En la visita, no dejen de mirar hacia arriba para ver las torres, las vidrieras... y este peculiar ingenio
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| Papamoscas. Catedral de Burgos. Dominio público |
En
el interior de la Catedral hay una curiosidad que todo visitante ha de
encontrar: el
Papamoscas.
Por el nombre uno no sabe muy bien adónde ha de mirar cuando le indican que en
el interior de la Catedral se encuentra este
ser. ¿Será un bobo, un insecto, una planta carnívora…? Es nada más
y nada menos que un autómata y se encuentra a 15 metros de altura, en el primer tramo de la
nave central a mano izquierda según se entra.
Ver
al «Papamoscas» en acción es el reto. Y es que este artilugio da las horas
porque uno
de sus brazos acciona el badajo de la campana del reloj que hay en el interior
de la catedral. Un
toque por cada hora, así que la mejor hora para verlo en funcionamiento son las
doce del mediodía (o de la noche en los pocos casos en que está abierta la
catedral a esas horas).
El
autómata, que está encima del reloj, tiene medio cuerpo y parece salido de un
ventanal del triforio para saludar a los que llegan. Cuando da las horas,
por cada hora abre la boca. Se le llama «papamoscas»: el pájaro -el
cerrojillo, Ficedula
hypoleuca en latín- que captura las moscas que le entran en la
boca.
El
«Papamoscas» lleva
en funcionamiento desde el siglo XVI, aunque la figura que hoy vemos es del
XVIII porque se sustituyó el original.
Un jaquemart con cara burlona
La
figura del jaquemart (así es como se denominaba
originalmente en francés a este artilugio que marca las horas) tiene una cara parecida a
Mefistófeles.
Es entre burlona
y desafiante,
y lleva vestimenta de cortesano, con casaca encarnada, cinturón y cuello,
bocamangas y hombreras de color verde.
Junto
al Papamoscas, podremos ver el Martinillo. Es otro autómata que
está a menor altura y se encarga de hacer sonar los cuartos de
hora con
un timbre más agudo que el del Papamoscas. Cada cuarto de hora se señala con
dos campanadas.
Dolors
Massot
Fuente:
Aleteia
archiburgos.es
