Tras semanas y semanas de duro y
doloroso enfrentamiento, por fin puedo dar la noticia: me he reconciliado...
con el metrónomo.
¡Me traía por la calle de la
amargura! En teoría, es genial tener el aparatito en cuestión marcándote el
ritmo mientras tocas... pero, en la práctica, ¡es cruel y desesperante! Sí,
porque, como te equivoques, ¡no te espera! Sigue con su “tic, tic”, insensible
a lo ahogado que puedas ir tú con la partitura.
Pero, poquito a poco, hemos
conseguido entendernos, ¡y ahora lo he descubierto como una gran ayuda para
medir!
-Está muy bien -me dijo el
profesor en la última clase- Aunque ahora llevas el ritmo muy exacto. Más
adelante, aprenderás a “romperlo”.
-¿Y eso qué es?
-No puedes tocar toda la pieza
igual: hay que acelerar un poco en el momento de tensión, retardar al final
para crear expectación... ¡Rompemos el ritmo para dar alma a la melodía!
¡Cómo me impresionó aquella frase! Porque no sirve solo para la música...
En efecto, nuestra jornada tiene
un ritmo más o menos marcado, ¡necesitamos saber qué es lo que tenemos que
hacer! Y, sin embargo, la forma que tengamos de acoger los imprevistos, la
habilidad para “romper el ritmo”, es lo que dará “alma” a nuestros días.
Jesús es un especialista en este
tema. ¿Recuerdas la multiplicación de los panes? Pues, si lees un poco antes,
descubrirás que, el plan inicial al navegar hacia esa otra orilla era... ¡poder
descansar en solitario! No solo acogió a la gente, sino que no quiso
despedirles en ayunas...
O, cuando iba a ver a la hija de
Jairo, que se estaba muriendo, un asunto de verdadera emergencia, fue capaz de
detenerse a alabar la fe de la hemorroísa (con la más que probable desesperación
de los presentes)...
Jesús no ve “imprevistos”, ni
“obstáculos en el planning”; Cristo ve oportunidades inesperadas para amar. Y,
cuando se trata de poner alma, ¡Él rompe el ritmo con la mayor alegría! Por eso
podemos tener la certeza de que nunca le molestamos, ¡es capaz de dejarlo todo
solo por estar un rato contigo, cuando a ti te viene bien!
Hoy el reto del amor es “poner
alma a tu día”. ¡Pídele a Cristo el don de poder romper tu ritmo por amor! Te
invito a que hoy, cuando se acerque alguien “inesperado” a charlar contigo o a
pedirte un favor, le recibas con una sonrisa. Descubre en ese encuentro una
oportunidad que Cristo te regala... ¡para llenar tu día de una expresividad que
no habías calculado! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
