Nadie se lo podía imaginar
Por fin hemos
acabado de arreglar una nave de la huerta del convento. Tuvimos que vaciarla,
pintar las paredes, poner ventanas nuevas, arreglar las goteras del tejado,
montar estanterías... Cuando todas las monjas han bajado a verlo, la reacción
unánime ha sido: “¡Nadie se podía imaginar que quedaría así!”. Y es verdad: de
ser un trastero, con cosas viejas y llenas de polvo, se ha convertido en un
almacén iluminado, pintado y ordenado. ¡Nadie se lo podía imaginar!
Esto es lo que
vamos a vivir estos días. Nadie se podía imaginar que todo un Dios pasara por
tal sufrimiento, muriera y resucitara para que tú y yo pudiésemos ser felices.
Es inimaginable, nunca lo hubiéramos pensado. Nuestra razón no puede entrar en
el misterio, solo la Fe tiene acceso. Porque es tal locura, que solo el amor es
capaz de entenderlo.
El motivo real
por el que Jesús sufre la pasión y muerte de cruz es por ti y por mí. Él murió
para que nosotros no tengamos que morir; para que, por su muerte, nosotros
tengamos vida. Ahora no podemos decir, ni pensar, que Dios no nos entiende,
porque Él ha pasado por el sufrimiento. Cristo ha vivido y vive lo que tú estás
viviendo, y en Él encontrarás la vida. Pasarás por el sufrimiento y no te
desesperará, pasarás por la muerte y no morirás. En Cristo está vencido todo.
Con su pasión, muerte y Resurrección nos ha ganado la Vida.
A nosotros lo
único que nos pide es que vivamos de Él, que creamos en Él, que confiemos en
Él, que esperemos en Él, que dejemos nuestra vida en Él. Él es el único que nos
puede salvar de la muerte, es el único que nos puede dar vida.
Empezamos la
Semana Santa; podemos vivirla como espectadores que ven una película... o
podemos vivirla como actores implicados en ella. Podemos dejar que pasen los
días o podemos dejar que estos días de gracia entren en nuestra vida y nos
transformen.
Quizás estos
días te hubiera gustado viajar, y Cristo te da la oportunidad de viajar a tu
interior para descubrir la Vida. No dejes que estos días simplemente pasen,
vívelos de la mano de Cristo y deja que Él muera por todo lo que te hace
sufrir, porque la Resurrección es el final del camino.
Hoy el reto del
amor es entrar en una iglesia y pensar en silencio durante cinco minutos: ¿cómo
quiero vivir estos días? ¿Dónde está mi sufrimiento? ¿Necesito un Salvador?
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
