Con el desempleo masivo aún en niveles altos a medida que avanza la pandemia de coronavirus, los católicos pueden mirar a San José Obrero como un intercesor especial porque también él padeció la falta de trabajo, recordaron dos sacerdotes
![]() |
| San José / Crédito: Guido Reni - Dominio Público |
“Tuvieron que empacar todo e irse
a un país extranjero sin nada. Ellos no planearon eso”, dijo el P. Calloway,
autor del libro “Consagración a San José: Las maravillas de nuestro padre
espiritual”.
Unos 20.6 millones de
estadounidenses solicitaron beneficios por desempleo a finales de noviembre,
según recientes informes. Muchos otros trabajan desde casa bajo las
restricciones del coronavirus, mientras que innumerables trabajadores se
enfrentan a lugares de trabajo donde pueden estar en riesgo de contraer la
enfermedad.
El P. Sinclair Oubre, un defensor
laboral, pensó también que la huida a Egipto fue un período de desempleo para
San José, pero además un período que mostró un ejemplo de virtudes.
“Se mantiene concentrado:
permanece abierto, sigue luchando, no se desmorona. Pudo ganarse la vida para
él y su familia. Para aquellos que están desempleados, San José nos da un
modelo de no permitir que las dificultades de la vida aplasten el espíritu,
sino confiar en la providencia de Dios y agregar a esa providencia nuestra
propia actitud y fuerte ética de trabajo”, dijo.
El P. Oubre es moderador pastoral
de la Red Laboral Católica y director del Apostolado de los Mares de la
Diócesis de Beaumont, que sirve a la gente de mar y otros en el trabajo en ese
sector.
El P. Calloway reflexionó que la
mayoría de las personas en la vida son trabajadores, ya sea al aire libre o en
un escritorio.
“Pueden encontrar un modelo en
San José Obrero. No importa cuál sea su trabajo, puede involucrar a Dios y
puede ser beneficioso para usted, su familia y la sociedad en general”,
aseguró.
El P. Oubre dijo que hay mucho
que aprender al reflexionar sobre cómo el trabajo de San José nutrió y protegió
a la Virgen María y a Jesús, y por lo tanto fue una forma de santificación del
mundo.
“Si José no hizo lo que hizo, no
habría forma de que la Virgen María, una soltera embarazada, pudiera haber
sobrevivido en ese entorno”, acotó.
Por otra parte, dijo que “nos
damos cuenta de que el trabajo que hacemos no es solo para este mundo, sino que
podemos trabajar para ayudar a construir el Reino de Dios”. “El trabajo que
hacemos se preocupa por los miembros de nuestra familia y nuestros hijos y
ayuda a construir las generaciones futuras que están allí”, agregó.
El P. Calloway advirtió contra
las “ideologías de lo que debería ser el trabajo”. “Puede convertirse en
esclavitud. Las personas pueden volverse adictas al trabajo. Hay un
malentendido sobre lo que se supone que es el trabajo”, dijo.
San José dio dignidad al trabajo
“porque, como el elegido para ser el padre terrenal de Jesús, le enseñó al Hijo
de Dios a realizar trabajos manuales. Se le encomendó enseñar al hijo de Dios
un oficio, ser carpintero”, explicó el presbítero.
También advirtió que “no estamos
llamados a ser esclavos de un oficio, ni a encontrar nuestro sentido último de
la vida en nuestro trabajo, sino a permitir que nuestro trabajo glorifique a
Dios, edifique la comunidad humana, sea una fuente de alegría para todos”.
“El fruto de su trabajo está
destinado a ser disfrutado por usted mismo y por los demás, pero no a expensas
de dañar a otros o privarlos de un salario justo o trabajar en exceso, o tener
condiciones de trabajo que van más allá de la dignidad humana”, continuó.
El P. Oubre encontró una lección
similar, diciendo que “nuestro trabajo está siempre al servicio de nuestra
familia, nuestra comunidad, nuestra sociedad, del mundo mismo”.
Traducido y adaptado por Diego
López Marina. Publicado originalmente en CNA.
Fuente: ACI Prensa
