
El otro día leí un artículo en
que hablaban del “humilde antecesor del órgano”. Visualiza un órgano, de una
catedral, por ejemplo: grande, majestuoso, imponente. Pues resulta que el
origen de algo tan solemne y magnífico es nada menos que... ¡la flauta!
No sé a ti, pero, cuando pienso
en una flauta, a mí lo que me viene a la cabeza es la imagen de un pastorcico
tocándola mientras baila entre las ovejas o las cabras... En fin, algo nada
glamuroso; algo muy, muy sencillo.
Aquello me ha hecho pensar
muchísimo. Porque de algo tan humilde y pequeño como es una flauta, con tiempo
y paciencia, ¡se ha llegado al impresionante y grandioso órgano! (el más grande
que existe cuenta con la friolera cantidad de 28.543 tubos y seis teclados...).
Si la Humanidad ha logrado tal
evolución en una simple flauta, ¿qué no podrá hacer el Señor con nosotros?
Quien te tiende la mano para
caminar contigo es Jesús, el humilde carpintero y el Señor del Universo. Él
entiende de pequeñez y de grandeza. Y, sobre todo, Cristo es poderoso, ¡su
Palabra es eficaz! Y todo Su poder, actúa a tu favor. Porque te ama.
Tal vez sus tiempos no sean los
nuestros. Quizá nos gustaría ver un cambio “de la noche a la mañana”, pero de
la flauta al órgano hay unos cuantos siglos de diferencia...
Nuestro papel en esta aventura es
confiar, ¡estamos en buenas Manos! Cristo trabaja continuamente en tu corazón.
¡Y nada es imposible para Él! Jesús trasformó el agua (que es insípida,
incolora e inodora) en vino (¡que tiene sabor, color y olor!), ¡y quiere hacer
lo mismo en tu corazón!
Hoy el reto del amor es ponerte
en manos de Cristo. Háblale de tu día, de tu realidad, de cómo estás. Así, sin
máscaras. Con lo que te pesa y lo que te alegra. Hoy pídele poder ser Su
instrumento al menos una vez en la jornada, ¡llevar su amor! Y, si tropiezas,
recuerda que “todos los santos tienen pasado; ¡y todos los pecadores tenemos
futuro!”. ¡Él sigue trabajando contigo! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma