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| Dominio público |
Sus
padres, católicos maronitas, le habían enseñado desde niño a rezar a la Virgen.
Y así lo hizo hasta el borde de la muerte, tanto que relata a Famille Chretienne que
“pensaron que estaba muerto y
me llevaron a la morgue”. Fue un primo suyo que recorrió todos los
hospitales buscándole el que detectó un pequeño movimiento en su cuerpo y
convenció a los médicos en medio del caos de que estaba vivo.
Hassoun se
despertó ya en el hospital. Tenía los ojos tapados, vendas por todo el cuerpo
así como cientos de puntos de sutura. “Cuando me desperté en mi cama del hospital no podía ver nada. Estaba
rodeado de todos mis familiares que lamentaban mi suerte”, recuerda.
Pasaron
unas semanas antes de que fuera consciente que el problema en sus ojos era muy
grave y que necesitaría cirugía. El
esperaba un milagro para recuperar la vista, aunque el verdadero milagro era
que estuviera vivo, algo que tardó más tiempo en comprender.
Tras
varios intentos, e incluso en el extranjero, Fouad asegura que otra bomba le
estalló en la cara. Se
confirmó que nunca más volvería a ver. Apenas había llegado a la
mayoría de edad y se había quedado ciego esfumándose así su sueño de ser médico
oftalmólogo.
“Estaba ciego,
esto fue un gran impacto. Me
preguntaba por qué el Señor permitía esto”, relata este católico libanés.
Entonces
apareció en él algo que le acompañaría durante un tiempo. Recuerda que “un tremendo sentimiento de ira y
odio me invadió. Una nueva bomba acaba de explotar de nuevo. Quería
vengarme y matar al que había puesto la bomba”
Fouad
Hassoun se acabaría mudando a Francia, donde conoció a Laetitia, su futura
esposa y madre de sus cuatro años. Junto
a ella y con la ayuda de nuevo de la Virgen comenzó un nuevo proceso de
curación, pero esta vez no eran sus ojos sino su corazón lo que debía
sanarse del odio que acumulaba.
“Una vez más fue María la que vino
en mi ayuda e hizo que cayeran las escamas de mis ojos”, afirma este católico.
Y el punto de inflexión se produjo cuando se enteró de que el autor de aquel
atentado había sido detenido. En ese momento, el Señor intervino y un pasaje
del Evangelio de San Juan se repetía una y otra vez en su interior: “¿Me amas? Sí, Señor, sí te amo”.
Finalmente,
este proceso vivió el paso definitivo en 1988, durante un retiro en la Abadía
de Notre Dame des Neiges. “Tras intensas súplicas –explica Fouad- sentí que
este ‘sí, quiero perdonar’ surgió en mí. Este camino se me abrió. Y día tras día vi crecer en mí este
perdón. El conflicto ya no formaba parte de mi vida sino que estaba
comenzando a construir una vida en paz”.
Desde
ese momento, el perdón no le ha abandonado nunca, sino que lo guio “hacia la
locura del amor”. “El
Señor me llamó a lo más grande, a amar al que más daño me había hecho y al que
me había arrancado los ojos”. Este católico pudo perdonar e incluso ha
llegado a amar al terrorista, rezando todos los días por él. Y esto –asegura-
le ha transformado el corazón.
Hace algún
tiempo Fouad Hassoun también ofrecía en La Vie desde
su propia experiencia cinco pequeños consejos para perdonar:
1.
No esperes nada a cambio
El
perdón es un “regalo total", tal y como se extrae de su origen. El perdón
debe darse libremente. La
imagen del hijo pródigo en los brazos de su padre es importante para comprender
su esencia. Se da sin condiciones, es la fiesta. Debe proporcionarnos
esta felicidad absoluta. No se entrega en el enfrentamiento: “Doy un paso si tú
también das”. El perdón no es una moneda de cambio, es una dinámica para lograr
la paz. El perdón es gratis, pero vale mucho.
2.
Perdona todos los días
El perdón se aplica a las cosas
grandes y pequeñas. No esperes a perdonar a alguien que te
arranque los ojos o te atropelle. Incluso en la vida cotidiana, el perdón no es
un acto trivial. Puede ser diario, administrarse varias veces al día, nunca es
inofensivo. Es algo muy importante, nos lo mostró Cristo durante su Pasión:
“Padre, perdónalos, no saben lo que hacen".
3.
Cambia tu mirada hacia el otro
Recuerda
la mirada de Jesús hacia el joven rico: “Él lo miró y lo amó”. Para estar listo
para perdonar debes preguntarte por qué el otro hizo lo que hizo. El mal sigue siendo malvado, pero
el perdón nos aleja de la indiferencia, nos hace preocuparnos por los
demás. El perdón sin respeto es condescendencia. El perdón con respeto es
justicia.
4.
Cree en ti mismo
El perdón no es solo un requisito
cristiano, está en la naturaleza del hombre, como la risa y las lágrimas.
Cualquiera puede hacerlo, solo tienes que creerlo.
5.
Expresa tu perdón
Está la voluntad de perdonar y está
el acto. Ambos son buenos, pero no puedes ceñirte a la fuerza de voluntad.
Tienes que ir al otro lado. Cada uno lo expresa como lo siente, con una
palabra, con una mirada. A veces, incluso la situación exige que se exprese en
silencio. Pero el perdón debe expresarse y, si es posible, debe expresarse a la
persona involucrada.
Javier Lozano
Fuente: ReL
