"Una de las cosas que he aprendido es a no hablar cuando alguien sufre", "debemos pedir la gracia del llanto"
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El Papa Francisco entrevistado con motivo de la Pascua 2022 por el programa "A Su imagen" conducido por Lorena Bianchetti |
En la
entrevista concedida por Francisco a la periodista Lorena Bianchetti, en un
episodio especial del programa "A Su imagen", se abordan varios
temas: el drama de la guerra, no sólo en Ucrania, el papel de las mujeres, la
cuestión de los refugiados, la pandemia, la mundanidad en la Iglesia. Pero
también la importancia del perdón y la esperanza en el camino cristiano. El
Papa envía también sus deseos para la Pascua
El silencio es
el sonido del Viernes Santo, en particular cuando llega una hora precisa, las
tres de la tarde, el momento en que el Hijo de Dios grita su abandono ante el
Padre y muere en la cruz. Y el silencio es también la palabra adecuada para el
momento del dolor humano, el que da cabida a los que lloran. Las tres de la
tarde es la brújula que guía la entrevista titulada "La esperanza bajo el
asedio", emitida en Rai 1 y concedida por el Papa Francisco a la
periodista Lorena Bianchetti, presentadora del programa "A Sua
Immagine". El del silencio es uno de los pasajes más intensos de la
conversación, cuando Francisco confiesa: "Una de las cosas que he
aprendido es a no hablar cuando alguien sufre", "debemos pedir la
gracia del llanto".
A ese momento
de la Pasión del Señor están ligados hoy los caminos dolorosos recorridos por
tantos inocentes. Personas que murieron a causa de la guerra. No sólo Ucrania,
subraya Francisco, está sacudida por la tragedia de un conflicto. En todas
partes resuena el sonido de las armas, "el mundo está en
guerra": Siria, Yemen y el drama de los "rohingya
expulsados, sin patria", "el genocidio de Ruanda de hace 25
años" son algunos de los escenarios bélicos que tiñen de sangre diversas
regiones del planeta. Un mundo, explica el Pontífice, que "ha elegido el
esquema de Caín", de "matar al hermano".
No se dialoga
con el diablo sino con las personas
Con el diablo
"no se dialoga" porque es "el mal absoluto". Pero sí se
habla, dice Francisco, con las personas afectadas por "la enfermedad del
odio". "Todos tenemos algo bueno". Esto, dice el Papa, "es
el sello de Dios en nosotros". Siempre el Señor "busca salvarnos
hasta el final" porque en cada hombre ha sembrado "algo bueno".
Esta siembra también se hizo en Caín, pero el hermano de Abel, recuerda el
Pontífice, fue culpable de una acción que formaba parte de la violencia. Y es
con esta acción "que se hace una guerra".
La guerra es
pluriforme
El diablo,
reitera el Papa, no es un mito sino una realidad: "Yo lo creo". El
demonio "es seductor", presenta "algo de bello en el
pecado" y "lleva a pecar": "Si los pecados fueran feos, si
no tuvieran algo de bello, nadie pecaría". Están, afirma
Francisco, los "que hacen la guerra, los que destruyen la vida de los
demás, los que explotan a las personas en su trabajo". También la
explotación "es una guerra". Esto también destruye, "no sólo los
tanques". El demonio "siempre busca la destrucción" porque el
hombre es "imagen de Dios". Cuando Jesús muere, vuelve al Padre. Pero
"está en cada persona explotada, que sufre las guerras, la destrucción, la
trata". "Cuántas mujeres -subraya el Santo Padre- son esclavas de la
trata en Roma y en las grandes ciudades." "Es obra del mal. Es una
guerra".
Todo hombre
puede sembrar la destrucción
La respuesta
del Papa viene precedida de una frase, citada por la periodista Lorena
Bianchetti, del escritor ruso Fiódor Mijáilovich Dostoyevski: "La batalla
entre Dios y el demonio está en el corazón del hombre". Es allí -subraya
el Santo Padre- donde se juega. Por eso necesitamos esa mansedumbre, esa
humildad de decirle a Dios: soy un pecador, pero tú sálvame, ayúdame".
