Sin límites
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| Dominicas de Lerma |
-¿Quieres que
te suba la ropa a la celda? -me preguntó, amablemente, sor Agustina.
Las hermanas
roperas habían terminado de doblar la ropa limpia. Mi montón estaba listo, pero
yo no iba a subir todavía... así que acepté su propuesta.
Sin embargo,
nada más que desapareció de la sala de trabajo, me asaltaron las dudas: el
pasillo en que está mi celda es muy estrecho, por lo que no hay mesas ni sillas
ni nada... ¿Dónde rayos dejaría la ropa? “Bueno, a las malas, el suelo está
limpio”, pensé sonriendo...
Al acabar la
mañana, fui a mi celda deseando ver qué había pasado. Mi montón de ropa estaba
justo al lado de mi puerta... perfectamente colocado sobre un taburete de
madera.
¡¡Me encantó!!
¡No solo el detalle, sino hasta el taburete! Así, riendo, en el recreo le
compartí a sor Agustina las dudas que había tenido... ¡y lo mucho que me había
gustado su forma de resolver la situación!
¿Te lo puedes
creer? Dos días después, ese mismo taburete apareció misteriosamente en mi
celda, con una preciosa dedicatoria en que decía que me lo regalaba...
¡¡Cómo me
impresionó este gesto tan generoso!! Y fácilmente pude ver detrás al Señor
pues, su amor, ¡es exactamente así!
Me encanta
contemplar la naturaleza: el Señor pudo haber hecho un tipo de árbol y llenar
con eso la faz de la tierra... ¡¡pero es que hay miles de especies!! ¡Y lo
mismo sucede con los pájaros! ¡Y con los colores! ¡¡Y con los sabores!!
Podía habernos
regalado un entorno más simple, ¡no era necesario este derroche de creatividad!
Pero no, el Padre quiso demostrarnos que su amor es “sobreabundante”.
Y, por si eso
fuese poco, Cristo quiso hacerse igual a ti, ¡sentir lo que sientes, para reír
y llorar a tu lado! Él muere y resucita por ti, para que tengas vida. Pase lo
que pase, se queda contigo. Hasta hacerse uno contigo en la Eucaristía. ¡Se te
entrega del todo, sin límites!
“Dios nos
hubiese dado algo mayor si hubiese tenido algo mayor que a sí mismo” (san Juan
Mª Vianney, cura de Ars).
Hoy el reto del
amor es que te dejes sorprender por el cariño del Señor contigo. Abre los ojos
para descubrirle en las cosas pequeñas: un rayo de luz, tu música favorita...
tantos detalles que te hablan de Su presencia a tu lado, ¡de su amor
incondicional! ¡Disfruta de Él! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
Fuente: Dominicas de Lerma
