En el año que termina, según la agencia Fides, 22 sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos murieron de forma violenta en todo el mundo, incluida Europa
| Luke Adeleke, André Sylvestre, Nadia de Munari |
La cifra supera ligeramente a los 20 del año pasado, pero se sitúa por debajo de los 24,6 de media de los últimos diez años. La media es prácticamente la misma, 24,7, si se miran los 20 últimos años, con 494 muertes violentas en total. En este período, el año más violento fue 2018, con 40; el que menos, 2012 con 13. Desde 1990, han sido asesinados 1.131 misioneros (en sentido amplio), incluyendo 248 durante el genocidio de Ruanda.
Fides aclara que su lista no recoge solo misioneros ad gentes, sino todos los casos de católicos comprometidos muertos de manera violenta, aunque no sea expresamente por odio a la fe. Eran personas que «no resaltaban por ninguna obra o compromiso llamativo, sino que sencillamente daba testimonio de su fe en contextos de violencia, desigualdad social, explotación, degradación moral y medioambiental», donde predomina el abuso del fuerte sobre el débil.
Así, la mayoría murieron a manos de criminales que intentaban robarles o que los secuestraron buscando un rescate fácil. Pero también para «acallar sus voces incómodas que instaban a no someterse pasivamente» a un régimen criminal.
Nigeria y México, a la cabeza
Los países más peligrosos para los agentes de pastoral en el año que termina fueron Nigeria (al igual que el año pasado) y México. La muestra más reciente de ello fue el asesinato en Nochebuena del sacerdote nigeriano Luke Adeleke, durante un intento de secuestro mientras regresaba de celebrar la Misa de medianoche.
En su país, inmerso en la violencia de grupos islamistas pero también de bandas armadas de delincuentes dedicados al secuestro, este año también han muerto violentamente los sacerdotes John Gbakaan Yaji (asalto a su coche), Ferdinand Fanen Ngugban (en una incursión de hombres armados) y Alphonsus Bello (secuestro).
En México, el sacerdote Gumersindo Cortés González fue encontrado muerto con signos de violencia al día siguiente de desaparecer. También José Guadalupe Popoca fue hallado en su casa con un tiro en la cabeza. El franciscano Juan Antonio Orozco estaba entre los fallecidos durante un tiroteo entre bandas armadas mientras se disponía a celebrar Misa. Y el catequista y activista indígena tzozil Simón Pedro Pérez López recibió un tiro en la cabeza por un atacante en moto.
De Burkina Faso a Filipinas
En África, fuera de Nigeria, murió violentamente en Burkina Faso Rodrigue Sanon, desaparecido mientras se dirigía a una reunión. Un drogadicto asesinó en Uganda al sacerdote Joshephat Kasambula. El colombiano Manuel Ubaldo Jáuregui murió tras ser agredido después de un accidente de tráfico en Angola. Y en Sudán del Sur, las hermanas del Sagrado Corazón de Jesús Mary Daniel Abut y Regine Roba fueron asesinadas a sangre fría mientras trataban de huir de una emboscada contra el autobús en el que viajaban.
Al otro lado del Atlántico, el religioso de Lasalle Luigi Manganiello fue asesinado después de sorprender a dos ladrones en su escuela de Bartisimeto (Venezuela). Y el haitiano André Sylvestre murió a causa de los disparos recibidos cuando dos jóvenes en moto intentaban robarle al salir del banco.
En Filipinas, el sacerdote Rene Bayang Regalado, implicado en la defensa de los agricultores, murió tiroteado cuando regresaba al seminario de San Juan XXIII en Patpat, provincia de Bukidnon. Y, en Francia, el padre Olivier Maire, superior provincial de la Compañía de María fue asesinado por un ruandés al que acogía en su comunidad.
La punta del iceberg
Con todo, la agencia católica especializada en las misiones reconoce que estos números «son como la punta del iceberg», pues solo incluyen a las víctimas de las que hay información cierta. Hay muchas más «de las que quizá nunca tendremos noticias».
Su informe cita como prueba de ello una lista enviada por la diócesis de Tombura-Yambio, en Sudán del Sur, que incluye a 16 catequistas y agentes de pastoral asesinados en 2021 durante los enfrentamientos armados que sufre la región. También recuerda que los 33 civiles birmanos asesinados por los militares en Myanmar el 24 de diciembre junto a dos trabajadores humanitarios, eran «todos de fe católica».
María Martínez López
Fuente: Alfa y Omega/Agencia Fides