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| C. S. Lewis. Dominio público |
En
una carta personal explicó que él no enviaba postales y que no hacía regalos, excepto a niños.
Añadía
que en estas fiestas fatigosas, cuando llegaba el 25 de diciembre, las familias
ya no tenían fuerza ni humor para celebrar con cordialidad sino que
"parece más bien como si sufrieran una larga enfermedad en la casa".
¿Qué diría de las Navidad aún más consumistas del siglo XXI, y del caso
concreto de las españolas, que debido a la fiesta de los Reyes Magos duran
socialmente una semana más que las anglosajonas?
Sin
embargo, la Navidad sí le
inspiraba profundamente a nivel espiritual. Escribió al menos dos
poemas sobre Navidad: "La Natividad" y "El cambio de la marea". Repetía que el
nacimiento de Jesús fue "el evento central de la historia en la
Tierra" y que la Encarnación, que Dios se hiciera niño, tomando la
debilidad de la carne humana, era "el Gran Milagro". Y trató de
expresarlo en varios de sus libros, tanto en el ciclo de cuentos de Narnia como
en sus reflexiones teológicas. Lo mostramos aquí con una selección de 10
frases.
1. "Una vez en nuestro mundo, un establo tuvo algo dentro que era
más grande que todo nuestro mundo"
Lo
leemos en "La Última Batalla", el libro final de las Crónicas de
Narnia, cuando lo que parecen luchas entre facciones desembocan en un final
cósmico. Cae el escenario del mundo, y se revela la grandeza de su Autor,
escondido bajo lo humilde.
2. “El Hijo de Dios se hizo hombre para permitir a los hombres llegar a
ser hijos de Dios"
Lo
escribe así en su libro clásico de presentación de la creencia cristiana, "Mero cristianismo", que nació
como unas charlas radiofónicas durante la Segunda Guerra Mundial. En realidad
es un eco de lo que dicen los teólogos clásicos, incluso en el Catecismo de la
Iglesia Católica en el párrafo 460. "Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios",
decía San Atanasio de Alejandría en De Incarnatione, 54. "El Hijo Unigénito de Dios,
queriendo hacernos partícipes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre,
hiciera dioses a los hombres", proclamaba Santo Tomás de Aquino,
como se lee en la festividad del Corpus.
3. "En la historia cristiana, Dios desciende para re-ascender. Él
baja. De las alturas del Ser Absoluto, baja al tiempo y al espacio, abajo, con
la humanidad”
Lo
escribió en “Los
milagros”, libro de 1947, revisado en 1960. En él criticaba
los dogmas del naturalismo (la doctrina que pontifica que sólo existe lo que se
rige por las leyes de la naturaleza, materia y energía). La Encarnación era
para él la entrada del Autor del mundo, desde fuera del mundo, hacia dentro del
mundo.
4. "El Ser Eterno, que todo lo sabe y que creó el universo entero,
se hizo no sólo un hombre sino, antes, un bebé, y antes de eso, un feto dentro
del cuerpo de una mujer... Si quieres reflexionar sobre ello, piensa si te
gustaría convertirte en una babosa o un cangrejo".
Es
otra de sus reflexiones en "Mero
cristianismo", libro dirigido a personas que no han pensado
mucho antes en la fe. Recuerda que la Encarnación implica un abajamiento en
dignidad. En otras obras como "Cartas del diablo a su sobrino" recuerda que
podría ser que los demonios, seres de puro espíritu e intelecto, se hubieran
rebelado contra Dios precisamente por desprecio a la carne y la materia, y a la
idea de que Dios mismo se encarnara, o de que creara a los hombres, espíritus
encarnados.
5. "Dios podría, si así lo hubiera querido, haberse encarnado en un
hombre de nervios de acero, el tipo de estoico que no deja que se le escape ni
un suspiro. En su gran humildad, Él escogió encarnarse en un hombre de
sensibilidad delicada, que sollozó en la tumba de Lázaro y sudó sangre en
Getsemaní"
Esta
frase la usó en una carta de su correspondencia personal, insistiendo en la
necesidad de aceptar la plena humanidad de Cristo, también con sensibilidad y
sentimientos.
6. "Algunos dibujos de Papá Noel en nuestro mundo le hacen parecer
sólo alegre y risueño. Pero ahora que los niños se paraban a mirarlo en la realidad,
no lo veían así. Era tan grande, y tan alegre y tan real, que todos se quedaron
bastante quietos. Sentían alegría, pero también solemnidad".
Así
es como ven los niños Pevensie a Papá Noel en medio de sus aventuras invernales
en Narnia, donde una bruja malvada ha cubierto de nieve y ventiscas la tierra. "Siempre es invierno, pero nunca
Navidad", dicen, contundentes, los narnianos que sufren su tiranía.