Porque cada uno de nosotros, explica Francisco, tiene dentro de sí la
posibilidad de hacer lo que hacen los que "destruyen, explotan". El
pecado "es una posibilidad de nuestra debilidad y también de nuestro
orgullo".
Pedir la gracia
de llorar
Una dramática
imagen de la guerra en Ucrania, retomada por los medios de comunicación del
mundo, precede otra reflexión del Papa Francisco. Es la de la carrera
desesperada de un hombre y su mujer hacia un hospital. Corren llevando a su
hijo que ha sido alcanzado por las esquirlas de una bomba. Por desgracia, en
ese caso no fue posible salvar la vida del niño. ¿Qué le nace decirles
-pregunta Lorena Bianchetti- a los padres que pasan por esta angustiosa
experiencia de perder un hijo? "Una de las cosas que he aprendido -afirma
el Papa- es a no hablar cuando alguien sufre". Quienes sufren deben ser
llevados "de la mano, en silencio". Ante el dolor, el Papa indica dos
caminos: el silencio y el llanto. "Debemos pedir la gracia del llanto,
ante nuestras debilidades, ante las debilidades y tragedias del mundo".
La fuerza de
las mujeres
Otra imagen de
la guerra en Ucrania es la premisa de una pregunta sobre el papel de las
mujeres. Es la imagen de una joven ucraniana embarazada llevada en camilla
entre los escombros. Intenta acariciar su vientre con las últimas fuerzas que
le quedan. Lorena Bianchetti dice, recordando aquella dramática escena, que se
acuerda de las mujeres, de la fuerza de las mujeres, de las madres rusas y
ucranianas. La periodista se pregunta entonces qué importancia tiene el papel
activo de las mujeres para construir concretamente la paz. Las mujeres, subraya
el Papa, son "fuertes". "Jesús es el esposo de la Iglesia".
Y "la Iglesia es mujer". Una madre "es capaz de acompañar a los
hijos hasta el final". Como "María y las mujeres al pie de la
cruz". Las mujeres saben lo que significa "preparar la vida" y
lo que es la muerte. "Hablan ese idioma". Después, recordando que la
explotación y la violencia contra las mujeres son "el pan nuestro de cada
día", el Pontífice subraya que "las mujeres son la fuerza". A
los pies de la cruz los discípulos huyen. No huyen, en cambio, las mujeres que
"lo habían seguido durante toda la vida". "Jesús, de camino al Calvario,
se detiene ante un grupo de mujeres". Ellas -señala el Papa- tienen la
capacidad de llorar".
La conductora
del programa de televisión "A Sua immagine" recuerda a continuación
las escenas de los refugiados que huyen de Ucrania a causa de la guerra y
también la respuesta concreta recibida de estas personas en señal de acogida y
solidaridad. Lorena Bianchetti se pregunta: "¿ha derribado los muros de la
indiferencia y los prejuicios contra los que huyen de otras partes del mundo
porque han sido heridos por la guerra, o se sigue dividiendo a los refugiados
en severas categorías?". "Es cierto - responde el Papa- los
refugiados están subdivididos. "De primera clase, de segunda clase" y
por "color de piel". "Somos racistas. Y eso es malo".
Incluso Jesús, recuerda el Pontífice, "fue emigrante y refugiado en Egipto
cuando era niño, para escapar de la muerte".
La guerra es
una monstruosidad
La reflexión
del Papa vuelve entonces al Calvario. En la cruz hay personas azotadas por la
guerra "de los países de África, Oriente Medio, América Latina,
Asia". "Hace algunos años -añade el Santo Padre- dije que estábamos
viviendo la tercera guerra mundial por pedazos. Pero no hemos aprendido".
