Este mediodía el Papa Francisco ha
pronunciado su tradicional Mensaje navideño y ha impartido la Bendición “Urbi
et Orbi” (a la ciudad y al mundo) desde el Aula de las Bendiciones y no desde
el Balcón central de la Basílica Vaticana como tradicionalmente han hecho todos
los Papas a lo largo de la historia. Hoy Francisco ha anunciado un mensaje
directo: “Ha nacido un niño” y este Niño, Jesús, ha nacido “para nosotros” pues
es el “hijo” que Dios ha dado a toda la familia humana.
Estamos todos en la misma barca: ¡Cada
persona es mi hermano!
Francisco también ha recordado que en
este momento de la historia, marcado por la crisis ecológica y por los graves
desequilibrios económicos y sociales, agravados por la pandemia del
coronavirus, necesitamos más que nunca la fraternidad: “Una fraternidad basada
en el amor real, capaz de encontrar al otro que es diferente a mí, de
compadecerse de su sufrimiento, de acercarse y de cuidarlo, aunque no sea de mi
familia, de mi etnia, de mi religión; es diferente a mí pero es mi hermano, es
mi hermana”.
Dios nos ofrece esta fraternidad
dándonos a su Hijo Jesús, por ello, el deseo del Papa es que el Niño de Belén
nos ayude “a ser disponibles, generosos y solidarios, especialmente con las
personas más frágiles, los enfermos y todos aquellos que en este momento se
encuentran sin trabajo o en graves dificultades por las consecuencias
económicas de la pandemia, así como con las mujeres que en estos meses de
confinamiento han sufrido violencia doméstica”. “Estamos todos en la misma
barca. Cada persona es mi hermano” ha insistido Francisco.
Primer deseo del Papa: Vacunas para
todos
Francisco recuerda que en Navidad
celebramos la luz de Cristo y hoy en día, en esta época de oscuridad e
incertidumbre a causa de la pandemia, “aparecen varias luces de esperanza, como
los descubrimientos de vacunas”. “Pero – ha asegurado – para que estas luces
iluminen y traigan esperanza a todo el mundo, deben estar disponibles para
todos”. “No podemos dejar que los nacionalismos cerrados nos impidan vivir como
la verdadera familia humana que somos. Tampoco podemos dejar que el virus del
individualismo radical nos supere y nos haga indiferentes al sufrimiento de
otros hermanos y hermanas. No puedo ponerme por delante de los demás, poniendo
las leyes del mercado y las patentes de invención por encima de las leyes del
amor y la salud de la humanidad”. Es por ello que ha pedido a líderes
estatales, empresas e organismos internacionales “que promuevan la cooperación
y no la competencia, y que busquen una solución para todos: vacunas para todos,
especialmente para los más vulnerables y necesitados en todas las regiones del
Planeta”.
Deseo de fraternidad y paz para Oriente
medio y Mediterráneo Oriental
Otro de los deseos del Papa para esta
Navidad 2020 es que este sea el momento propicio “para disolver las tensiones
en todo Oriente Medio y en el Mediterráneo oriental”. Por eso, ha pedido que el
Niño Jesús “cure nuevamente las heridas del amado pueblo de Siria”, que desde
hace ya un decenio está exhausto por la guerra y sus consecuencias, agravadas
aún más por la pandemia, “que lleve consuelo al pueblo iraquí y a todos los que
se han comprometido en el camino de la reconciliación, especialmente a los
yazidíes”, que han sido duramente golpeados en los últimos años de guerra, y
“que porte paz a Libia” y permita que la nueva fase de negociaciones en curso
acabe con todas las formas de hostilidad en el país.
El Papa también ha pedido fraternidad
para la tierra que vio nacer al Niño de Belén: “que los israelíes y los
palestinos puedan recuperar la confianza mutua para buscar una paz justa y
duradera a través del diálogo directo” y que la estrella que iluminó la noche
de Navidad sirva de guía y aliento al pueblo del Líbano “para que, en las
dificultades que enfrenta, con el apoyo de la Comunidad internacional no pierda
la esperanza”.
Y como no, en el día en que la Palabra
de Dios se hace niño, el Pontífice también nos pide dirigir nuestra mirada a
tantos niños que en todo el mundo, especialmente en Siria, Irak y Yemen, están
pagando todavía el alto precio de la guerra: “Que sus rostros conmuevan las
conciencias de las personas de buena voluntad, de modo que se puedan abordar
las causas de los conflictos y se trabaje con valentía para construir un futuro
de paz”.
Deseo de cese al fuego en el Cáucaso
El tercer deseo del Santo Padre es por
el cese al fuego en la región el Cáucaso: “que el Hijo del Altísimo apoye el
compromiso de la comunidad internacional y de los países involucrados de
mantener el cese del fuego en el Alto Karabaj, como también en las regiones
orientales de Ucrania, y a favorecer el diálogo como única vía que conduce a la
paz y a la reconciliación”.
Que terminen los conflictos armados en
África
La
mirada de Francisco en esta Navidad también se dirige hacia África, para la que
pide “que el Divino Niño alivie el sufrimiento de las poblaciones de Burkina
Faso, de Malí y de Níger, laceradas por una grave crisis humanitaria, en cuya
base se encuentran extremismos y conflictos armados, pero también la pandemia y
otros desastres naturales; que haga cesar la violencia en Etiopía, donde, a
causa de los enfrentamientos, muchas personas se ven obligadas a huir; que
consuele a los habitantes de la región de Cabo Delgado, en el norte de
Mozambique, víctimas de la violencia del terrorismo internacional; y aliente a
los responsables de Sudán del Sur, Nigeria y Camerún a que prosigan el camino
de fraternidad y diálogo que han emprendido.”
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