A tu lado
Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Era una tarde
preciosa: soleada, cálida, ¡ideal! Estaba dando un paseo y... no pude evitarlo:
¡me tumbé en el suelo a disfrutarla!
Cerré los ojos
para poder percibir mejor todas las sensaciones: las melodías de los pájaros,
el olor de la hierba, la caricia del sol... Pero, de pronto, el momento
bucólico se congeló.
Sentí que había
alguien junto a mí.
Muy cerca.
Demasiado.
Abrí los ojos
de golpe.
No me caí
porque estaba tumbada, que, si no... En fin, casi me infarto al descubrir, a
menos de dos dedos de mis narices, el hocico de Jubi.
-¡¡Por favor,
Jubi!! ¿No sabes avisar cuando llegas?
Nuestra beagle tenía cara de preocupación, pero, al verme reaccionar, movió alegremente el rabito, como diciendo: “Hace cosas raras, pero está viva”. Y, feliz por sus conclusiones, se marchó saltando campo a través.
-¡¡Hey!! ¡Pero
al menos quédate un rato conmigo!
Como quien oye
llover...
Admito que
acabé sonriendo: ¡solo quería comprobar que yo estaba bien! Es un detalle, sí,
pero nuestro corazón está hecho para mucho más. Lo que en el fondo todos
deseamos es no solo “estar bien”, sino el encuentro, la amistad... la comunión.
Orando esto, me
impresionó un montón darme cuenta de que Jesús va haciendo el bien, pero no
pasa de largo. No busca solo “arreglar un problema”, sino que va más allá. No
solo quiere “hablar” con Zaqueo, quiere ir a comer a su casa, ¡estar con él! No
solo salva una noche desastrosa con la pesca milagrosa, sino que quiere invitar
a Pedro y a sus compañeros a que le sigan, ¡que estén con Él! Incluso cuando
envía a los 10 leprosos con los sacerdotes y les cura cuando iban de camino, lo
que esperaba Jesús era... ¡que volvieran con Él!
Cristo es
hombre, y, como tal, tiene un corazón humano, un corazón que se conmueve, que
se emociona, que siente. Por supuesto que quiere que estés bien, quiere obrar
prodigios en tu favor... pero, lo que más desea, es estar contigo.
Hoy el reto del
amor es estar con Jesús. Te invito a que, en tu oración, recuerdes tres regalos
que te ha hecho en tu vida. Aprovecha para darle las gracias, ¡y descúbrelos
como detalles de Su amor! Todo lo ha hecho para decirte que te ama, que se
preocupa por ti... ¡y que desea enormemente estar contigo! Tanto, ¡que te
espera en cada Sagrario! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