El Pontífice recuerda, en particular, sus visitas al santuario militar de
Redipuglia y al cementerio de Anzio. "Vi y lloré". Francisco,
recordando también las conmemoraciones en 2019 por el 75 aniversario del
desembarco de Normandía, subraya que "la guerra crece con la vida de
nuestros hijos". "Por eso digo que la guerra -afirma el Papa- es una
monstruosidad. Vayamos a estos cementerios que son precisamente la vida de esta
memoria".
Hemos olvidado
el lenguaje de la paz
El drama de la
guerra sigue presente en una de las preguntas que plantea la periodista Lorena
Bianchetti: ¿por qué los hombres no han aprendido del pasado y siguen
utilizando las armas para resolver sus problemas? Francisco responde explicando
que entiende a "los gobernantes que compran armas". "No los
justifico, pero los entiendo". "Tenemos que defendernos" porque
seguimos el esquema de Caín. Pero se trata de un "esquema demoníaco"
que lleva a "nos matemos unos a otros en aras del poder, en aras de la
seguridad, en aras de muchas cosas". "Si fuera un modelo de paz, esto
no sería necesario". También hay muchas "guerras ocultas",
"lejos de nosotros". El lenguaje de la paz ha sido
"olvidado". Aunque no faltan los esfuerzos por hacer callar las
armas. "Se habla de paz. Las Naciones Unidas han hecho de todo, pero no
han tenido éxito".
Se necesitan
mujeres que hagan sonar la alarma
Hojeando las
páginas del Evangelio, el Papa recuerda entonces que hay una mujer de la que no
se habla mucho. Es la esposa de Pilato. "Le dice a su marido: 'No te metas
con este hombre justo'. Pero Pilato no la escucha, 'cosas de mujeres'".
Esta mujer, señala el Pontífice, "comprendió el drama desde lejos".
"Tal vez era madre, tenía esa intuición de las mujeres", explica.
"El poder es capaz de cambiar la opinión de la gente de domingo a viernes.
El Hosanna del domingo se convierte en el "¡Crucifícalo!" del
viernes. Y este es nuestro pan de cada día. Necesitamos que las mujeres den la
voz de alarma".
Hay tantas
soledades
La periodista
Lorena Bianchetti subraya que "el Viernes Santo es un poco el día de la
soledad". Y la soledad, recuerda, "hace pensar inevitablemente en lo
que cada uno de nosotros sintió durante el periodo más agudo de la
pandemia". Y también al momento extraordinario de oración del 27 de marzo
de 2020. "No sabía -dice el Pontífice- que la plaza iba a estar
vacía". "Fue un mensaje del Señor para entender bien la soledad".
Hay muchas soledades. "La soledad de los ancianos, la soledad de los
jóvenes a los que dejamos solos". Y luego "la sabiduría de los
ancianos, tantas veces descuidada y dejada de lado en una casa de reposo".
Pero también la soledad "de los jóvenes, de los viejos. De quienes tienen
una enfermedad mental en las residencias sanitarias. La soledad de las personas
que atraviesan un tragedia personal", la soledad "de una mujer
golpeada por su marido". Todos experimentan la soledad. "Usted también
debe tener la suya", añade el Papa dirigiéndose a la periodista. Yo tengo
la mía. "Pequeñas soledades, pero es ahí, en esas pequeñas soledades, es
donde podemos entender la soledad de Jesús, la soledad de la cruz."
"Dios ha
sido bueno conmigo"
¿Se ha sentido
alguna vez solo -pregunta Lorena Bianchetti durante la entrevista- en el
desempeño de su ministerio? "No-responde Francisco-, Dios ha sido bueno
conmigo. ¡Siempre, si hay algo malo, pone a alguien para que me ayude! Se hace
presente. Ha sido muy generoso. Tal vez porque Él sabe que no puedo hacerlo
solo".
La Iglesia y el
mal de la mundanidad
Refiriéndose a
algunas heridas que también afectan a la Iglesia, el Papa observa que el
espíritu de mundanidad es lo "lo que más hace mal hoy en día".
"Se alimenta y crece con el dinero". "Cuando cae en el espíritu
mundano, la Iglesia es derrotada". Está bien "usar el dinero para
hacer el bien, para sacar adelante a la familia con el trabajo", para
servir. El Pontífice recuerda también que cada día, por la mañana, dirige una
oración a San Miguel Arcángel. "¡Todos los días! Para que me ayude a
vencer al diablo". "Yo tengo miedo de él, por eso tengo que
defenderme tanto. Al diablo que había hecho todas las maniobras para que Jesús
terminara, como lo hizo, en la cruz".
Olvidamos
llorar
Al plantear
otra pregunta sobre la guerra en Ucrania, la periodista señala que "Kiev
ya no es sólo un lugar geográfico". A los ojos del mundo representa mucho
más. En su corazón, pregunta, "¿qué es? "Un dolor. El dolor-añade el
Papa- es una certeza. Para el dolor físico se puede intervenir, pero para el
dolor moral "no hay anestesias". "Sólo la oración y el
llanto". "Nos hemos olvidado de llorar. Si puedo dar un consejo, a mí
mismo y a la gente, es pedir el don de las lágrimas". El Santo Padre
recuerda también "una hermosa oración": "Señor, tú que hiciste
brotar agua de la roca, haz brotar lágrimas de la roca de mi corazón".
Luego Francisco se pregunta: ¿cuántas personas, ante las imágenes de las
guerras, de cualquier guerra, han sido capaces de llorar? "Algunos lo
hicieron, estoy seguro, pero muchos no".
Deja que Jesús
te hable
En esta jornada
de Viernes Santo, el Papa se dirige también al corazón de cada hombre:
"Ante Jesús Crucificado, deja que tu corazón se conmueva, deja que te
hable con su silencio y con su dolor". Deja que te hable "con las
personas que sufren en el mundo: que sufren el hambre, la guerra, tanta
explotación y todas estas cosas". "Deja que Jesús te hable y, por
favor, no hables tú. Silencio. Que sea Él y pida la gracia de poder
llorar". A continuación, el Pontífice envió un mensaje de fraternidad a
todos sus "hermanos obispos ortodoxos". Hermanos "que están
viviendo esta Pascua con el mismo dolor con el que la vivimos nosotros, yo y
muchos católicos".
Perdonar y pedir
perdón
¿Cómo se hace
para perdonar a todas esas personas que nos hacen daño, que matan a inocentes,
que hacen daño no sólo físico sino también psicológico? El Papa responde a esta
pregunta subrayando que el perdón tiene una raíz divina: "Si no he hecho
ese mal, es porque Él me ha detenido con Su mano, con Su misericordia. Por eso
no puedo condenar a quien viene a pedir perdón. Debo perdonar siempre. Cada uno
puede decirlo a sí mismo".
La esperanza
nunca decepciona
Otro pasaje de
la entrevista se refiere a todas aquellas personas que, también como
consecuencia del Covid, han perdido su empleo. "¿Qué palabras de
esperanzaquiere darles? "La palabra clave que acaba de decir - responde el
Papa- ; es esperanza". "La esperanza es tensión hacia el futuro, hacia
el cielo". "La esperanza es la certeza de que tengo en mi mano la
cuerda de esa ancla lanzada allí. Nos gusta hablar de la fe, tanto, de la
caridad: ¡Mírala! La esperanza es un poco la virtud oculta, la pequeñita, la
pequeñita de la casa. Pero es la más fuerte para nosotros".
Los deseos del
Papa para la Semana Santa
La entrevista
concluye con los deseos del Papa Francisco para la Semana Santa: Mi deseo es no
perder la esperanza, pero la verdadera esperanza -que no defrauda-, es pedir la
gracia de llorar, pero el llanto de la alegría, el llanto del consuelo, el
llanto de la esperanza. Estoy seguro, repito, que debemos llorar más. Nos hemos
olvidado de llorar. Pidamos a Pedro que nos enseñe a llorar como él lo hizo. Y
luego el silencio del Viernes Santo".
Amedeo Lomonaco
- Ciudad del Vaticano
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