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| La tapa del sepulcro en la actual
catedral segoviana dio pie a la confusión sobre la
edad del infante durante siglos.
Foto: Catedral de Segovia |
Enrique
había pasado casi toda su vida enredado en guerras de sucesión con sus hermanos
por el trono de su padre, Alfonso I. En sus campañas militares, se aseguraba la
protección de su familia reuniéndolos en el alcázar de Segovia. Fue allí, donde
unos meses después de ser coronado rey, el 22 de julio de 1366, su hijo Pedro
cayó al vacío desde una de las ventanas de la fortaleza.
El niño no
era el único de los hijos de Enrique II de Castilla, y tampoco era hijo
legítimo, pues se desconoce la identidad de su madre, pero el monarca debía de
tener por él un afecto especial. El rey «expidió un privilegio póstumo para que
se honrara a su hijo en la catedral de Segovia, con un sepulcro dentro del
templo y además en el coro, un lugar bastante destacado, con guardia perenne
ante su sepulcro y velas ardiendo continuamente», explica Adolfo Rubio,
responsable de comunicación de la catedral.
Hasta ahora
se pensaba que el infante don Pedro Enríquez de Castilla tenía cerca de 10 años
cuando murió, pero una reciente investigación ha
dado a conocer que se trataba de un niño de entre 6 meses y 1 año y medio de
edad. La confusión que ha rodeado durante siglos la edad de infante don Pedro
«puede deberse a que la tapa del sepulcro actual donde descansan sus restos, en
la catedral de Segovia,
muestra una figura de un niño de la época», afirma Rubio.
Rubio explica
que la antigua catedral quedó bastante dañada durante la guerra de los
comuneros, y por eso el rey Carlos I decidió erigir una nueva catedral alejada
del alcázar. «Con las obras ya bastante avanzadas se decidió el traslado de
restos de personajes ilustres, entre ellos los del infante don Pedro. El 25 de
agosto de 1558 fueron trasladados acompañados de un cortejo, y sepultados en un
sepulcro realizado para la ocasión», con la figura de un niño de unos 10 años
de edad.
Desde
entonces, los segovianos siempre han creído que uno de sus personajes más
queridos era un niño ya crecido, una confusión que se ha resuelto gracias a
unos trabajos de restauración que se iniciaron el año pasado. «Hubo que renovar
la sala y para hacerlo fue necesario abrir la tapa del sepulcro», afirma Adolfo
Rubio.
Al asomarse
a su interior después de casi cinco siglos, se pudo descubrir un cofre de color
rojo, con tres sayas y largo un fragmento de tela en donde se guardaban varios
huesos del infante.
Después de
la investigación genética y antropológica que se les han realizado en Granada,
los huesos fueron llevados de vuelta a Segovia para su inhumación el 20 de
diciembre del 2019 en el mismo sepulcro donde se hallaron, dentro del cofre
rojo, donde aguardan la resurrección de
los muertos.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Fuente: Alfa y Omega
