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Este virus no perdona, ha continuado en la homilía, «ni hace diferencia
entre personas, condición social, religión, culturas, razas». Al contrario,
«nos ha unido a todos en la fragilidad. Nos ha recordado a todos nuestra
condición vulnerable», ha subrayado el presidente de la CEE, quien sin embargo
también se ha preguntado «¿por qué tenemos que morir, por qué ahora, por qué
tan pronto?»
En cualquier caso, el cardenal Omella pidió al Señor «el descanso y la paz»
para «nuestro hermano» Juan del Río. «Dejamos en tus manos a sus familiares,
amigos y compañeros, a sus amados sacerdotes, a las Fuerzas Armadas, que lo
tenían como un padre o un hermano mayor».
El purpurado también ha pedido por la archidiócesis castrense de España,
para «que experimente esa paz que tú les diste a los apóstoles». Además, ha
recordado el lema episcopal de monseñor Del Río -¡La obra
de la justicia será la paz!- y aseguró que el arzobispo
«trabajó en esa hermosa labor humanitaria de poner paz y solidaridad en todos
los lugares del mundo y de la sociedad».
Por último, se cantó La muerte no es el final y el nuncio Auza leyó el telegrama de pésame del Papa y el enviado a Francisco por parte de los Reyes, en el que Felipe y Leticia reconocen haber «sentido mucho» el fallecimiento del arzobispo castrense y recuerdan «su gran humanidad, sus profundos valores y su servicio al arzobispado castrense y a las Fuerzas Armadas; así como su cercanía con toda la familia real». Posteriormente, el arzobispo Juan del Río fue sepultado en el presbiterio de la catedral.
Fuente: Alfa y Omega
