En un encuentro con miembros de una asociación italiana de farmacéuticos, el Pontífice, frente a quienes quieren eliminar la objeción de conciencia, afirma que no es infidelidad, sino al contrario fidelidad a la propia profesión, "si está válidamente motivada"
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El Papa
Francisco recibió a los participantes en el congreso organizado por la Sociedad
Italiana de Farmacia Hospitalaria y de los Servicios Farmacéuticos de las
Autoridades Sanitarias. Con la pandemia, les dijo, ha cambiado y cambiará la
forma de planificar, organizar y gestionar la salud y la asistencia sanitaria.
Al respecto, el Pontífice les indicó tres caminos en los que continuar sus
esfuerzos.
La rutina
diaria y el servicio del farmacéutico
Retomando la
figura del posadero en la parábola del buen samaritano: cuando se le pide al
posadero que acoja al herido y lo cuide hasta que vuelva el samaritano,
Francisco ve los dos “aspectos significativos del trabajo del farmacéutico de
hospital”: la rutina diaria y el servicio oculto. Aspectos que requieren
paciencia, constancia y precisión, añadió, pero tienen poca visibilidad. Por
eso, aconsejó:
“Si van
acompañadas de la oración y el amor, generan la "santidad de la vida
cotidiana". Porque sin la oración y el amor -como bien saben- esta rutina
se vuelve árida. Pero con amor, hecho con amor y con oración te lleva a la
santidad "de al lado": santos anónimos que están en todas partes
porque hacen lo que tienen que hacer bien".
La
profesionalidad
La segunda vía
se refiere a la dimensión específica del farmacéutico de hospital, es decir, su
profesionalidad, su especialización de postgrado. Junto con el clínico, les
recodó Francisco, es el farmacéutico de hospital quien investiga, experimenta,
propone nuevas vías; siempre en contacto inmediato con el paciente. Y agregó:
“Se trata de la
capacidad de comprender la enfermedad y el paciente, de personalizar los
medicamentos y las dosis, y de enfrentarse a veces a las situaciones clínicas
más complejas. De hecho, el farmacéutico puede tener en cuenta los efectos
globales, que son más que la suma de los medicamentos individuales para las
diferentes enfermedades. A veces -según la estructura- hay un encuentro con el
enfermo, otras veces la farmacia del hospital es uno de los departamentos
invisibles que hace que todo funcione, pero la persona siempre es la
destinataria de sus cuidados”.
La ética
La tercera vía
que aconseja el Papa es la dimensión ética de la profesión, en dos aspectos: el
personal y el social.
A nivel
individual, el farmacéutico señaló el Pontífice, utiliza sustancias
medicinales que pueden convertirse en venenos. por tanto, les pidió una
vigilancia constante, para que el objetivo sea siempre la vida del paciente en
su totalidad. Como profesionales de la salud, siempre están al servicio de la
vida humana, y ésto les implica, afirmó el Papa:
"En
algunos casos la objeción de conciencia, que no es deslealtad, sino por el
contrario fidelidad a su profesión, si está válidamente motivada. Hoy está de
moda pensar que tal vez sería una buena idea abolir la objeción de conciencia.
Pero esta es la intimidad ética de todo profesional de la salud, y esto nunca
debe negociarse; es la responsabilidad última de los profesionales de la
salud. También significa denunciar las injusticias cometidas contra la
vida inocente e indefensa. Es un tema muy delicado, que requiere tanto
una gran competencia como una gran rectitud".
Al respecto
Francisco se refiere al tema del aborto en particular: es un asesinato y no es
lícito hacerse cómplice, les aseveró, y es deber de cada uno estar "cerca
de las situaciones, especialmente de las mujeres, para no llegar a pensar en la
solución del aborto, porque en realidad no es la solución".
A nivel de
justicia social: "Las estrategias sanitarias, orientadas a la búsqueda de
la justicia y el bien común, deben ser económica y éticamente
sostenibles". Al respecto, el Papa les confirmó que el país, en
el Servicio Nacional de Salud italiano se concede gran importancia al
acceso universal a la asistencia, pero el farmacéutico -incluso en las
jerarquías de gestión y administración- no es un mero ejecutor, les señaló y
agregó:
"Por lo
tanto, los criterios de gestión y financieros no son el único elemento a tener
en cuenta. La cultura del rechazo no debe afectar a su profesión. Y este es
otro ámbito en el que debemos estar siempre atentos. "Dios, nuestro Padre,
ha dado la tarea de cuidar la tierra no al dinero, sino a nosotros: a los
hombres y a las mujeres. ¡Tenemos esta tarea!"
En
cambio, la humanidad es sacrificada a los "ídolos del beneficio y el
consumo: es la "cultura del despilfarro", incluso, dijo, en los
ancianos: da la mitad de la medicación y acorta la vida... "Es un
desperdicio, sí". Una observación, que el Papa dijo se aplica
no sólo sobre el medio ambiente sino sobre todo a la salud humana y enfatizó
que:
"La
gestión de los recursos y el cuidado de no desperdiciar lo que se confía a las
manos de cada farmacéutico adquiere una importancia no sólo económica sino
también ética. Pensamos en la atención al detalle, la compra y el
almacenamiento de los productos, su uso correcto y su destino a los que lo
necesitan con urgencia. Pensamos en la relación con los distintos operadores
-los celadores, las enfermeras, los médicos y los anestesistas- y con las
estructuras implicadas".
Patricia
Ynestroza-Ciudad del Vaticano
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