![]() |
| Foto cedida por Mª. del Carmen Mañueco |
Parece una Misa, pero no lo es. Los fieles escuchan las lecturas, hay homilía e incluso comulgan, pero detrás del altar no hay un sacerdote, sino un laico o una religiosa.
Los fieles agradecen este servicio de la monja, sin el cual no podrían
recibir al Señor. También porque «al salir siempre me quedo hablando con ellos.
Me cuentan algo de su vida, sus problemas y les animo», subraya. Carmen, por su
parte, agradece al Papa el reciente reconocimiento que ha hecho del oficio de
lectorado y acolitado de las mujeres, algo que ella ya venía haciendo desde
hace tiempo. «Me parece una noticia muy positiva, porque las mujeres tienen un
papel importante en la Iglesia y tenemos mucho que aportar».
Ayuda
para 80 familias
Solo después de escuchar a los parroquianos, la misionera emprende el
camino de vuelta a su comunidad. Allí continúa repartiendo alimentos, pero no
se trata ya del Pan de Vida, sino de pimientos, puerros, leche o espárragos.
«Más allá de estas celebraciones, yo me encargo también de dar charlas de formación
a nuestros grupos de la UNER [Unión Eucarística Reparadora], de atender a la
comunidad latina y del reparto de alimentos a familias vulnerables».
La religiosa, que tiene 77 años –más de 57 de vida consagrada–, lleva haciendo esta tarea «muchos años»,
asegura sin llegar a recordar la fecha exacta, pero «ahora ha aumentado mucho
con el tema de la pandemia». Actualmente, las misioneras están ayudando a 80
familias. Recogen los productos del Banco de Alimentos y los reparten dos veces
por semana.
Entre los beneficiarios «hay muchas personas de otros países y ahora con el coronavirus vienen cada vez más personas de Zaragoza que se han quedado son trabajo», asegura. Y al igual que hace al concluir la asamblea dominical, la religiosa no solo entrega la comida, sino que también «es necesario escuchar. Muchos te cuentan sus inquietudes y tratamos de ayudarlos como podemos».
