a todos los creyentes.
¡Agua para los campos!
A partir de entonces cada vez que hay una sequía no solo en
Caballar, sino también en los pueblos limítrofes como Turégano, Fuentepelayo y
Pedraza, con el permiso del obispo se inicia una serie de rezos con la misa
incluida. Se mojan las cabezas de los santos en la fuente y con el agua se
riega los campos para que llueva y tener una buena cosecha.
Mientras la gente grita: ¡Agua santos benditos! ¡Agua para los
campos!, el sacerdote introduce por tres veces en el agua que
mana de la tierra las cabezas de los santos. Dicen que en el momento que las
cabezas tocan el agua éstas, toman un color rojizo, como de carne humana, y
desprenden un calor muy fuerte. Esto parece tener una explicación científica,
ya que las sales del organismo presentes en los huesos, al contacto con el agua
producen ese color rojizo.
Los cráneos eran introducidos en una cesta de mimbre o en un pañal
blanco dentro del agua para que no caiga ningún fragmento de los huesos. Cuenta
también la tradición que si cae algún trozo al agua (como ocurrió en una
ocasión) no dejaría de llover hasta que no fuera encontrado y sacado del agua.
Hasta ahora se hicieron 33 «mojadas», de las cuáles llovió 29.
Después de una de esas mojadas, llovió incesantemente por días y días, dicen
que fue porque en la fuente había quedado un pequeño trozo de las reliquias de
los santos. Desde entonces, toman las precauciones necesarias para que no
ocurra de nuevo.
María Paola Daud
Fuente: Aleteia