Un día fue a ver a la Virgen de Dolores del Puente y se encontró la puerta cerrada. Una mujer mayor rezaba de rodillas a la entrada
![]() |
| Dª. Dolores del Puente. Dominio público |
Su
padre era portugués; su madre, malagueña, del barrio del Perchel. Ella es devota de esta Virgen
desde niña, como explica a Alba Rosado en La
Opinión de Málaga. «Recuerdo venir a verla cuando
solo era una niña y cuando su capilla no parecía más que una casita», dice. En
1991 se hizo una capilla más grande y moderna.
María tiene 80 años. Como
guardesa, recibe una propina por parte de la cofradía, y algunas más que dan
los fieles que visitan la capilla. Lo hace por devoción y para acercar la Virgen a la gente.
Asegura
que no tiene miedo a posibles gamberros o vándalos. «Yo soy muy buena con todo el mundo pero al que viene con ganas
de molestar, lo mando al río. Si tienes algún problema, te metes
conmigo, pero no con la Virgen», advierte.
De
niña emigró con su familia a Barcelona, donde empezó limpiando una farmacia en
la que dormía. Recuerda emocionada que las farmacéuticas que la acogieron de niña “fueron muy
buenas conmigo”. Después, en Gavá, cerca de Barcelona, conocería a su
marido. Tuvieron seis hijos y los casaron a todos. Él murió hace 20 años.
Unos sueños especiales con la Virgen
Ya
viuda, empezó a tener unos
sueños especiales. María soñaba con la Virgen de los Dolores del Puente, la
Virgen de su infancia en Málaga. Sentía que ella la llamaba de alguna manera.
«Mis
hijos intentaron que no me fuera sola pero yo lo tenía claro. Málaga es mi tierra y sabía
de sobra que aquí no me iban a abandonar. Y así fue, Cáritas me buscó
una casa y empecé de nuevo mi vida aquí».
La extraña anciana y la llave
Un
día fue a ver a la Virgen de Dolores del Puente y se encontró la puerta cerrada. Una mujer mayor rezaba de
rodillas a la entrada. María le preguntó cuándo abrían la reja de la
capilla. La mujer le dijo que fuera a hablar con Jesús Castellanos, en el interior
de la iglesia adyacente. Era el cofundador de la cofradía en los años 80 y uno
de sus principales impulsores.
Castellanos
acompañó a María a la entrada,
intrigado por quién sería esa anciana. «Fuimos los dos a la capilla y no había
nadie, la mujer ya no estaba. Así que Jesús me miró y me dijo que
viniera al siguiente día que íbamos a hablar para darme la llave. Y así fue,
hasta el día de hoy. Me parece una historia muy bonita y me encantaría saber
quién sería aquella señora», explica. Desde hace 18 años, con esa misma llave, cada mañana abre la reja de
la capilla.
Jesús Castellanos ya murió. “Ahora debe
estar vistiendo a la Virgen en el Cielo, estoy segura. Todo el que
pasa por la cofradía es encantador conmigo, como Enrique, el actual hermano
mayor”, explica ella.
No la frena ni la lluvia ni el frío ni
el coronavirus
«Normalmente,
siempre tengo ganas de venir pero tengo que reconocer que cuando está lloviendo o hace frío o me encuentro bajilla
de moral, a veces, me tengo que recordar «¡Vamos, María, a vestirse!» para
levantarme de la cama», cuenta la octogenaria. Por su edad, alguna vez se ha
replanteado dejarlo pero reconoce que al final nunca se atreve.
Hace
un mes que se vacunó
contra el coronavirus. «La gente tiene que ir a vacunarse igual que yo
hice. Aunque ya la tenga, no puedo bajar la guardia porque puedo pillarlo con
menos síntomas. Es un
rollo estar todo el día sola en casa, yo soy muy activa y el confinamiento se
me hizo muy largo sin salir y sin mi familia.
Encerrada
en casa durante el confinamiento veía
documentales de animales: “Me encantan. No quería más noticias ni me gustan los cotilleos, así que
los tigres y leones me hicieron mucha compañía en esa etapa”.
Pablo J. Ginés
Fuente: Cari Filii
