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La leyenda dice que Frutos nació
en el seno de una familia rica, que tenía dos hermanos, Engracia y Valentín, y
que sus padres tenían profundas convicciones cristianas que supieron inculcar a
sus hijos.
Los padres murieron dejando
una gran herencia a los tres jóvenes. Tantos bienes provocaron
vicios, maldades, desenfrenos y envidias en su entorno.
Sus hermanos inmediatamente
secundaron su idea y encontraron otras dos ermitas separadas para poder estar
en soledad y dedicar el tiempo de su vida de modo definitivo al trato con Dios.
Se dice que los animales feroces
obedecían a san Frutos como si fueran seres razonables.
En la Vidas de los santos de
A. Butler, el jesuita Herbert Thurston dice que Frutos murió en paz sobre su
observatorio de eternidad hacia el año 715, poco después de la invasión de los
árabes.
Intervino de alguna manera para
convertir a algunos mahometanos que se aproximaron a su entorno y defendió a
grupos de cristianos que huían de los guerreros invasores.
En cambio, su hermano y su
hermana perdieron la vida a manos de los invasores. Frutos fue sepultado en un
pequeño santuario al que inmediatamente comenzaron a acudir los fieles
cristianos de los alrededores.
Alfonso VI de Castilla cedió
aquella capilla con sus terrenos a Fortunio, abad de Silos, en la diócesis de
Burgos, en el año de 1076 y, en el curso de los veinte años siguientes se
edificó en el lugar una nueva iglesia, consagrada el año 1100, y que aún
existe.
Patronazgo
San Frutos es patrono de la
diócesis de Segovia.
Lugares de culto
Los restos mortales de los tres
hermanos fueron trasladados en el siglo XI a la antigua catedral de Segovia.
Con el tiempo no se supo más de las reliquias hasta que el obispo de Segovia
Juan Arias Dávila, en el siglo XV, ordenó su búsqueda teniendo en cuenta la
tradición que aseguraba que estaban enterrados allí en alguna parte del templo.
En la actualidad las reliquias se
encuentran en la localidad de Caballar, donde se celebra la festividad de «Las
Mojadas».
Oración
Esta oración surge a partir de un
milagro realizado por san Frutos: cuando los musulmanes llegaron hasta las
Hoces del Duratón, y las poblaciones cercanas utilizaron los salientes de las
rocas para refugiarse.
Al llegar los sarracenos al
lugar, y siguiendo la tradición el santo, hizo antes que llegasen una raya en
el suelo mandándoles que no pasasen de allí: porque les quería mostrar por
bastantes razones, la ceguedad grande y error de su ley en que vivían. Y al
punto que hizo la raya con el báculo que llevaba, se abrió la tierra, y se
hendió la peña, y se hizo tan grande abertura, que no pudieron pasar adelante;
mostrando nuestro Señor por este milagro, ser verdad lo que el Santo les
predicaba. Ante la situación los moros estupefactos al ver tamaño portento,
huyeron, dejando en paz a Frutos y a su compañía. Esta resquebrajadura del
terreno se conoce en la actualidad como la cuchillada de san Frutos.
Queridísimo San Frutos:
danos agua, por favor,
tú que estás en la avenida
del gran río Duratón.
Los embalses amenguaron.
El cielo no se cayó.
Quedamos a tus órdenes.
Ruega a Dios por nos
ahora y en la hora
de nuestra defunción.
Amén.
María Paola Daud
Fuente: Aleteia
