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| Shutterstock | dindumphoto |
1. Hacer frente
al cansancio del día a día.
2. Ralentizar el
envejecimiento de la piel.
3. Curar las
cicatrices.
4. Absorber el
hierro.
5. Fortalecer el
sistema inmunológico.
6. Facilitar con
el zumo la ingesta de cinco piezas de fruta diaria para aquellos a los que no
les gusta demasiado.
7. Demostrar
amor. Nadie duda que preparar a otro un vaso de su zumo recién exprimido por la
mañana es una muestra de amor.
Espero haberte convencido de los
beneficios del zumo de naranja. Pero ahora viene lo importante, de lo que
realmente te quiero convencerte. Quiero hacer una campaña publicitaria de “la
fruta de temporada” que recomienda la Iglesia para cuidarnos mejor, para amar
más a míos, a los tuyos. Se trata de otra fruta, otra “no casualidad”. Y es que
el otoño arranca con un mes de octubre dedicado al Santo
Rosario. ¿No te parece excelente que la Iglesia nos proponga
rezar esta oración justo cuando todo arranca, cuando terminan las vacaciones de
verano y toca afrontar el curso? A mí no me puede venir mejor.
Una mañana, mientras exprimía el zumo
para todos los de mi casa, pensaba que los beneficios del zumo y los del Santo
Rosario son muy parecidos, con la salvedad de que los del Rosario duran toda la
eternidad, y los de “las reinas de la temporada” tienen una duración muy breve
y no acumulativa.
Pero concentrémonos en lo parecidos
razonables:
1. Si rezas el
Rosario, parecerá que todo sigue igual, pero algo dentro de ti habrá cambiado y
te dará fuerzas para hacer frente al cansancio del día a día.
2. Quien reza el
Rosario adquiere una juventud que restaura las ilusiones y previene así el
envejecimiento.
3. El Rosario es
una loción que te asegura alisar las heridas que dañaron las paredes del alma.
4. Si el zumo de
naranja te ayuda a absorber el hierro, el Santo Rosario te ayudará a absorber
lo más necesario de esta vida: la fe.
5. Si el zumo
refuerza el sistema inmunológico haciéndonos más fuertes contra el enemigo,
imaginaros lo que puede hacer esta arma de conversión masiva que es el Santo
Rosario.
6. Con el zumo se
hace fácil lo difícil para los que no les gusta la fruta. El Santo Rosario
deshace cualquier nudo de esta vida con su estilo, el de Ella: suave y sin dar
tirones.
7. ¡Y qué decir del
amor! Es una oración de amor a María de Nazaret que se nos paga con creces,
porque así es Ella. Ni una sola avemaría será olvidada en toda la eternidad.
Después de todo esto, aterrizamos en
nuestras prosaicas vidas que huelen a “no llego a nada”, en las que el tema del
zumo se resuelve con girar el tapón de un tetrabrik, y rezar el Rosario se
convierte en un deseo inalcanzable.
Por si te sirve de ayuda, me he propuesto exprimir el zumo de naranja de mi
clan mientras contemplo alguno de los misterios del Rosario con ayuda del
móvil. Si, como yo, tienes ya algunos años, te acordarás de un anuncio de la
televisión que preguntaba: “¿Cueces o enriqueces?” ¿Les voy a dar a los míos
vitaminas solo para este mundo o para toda la eternidad? Enciende el móvil con un
audio del Santo Rosario si, como me ocurre a mí, eres de las que se despistan
mientras preparan el desayuno.
Y te aseguro que la Virgen dará a los
tuyos la fuerza para ese día junto con la alegría que proporcionan las grandes
y buenas ilusiones, que después de ese vaso de zumo les aumentará un sorbito de
fe, que, cuando se beban ese vaso de zumo rezado, no solo tendrán defensas
contra los virus, sino que también estarán protegidos de los ataques del
enemigo en forma de malas amistades o malas decisiones. Con María conseguirás
que se les haga más fácil lo difícil, porque ser cristiano coherente no es nada
fácil en esta sociedad. Y se tatuarán en el alma el amor de la Madre perfecta e
incondicional que tienen el Cielo.
¿Cueces o enriqueces? ¿Nos fijamos en la
fruta de temporada sabiendo que Dios anda entre los pucheros? Why
not?
Después de ese desayuno tan completo
tendrás las fuerzas para frenar las máquinas, parar 15 minutos y rezar el Santo
Rosario completo, desmenuzando con calma los misterios del día. Y poco a poco,
sorbito a sorbito, te irán acompañando, todos aquellos que han bebido de tu
zumo.
Mar Dorrio
Fuente: Aleteia
