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Estas son las 18 postulantes que han ingresado en el convento de las Dominicas María Madre de la Eucaristía de Michigan |
Este último caso está empezando a mostrarse en las llamadas vocacionales. Pese
a la incertidumbre generada hay jóvenes que han dado un paso al frente. En
Getafe, por ejemplo, se ha incrementado en un 40% el número de seminaristas.
También se da el caso entre las religiosas, como las dominicas de Michigan, una
comunidad que ya de por sí es un vergel vocacional y que ha experimentado un boom de
vocaciones durante la pandemia.
Monjas con una edad media de 32
años
Se trata de las Hermanas Dominicas de María Madre de la Eucaristía en
Ann Arbor (Michigan). Allí viven más de 150 religiosas y la edad media de las monjas se
sitúa en los 32 años. Sus distintos retiros vocacionales son ya
famosos en todo EEUU y logran atraer a numerosas jóvenes.
Sin embargo, con
la pandemia el número de postulantes ha sido incluso más alto, y todo ello sin
sus conocidos retiros. Cuando el mundo se encontraba medio paralizado,
adaptándose a nuevas normas y hábitos de vida, un total de 18 mujeres jóvenes han decidido dejar
estudios, trabajos, familia y amigos para vivir una vida radical como monjas.
En su casa madre en Ann Arbor, Michigan, estas
religiosas han dado la bienvenida a una de las hornadas más numerosas de postulantes en sus 23 años
de historia. Y es que en esta orden han tenido siempre un problema
vocacional, pero diferente al resto: más solicitantes que espacio disponible en
la casa. Pero sin embargo, este año consideran que ha sido una bendición
especial.
La generación religiosa del Covid
“Llamo a mi vocación un milagro COVID, porque la mayor parte de mi
discernimiento ocurrió durante la pandemia”, asegura la postulante Genevieve,
de Phoenix, a Our Sunday Visitor. Su caso no es único ya que sus
compañeras postulantes, que provienen de todo Estados Unidos y México, también
afirman que encontraron que su discernimiento y finalmente su entrada se vieron
especialmente afectados por la pandemia.
Las jóvenes provienen de todos los rincones de
Estados Unidos. De grandes urbes y de estados pequeños. “No tener acceso a los sacramentos
realmente me mostró que toda mi vida giraba en torno a ir a misa y poder adorar
a Cristo en la Eucaristía”, confiesa Jenna, postulante llegada desde Nueva
York.
Al final,
asegura esta joven, “encontré consuelo en el hecho de que, aunque en ese
momento estaba separada físicamente de Cristo en la Eucaristía, en solo unos meses
comenzaría a vivir la vida como una esposa de Cristo y me esforzaría
por estar con él para toda la eternidad”.
El valor de la Eucaristía y la
Adoración

costaba rezar en casa porque siempre había distracciones a mi alrededor, ya fueran los aparatos electrónicos, un libro que estaba leyendo en ese momento o un proyecto de arte que tenía en marcha.
En otras palabras, mi vida de oración disminuyó drásticamente”. Por ello,
afirma que aunque no querría volver a estar sin la Eucaristía, “me alegro de
haberlo experimentado, porque ahora lo apreció mucho más y comprendo verdaderamente la
importancia de la Misa y la Eucaristía. Me ha convertido en una mejor
católica”.
Otras de las jóvenes que han ingresado en esta rama
dominica intentaron seguir con su vida de adoración a través de internet. Es el
caso de Autumn, de Pensilvania. Ella veía una retransmisión en directo de
Adoración. “Mi
familia se acostumbró a ver una nota adhesiva con la palabra ‘Rezando’
pegada a mi puerta para que pudiera tener un poco de paz y
tranquilidad”, cuenta.
Mientras tanto,
Genevieve asegura que sí pudo acudir a las Horas Santas en su parroquia. Y
afirma estar muy agradecida “de haber podido ir a la Adoración casi todas las
noches, porque creo que
fue la fuente de la gracia que Jesús usó para ayudarme a decir 'sí' a
mi vocación”.
Rory, de Michigan City, Indiana, resumió el
sentimiento de todo el grupo: "No quiero nunca volver a separarme de Él,
así que la próxima vez que
haya una pandemia, el único lugar donde quiero estar es en un convento".
En las dominicas de Michigan, las familias de las
jóvenes postulantes tienen la opción de viajar hasta allí para acompañarlas en
su ingreso oficial en la comunidad. Sin embargo, este año debido a las
circunstancias provocadas por la pandemia había dos opciones: tener una
celebración más corta, y con distancia de seguridad al aire libre para que
fueran las familias, o tener la ceremonia de ingreso completa en la capilla de
la casa madre.
Las 18 jóvenes votaron por unanimidad por la celebración en la capilla y
con todos los ritos. Sus familias siguieron la ceremonia por
internet y vieron como cada una de las jóvenes, vestida con el sencillo
uniforma azul de postulante, era presentada y recibida por su nueva familia
religiosa, y se les entregaba la cruz que llevarán hasta que reciban el hábito
el próximo año.
Javier Lozano
Fuente: ReL