Pero con la aparición de Papá Noel, todo cambia. Como el León Áslan, como el
río, como el mar, como Júpiter, hay en él algo a la vez solemne y jovial. Hay
alegría en el Niño Dios, pero también reconocimiento de su realeza y poderío.
7. "Mi hermano escuchó a una mujer en el autobús decir, cuando el
bus pasaba junto a una iglesia con un pesebre fuera: 'quieren meter la religión
en todo, fíjese, ahora ¡incluso en la Navidad!'"
Lewis
escribió esto en una carta personal en los años 50 o 60; ¿qué habría escuchado
en nuestros días? En una encuesta inglesa de 2012, nueve de cada
diez encuestados sabían que María puso a Jesús en un pesebre, pero sólo uno de
cada diez sabía que los Reyes Magos viajaron desde Oriente siguiendo una
estrella hasta Jerusalén (en Inglaterra saben poco de los Reyes Magos).
8. "Y entonces gritó: '¡Feliz Navidad, larga vida al verdadero Rey!' Y él y
el reno desaparecieron de la vista antes de que nadie se diera cuenta"
Este grito de Papá Noel en el primer libro de Narnia es hoy tan subversivo como la rebelión de los niños Pevensie y los narnianos contra la tiranía de la Bruja Blanca. Celebrar la Navidad implica celebrar también la realeza del Niño. Al reconocer a nuestro verdadero Señor, podemos alzarnos y desafiar a los falsos señores y tiranuelos que nos intentan oprimir, adormecer y esclavizar.
En la
película la alusión es mucho más débil: "Larga vida a Áslan, y feliz
Navidad"; Áslan es el verdadero rey de Narnia. Pero la película no se atreve a decir, como Papá Noel en el
libro: "larga vida al verdadero Rey"
9. "Fue hermoso en dos o tres noches seguidas en los Días Santos
ver a Venus y Iove (Júpiter), brillando el uno al otro, con la Luna justo entre
ellos: Majestad y Amor enlazados por la Virginidad, ¿qué podría ser más
apropiado?"
Este
párrafo de una carta personal refleja su interés por la simbología literaria de
los planetas, que toma de la tradición medieval que él estudiaba y que usó en
su Trilogía de Ransom o Trilogía del Espacio, pero también, más sutil, en
Narnia, como estudió Michael Ward, antiguo clérigo anglicano,
hoy católico.
En
2020 hemos visto en Navidad otra conjunción: Saturno (símbolo de destrucción y
cambio) y Júpiter (símbolo de realeza) juntos como si fueran
una sola gran estrella. Hay varias teorías sobre qué fue "la estrella de
Belén", pero la Iglesia tiene claro que en el Niño Jesús se encuentra la
Divinidad del Cielo con la fragilidad de la carne humana y terrenal.
10. "Encontramos en nuestro Libro [anglicano] de Oración que el
Salmo 110 es uno de los designados para el Día de Navidad. Quizá al principio
esto nos sorprenda. No hay nada en él sobre paz y buena voluntad, nada que
remotamente nos sugiera al establo de Belén... La noticia no es 'paz y buena
voluntad' sino: "cuidado, ¡ya viene!"
Lewis
escribió esto en sus “Reflexiones sobre los salmos". Efectivamente, es un
salmo que probablemente inquietó al cruel rey Herodes el Grande, siempre
buscando conspiradores contra él ("quebrantará a los reyes en el día de su
ira"):
El
Señor dijo a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
El Señor enviará desde Sion la vara de tu poder;
Domina en medio de tus enemigos.
Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder,
En la hermosura de la santidad.
Desde el seno de la aurora
Tienes tú el rocío de tu juventud.
Juró el Señor y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec.
El Señor está a tu diestra;
Quebrantará a los reyes en el día de su ira.
Cuando
se reza con el Salmo, salen sus significados navideños. "Tu pueblo se te ofrecerá
voluntariamente en el día de tu poder" se prefigura,
paradójicamente, en los
pastores que llevan sus regalos al Niño.
"La hermosura de la
santidad", "el seno de la aurora", "el rocío de tu
juventud", apuntan al Niño, su hermosura infantil que promete un amanecer de
bien y belleza.
Como
sucede a menudo en Lewis y también en Chesterton y Tolkien, lo aparentemente pequeño y débil es en realidad fuerte y
transformador. Ésa es, una y otra vez, una de las enseñanzas perennes
de la Navidad, una temporada que inspiró a con fuerza a los tres grandes escritores.
(La selección de los textos de
Lewis parte de una selección previa de Jennifer Graham y Lois M. Collins en Deseret News)
