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| La Biblia de Gutenberg. Foto: NYC Wanderer (CC-BY-SA-2.0) |
“Es un espacio que, cuando
existe, en la mayoría de los casos no sólo es marginal, sino carente de obras
sustanciales”, lamenta el Pontífice en la Carta Apostólica publicada el
miércoles 30 de septiembre.
En este contexto, el Papa
presenta hoy el ejemplo de San Jerónimo, “ese joven inquieto que, como el
personaje de la parábola de Jesús, vendió todo lo que tenía para comprar ‘la
perla de gran valor’”.
En declaraciones a ACI Prensa, el
profesor de Patrología Carlo Dell’Osso, docente del Augustinianum de Roma, el
instituto de estudios patrísticos situado a pocos metros de la Plaza de San
Pedro, explica la importancia de San Jerónimo para remediar esa “ignorancia de
las Escrituras”.
Dell’Osso recordó que, para San
Jerónimo, “toda la Escritura habla de Cristo, tanto el Antiguo Testamento como
el Nuevo Testamento. Por ello, el conocimiento de la Escritura conduce al
conocimiento de Cristo y, como consecuencia, si un creyente ignora la
Escritura, ignora a Cristo”.
Para San Jerónimo, “el amor a la
Escritura derivaba al conocimiento de la misma Escritura”. Por ello, se dedicó
al estudio del hebreo para poder acudir a las fuentes bíblicas originales. “San
Jerónimo aprendió a amar la Escritura por medio de la misma Escritura”.
Sobre las revisiones de la
traducción de la Biblia, el profesor Carlo Dell’Osso hizo un llamado a mantener
la fidelidad al texto original. “La fidelidad al texto original de la
Escritura, sin hacer paráfrasis que puedan alterar el sentido original y
profundo, sigue siendo una enseñanza atemporal”.
Cuando San Jerónimo tradujo la
Biblia al latín, la Vulgata, “tenía delante el texto griego de la Septuaginta
(LXX), y el texto hebreo de la Biblia, y al realizar su traducción permanece
fiel, sobre todo a la LXX, teniendo en cuenta algunas variaciones hebreas, y no
entro en el mérito del nivel de conocimiento del hebreo por parte de Jerónimo”.
“En segundo lugar, la obra de
Jerónimo no fue simplemente la iniciativa de un estudioso, o de un erudito. Más
bien fue un verdadero y específico servicio a la Iglesia. De hecho, la nueva
traducción en latín fue un encargo del Papa Dámaso, que había visto la
necesidad de un texto latino mejor adaptado a la liturgia y más
lingüísticamente más armónico respecto a las ediciones preexistentes”.
En opinión del profesor
Dell’Osso, el bagaje místico-espiritual de la vida de San Jerónimo se reflejaba
en su vida. “El testimonio de esta realidad se encuentra en su epistolario que
cuenta con numerosas cartas enviadas a diferentes monjes que seguían su
dirección espiritual”.
Nota publicada originalmente
en ACI
Stampa. Traducida y adaptada por Miguel Pérez Pichel
Fuente: ACI Prensa
