Si Dios quiere
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor.
Que pases un feliz día.
Miré el reloj. Eran las 2 de la mañana. Estaba
en pie, y por fin me sentía un poco mejor después de… ¡¡¡un montón de carreras
al baño!!!
Nadie sabe exactamente lo que ha pasado, pero
el hecho es que una hermana cayó enferma con diarrea, vómitos… y esto ha
parecido un dominó: ¡¡solo unas pocas se han salvado del contagio!!
Y ahí estaba yo, que había resistido todos esos
días sin ningún síntoma, agarrada a la puerta, sin saber si tendría que volver
a echar a correr. En ese momento, lo que se me venía encima no era la salud, ¡¡sino
la agenda!!
Clases, visitas, un fin de semana planeado y
esperado desde hacía tiempo, ¡todo por la borda!
Esta experiencia me ha hecho cambiar mis
hábitos en el correo electrónico. Pues sí, estos días, organizando futuras
visitas o llamadas, he estado muy pendiente de añadir la famosa frase: “si Dios
quiere”.
De pronto he entendido en profundidad esta
expresión. Con ella siento que puedo poner mis ojos en Cristo y recordarme que
Él es lo único firme, lo único seguro. Yo hoy estoy bien pero, ¿cómo estaré
mañana? Todo puede cambiar. Todo… menos su amor.
El Señor, en los salmos, se compara con una
roca firme, un baluarte, un lugar de refugio. Y esto encaja muy bien con su
parábola del hombre que construyó la casa sobre roca… ¿Cuál es nuestra roca
firme?
La roca sobre la que podemos cimentar todo es
el amor de Cristo. Su amor no cambia. Él no se cansa, no se marcha, permanece a
tu lado, vuelve… ¡este es el estilo del Resucitado!
Su amor es una roca firme; es decir, ¡no se
mueve! No podrán moverla ni tus miedos, ni tus dudas… ¡ni siquiera tu pecado!
Cristo ha dicho que te ama y ha sellado esta promesa con su sangre. ¡Nada le
hará cambiar!
“¿Quién nos separará del amor de Cristo?” (Rm
8, 35).
Hoy el reto del amor es poner buenos cimientos
a tu día, ¡¡construir sobre roca!! Te invito a que, antes de comenzar tus
tareas, dediques unos minutos a mirar a un Crucifijo. Deja que el Señor te
recuerde de nuevo que eres infinitamente amado. Que, a lo largo del día, sea
como el estribillo que suene de fondo en tus éxitos o en tus errores: ¡¡el
Señor me ama!! ¡Cristo me llama “amigo”! Nosotros podemos ser débiles,
inestables… ¡¡pero nada cambiará Su amor!! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
11 octubre 2022
Fuente: Dominicas de Lerma
