
“Renuevo
mi gratitud por el servicio que desarrollan”, para "la tutela de las
‘finanzas limpias’, en el ámbito las cuales se impide a los ‘mercaderes’ especular
en ese templo sagrado que es la humanidad”. Un trabajo que “me importa de
manera particular”: así se dirigió esta mañana el Papa Francisco a los
expertos del grupo Moneyval, el Consejo de Europa para la evaluación de las
medidas contra el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, llegado al
Vaticano el pasado 30 de septiembre. Se trata de una visita acordada en el 2019
y que tiene lugar como parte de la evaluación periódica a las que están
sujetas todas las jurisdicciones miembros de Moneyval según un calendario
preestablecido.
Además, hizo presente que el trabajo
desarrollado por los expertos del grupo Moneyval “está estrechamente vinculado
con la protección de la vida, la coexistencia pacífica de la humanidad en
la tierra y con una finanza que no oprima a los más débiles y necesitados. Creo
que es necesario – evidenció – repensar nuestra relación con el dinero”
porque “en ciertos casos parece que hemos aceptado el predominio del dinero
sobre el hombre”.
A veces, para acumular riqueza, no se
presta atención a su origen, a las actividades más o menos lícitas que la han
originado y a la lógica de explotación que puede subyacer a ella. Así, sucede
que en algunas áreas se toque el dinero y se manche de sangre las manos, la
sangre de los hermanos. O, también, puede suceder que los recursos financieros
se destinen a sembrar el terror, para afirmar la hegemonía del más fuerte, del
más prepotente, de quienes sin escrúpulos sacrifican la vida del hermano para
afirmar su poder.
Siguiendo las huellas de San Pablo VI,
Francisco reitera la propuesta de crear un Fondo Mundial para ayudar los pobres
y hambrientos, con el dinero que se usa “en armas y otros gastos militares”.
Además recuerda que “el Magisterio social de la Iglesia ha subrayado la
falsedad del ‘dogma’ neoliberal según el cual el orden económico y el orden moral
son tan dispares y ajenos entre sí que el primero no depende en absoluto del
segundo”. A este respecto, observa que “la adoración del antiguo becerro de oro
ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en
la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente
humano". De hecho, “la especulación financiera con la ganancia fácil como
fin fundamental sigue causando estragos".
Jesús
expulsó a los mercaderes del templo y enseñó que "no se puede servir a
Dios y a las riquezas" (Mt 6, 24). Cuando, de hecho, la economía pierde su
cara humana, no nos servimos del dinero, sino que se sirve al dinero. Se trata
de una forma de idolatría contra la que estamos llamados a reaccionar,
proponiendo de nuevo el orden racional de las cosas que conduce al bien común,
según el cual "¡El dinero debe servir y no gobernar!
Ciudad del Vaticano
Vatican News