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A menudo recuerdo
aquel sacerdote que me animaba diciéndome: “Santo no es el que nunca cae sino el que
siempre se levanta”.
Dios te ama a pesar de todo lo que haces. ¿Por qué? Porque Dios es amor y es Padre. Te ama con el amor eterno de un padre al que le ilusiona que su hijo pase una maravillosa eternidad a su lado, que no te pierdas por el pecado.
Nuestro Dios
es el Dios de las oportunidades.
Mientras estés vivo,
hasta tu último aliento, Dios te dará la oportunidad de cambiar, arrepentirte y
buscarlo. Basta un simple “Perdóname Señor” en
un momento de peligro, con un arrepentimiento sincero y el propósito de buscar
un sacerdote y la firme intención de la confesión sacramental tan pronto
puedas, para que Dios te mire complacido y te perdone. Es lo que se llama contrición
perfecta.
Mi experiencia es
que Dios se deja encontrar cuando clamamos y lo llamamos y lo buscamos… Las
Sagradas Escrituras están llenas de promesas que Dios siempre cumple.
Esta es una de mis favoritas:
“Cuando me invoquen y vengan a suplicarme, yo
los escucharé; y cuando me busquen me encontrarán, siempre que me imploren con
todo su corazón.» (Jeremías
29)
¿Cómo puede amarme
sabiendo lo que hago?
Me gusta recordar la
experiencia de un amigo que una noche decidió salir a evangelizar a los menos
afortunados en las calles de Panamá. Llevaba unos libros de crecimiento
espiritual y unos chocolates para obsequiar.
Cuando terminaba de
evangelizar, notó una mujer que se ocultaba en un arbusto. Estaba en una
esquina oscura. Se acercó a ella y le obsequió unos libros y algunos chocolates
y le dijo con una sonrisa amable: “Dios te ama”. La
mujer rompió a llorar. “¿Cómo puede amarme, sabiendo lo que
hago?”. Mi amigo le dijo: “Eres una de sus hijas preferidas”.
Ella no dejó de agradecer y despedirlo con un: “Dios te bendiga. Dios te bendiga”.
Hoy
Dios te llama, te pide que seas santo, que vivas para Él. ¿Lo escucharás?
Claudio de Castro
Fuente: Aleteia
