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| Rafael Higueras ante la caja con la documentación de la causa, camino de Roma |
El 2 de abril de 1937, pasada la
medianoche, se abrieron los cerrojos de la cárcel de Jaén, en la que estaban
hacinados multitud de presos, muchos de ellos solo por el hecho de ser
católicos. El día anterior, la aviación franquista había bombardeado la ciudad
y las autoridades republicanas querían dar una represalia. Uno de los jefes de
la prisión se situó en el centro de la galería y empezó a pasar lista. A los
que nombraba les ataban las manos con alambre: eran los que iban a morir esa
noche. La mayoría de los presos fueron a la muerte en camisa, no le daban más
tiempo para terminar de vestirse.
Este sacerdote jienense cuyo martirio
emuló años más tarde san Maximiliano Kolbe forma parte de la causa que la diócesis de Jaén ha presentado en la
Congregación para las Causas de los Santos en Roma. Se trata de la causa
numéricamente más abultada de España ya en fase romana: 130 mártires entre los
que hay 109 sacerdotes, una clarisa, un matrimonio, 17 varones seglares y una
viuda.
Entre los sacerdotes hay desde doctorados
en Teología en Roma y humildes curas de pueblo, hasta fundadores de comedores
sociales y de sindicatos agrarios; entre ellos hay tres parejas de hermanos,
todos sacerdotes. Entre los laicos –en su mayoría vinculados a la Adoración
Nocturna o la Acción Católica–, hay un periodista, un farmacéutico o un médico;
hay un padre y un hijo; y hasta un discapacitado psíquico «al que mataron
simplemente porque estaba siempre con los curas», afirma Rafael Higueras,
postulador de la causa. Hay también una viuda muy joven a la que mataron solo
porque su marido tenía un hermano sacerdote: «ser de una familia con un cura ya
te hacía candidato al martirio», asegura Higueras.
Todos ellos murieron por causa de odio a
la fe, casi todos fusilados y muchos con ensañamiento y burlas previas, y todos
«tienen mucho que decirnos hoy. Tenemos que mirar la vida de estos mártires no
para alimentar revanchas o venganzas; eso sería perder el sentido de su
muerte», afirma el postulador de Jaén.
Por el contrario, estos testigos «son
ejemplo para todos, un modelo de vida y de fe. Nos muestran
con su muerte aquello que dice Cristo en el Evangelio: “Nadie tiene
amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Ellos mueren como
Cristo, que es el primer mártir. Su martirio es muy actual, es una lección de
amor que nos llega hasta hoy».
Juan Luis Vázquez
Díaz-Mayordomo
Fuente: Alfa y Omega
