
En verano, el nogal nos protege del sol, y ahora nos regala
nueces que vamos cogiendo cuando salimos a pasear. Ayer nos detuvimos a
observar el proceso, pues en esta época se ve bien cómo unas siguen en el árbol
cubiertas por una corteza verde, mientras que otras ya están en el suelo
desprendidas de ella.
Y es que crecen protegidas hasta que se convierten en un
fruto seco, perdiendo poco a poco la humedad. Muchas veces puede parecer que ya
están secas por su apariencia y, si quitamos nosotras el recubrimiento y las
comemos... ¡aún saben amargas! Y es que no ha llegado su momento. Hay que
esperar a que terminen su proceso, se desprendan del árbol, de su cubierta y
ya... ¡riquísimas!
Jesús vive con sus discípulos; es bonito ver cómo les va
mostrando todo al estilo de las nueces: cuando les ve preparados. Primero les
enamora el corazón, luego les muestra cómo vivir desde el Amor, cómo en la
oración encuentra fuerza y consuelo... y en distintos momentos, habla con cada
uno de ellos, les corrige, les aconseja... a cada uno según necesita. Espera
con cariño y paciencia a que llegue su momento para que puedan acoger aquello
que les tiene que decir.
Hoy el reto del amor es que mires con la mirada de Jesús a
esa nuez que te preocupa, a esa nuez que tienes que aconsejar. ¿Tiene caparazón?
¿No ha llegado el momento? Espera a su lado y ten un gesto con ella desde el
Amor.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma