La consagración a Dios es para siempre, sin tener en cuenta la salud o la vejez
| DeClausura |
En muchos monasterios como el de Santa Clara de Carrión de los Condes hay monjas muy ancianas que siguen dándonos un precioso testimonio
Cuando una
mujer o un hombre se consagra a Dios, lo hace para siempre. Por este motivo,
las monjas y monjes no se jubilan.
Este es uno de
los testimonios más elocuentes que ofrecen muchos monasterios de clausura, en
los que religiosas o religiosos en edades bíblicas siguen ofreciendo su
servicio humilde a su comunidad y a la sociedad.
En el Monasterio de Santa Clara de Carrión de los Condes (situado
en la provincia española de Palencia), hemos podido encontrar ejemplos de esta
perseverancia, a pesar de los años y de alguna que otra enfermedad, y sobre
todo de amor al prójimo.
Las veteranas
del convento
Sor Dominga
Martín Martín, a sus 88 años, sigue siendo la ropera del convento. Hoy en día
trabaja en el arreglo y cuidado de los hábitos de sus hermanas clarisas.
Lo mismo sucede
con Sor María Isabel Pérez Villasur, que durante décadas estuvo al frente de
las cocinas del convento. Hoy, a sus 83 años y con medio cuerpo paralizado por
un ictus, solicita a su madre abadesa encomendarle cualquier trabajo que pueda
realizar.
Sin ánimo de
desistir, Sor María Isabel acude cada mañana a su cocina y ejerce ahora de
ayudante. Con su mano paralizada sujeta las patatas y, con la otra, las corta.
Sor María
Micaela Velón, la abadesa de esta comunidad de Hermanas Clarisas, la ha
nombrado campanera. Este cargo ha requerido un pequeño cambio en el convento:
habilitar la cuerda para que Sor María Isabel pueda tomarla para llamar a sus
hermanas a la oración con el toque de la campana.
Esta actitud
está totalmente alineada con la regla de San Benito, en la que se puede leer:
“A los hermanos enfermos se les encomendará una clase de trabajo mediante el
cual ni estén ociosos ni el esfuerzo les agote o les haga desistir”. (RSB
48,24)
Al servicio del
mundo
Las doce
hermanas del convento tienen la elevada misión, pese a su aparente sencillez,
de “llevar una vida dedicada al Señor. Una vida de oración para rezar
tanto por nosotras como por todas las personas que están en el mundo”.
“Estamos al
tanto de lo que pasa en el mundo, por ejemplo, ahora estamos rezando mucho por
Ucrania”, añade Sor María Micaela,
Sor Dominga y
Sor María Isabel viven esta misión plenamente, tras haber superado los ochenta
años, como lo hacían cuando eran jovencitas.
Hoy se han
convertido en “testimonials” de la campaña de Cuaresma a favor de los monasterios, que ha
lanzado la Fundación
DeClausura, al ofrecer con su presencia en este vídeo su testimonio al
mundo:
Por Matilde Latorre
Fuente: Aleteia