La misionera también advierte de que en algunos hospitales “no hay médicos, sólo enfermeras, con medicinas que sólo frenan enfermedades como la malaria y la disentería”.
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Foto: Misioneras Hermanas de la Innmaculada (Mdpime.org). |
Las
Hermanas de la Inmaculada desarrollan su actividad en un contexto que, como declaró a la Agencia Fides la hermana
Colombo, “no es fácil”: “En Kiriwina, si llueve tienes agua, si no llueve
no la tienes como todo el mundo”, explicó. “La electricidad depende de los
paneles solares o del gasóleo que llega por barco y que se vende en tanques en
el interior. Los servicios son sólo básicos y la sensación es que el gobierno no hace lo suficiente para
garantizarlos”. La misionera también advierte de que en algunos hospitales “no
hay médicos, sólo enfermeras, con medicinas que sólo frenan enfermedades como
la malaria y la disentería”.
Anunciar a Cristo potenciando los
aspectos positivos
La
misionera explica que tienen “dos retos” en la evangelización: “Uno es la fragmentación entre las distintas
confesiones cristianas, agravada por el continuo surgimiento de sectas, con
la consiguiente división dentro de las comunidades y de las propias familias.
La otra es la persistencia
de supersticiones ancestrales”. Por ello, explica la hermana, “el anuncio
de Cristo pretende salir al encuentro de los elementos de la cultura
tradicional que no están en consonancia con el Evangelio, potenciando en cambio los aspectos
positivos”.
Además,
sus habitantes enfrentan una serie de dificultades que complican las condiciones de vida y
también su labor social. “Una población que crece de tres a ocho millones en
cuarenta años” o “un 40% de los habitantes menores de quince años”, enumera la
misionera.
Un
gran porcentaje de jóvenes que “luchan por encontrar su lugar en una sociedad muy contradictoria:
rica en recursos de los que se aprovechan las empresas extranjeras; incapaz de
garantizar una educación a la mayoría de sus jóvenes. Las escuelas no son
numerosas y, por lo tanto, son selectivas. Pocos consiguen acceder a los grados
superiores”.
Educación y formación profesional
contra la pobreza
En
este contexto, las hermanas de la Inmaculada también se centran en la educación de la población y la vida apostólica de
su comunidad.
“La
inculturación es un pilar de nuestro trabajo: debemos utilizar el mismo
lenguaje de la gente para que
el anuncio del Evangelio pueda entrar en los corazones y en las
conciencias. Sólo así el mensaje de Jesús puede encontrar aceptación en sus
vidas”, explicó la misionera.
Para
ello, las hermanas dirigen dos
escuelas en la ciudad de Kerema y en la capital Port Moresby. También han
establecido un centro de formación profesional en Watuluma, donde enseñan
labores de carpintería y mecánica a lo largo de tres años- “Los jóvenes son
nuestra prioridad”, explica la hermana Chiara, “queremos formar ciudadanos que
sean capaces de rentabilizar su tierra respetando el ecosistema en el que
viven”.
Fuente: Agencia Fides/ReL