Cuando sentimos fuerte la duda y el miedo y nos parece
que nos hundimos, en los momentos difíciles de la vida, no debemos
avergonzarnos de gritar, como Pedro: «¡Señor, sálvame!»
Lo dijo el Papa Francisco, a la hora del Ángelus
dominical, asegurando que Jesús "sabe" que “nuestra fe es pobre y
nuestro camino puede ser perturbado, bloqueado por fuerzas adversas”, pero que,
incluso antes de que empecemos a buscarlo, "Él está presente junto a
nosotros”.
Abandonarse con confianza en Dios en todo momento de
nuestras vidas, especialmente en el momento de la prueba y la turbación: el
Evangelio del día hace esta invitación, según el Sucesor de Pedro, quien a la
hora del Ángelus de este domingo hizo presente, con convicción, que Jesús “es
la mano del Padre que nunca nos abandona”. Él es – afirmó el Papa - “la mano
fuerte y fiel del Padre, que quiere siempre y solo nuestro bien”.
En el Ángelus de este domingo, comentando el Evangelio
del día (cfr. Mt 14, 22-33) que relata la travesía de los
discípulos del lago en tempestad, cuando Jesús caminó sobre las aguas, el Papa
Francisco se centró en el diálogo entre Jesús y Pedro. Los discípulos estaban
turbados, piensan que Jesús es “un fantasma” y gritan “con miedo”. Pero Jesús
los tranquiliza: «¡Ánimo!, que soy yo; no teman». Jesús dice a Pedro que vaya
hacia Él, pero Pedro, que da algunos pasos, con el viento y las olas empieza a
hundirse y, asustado, grita: «¡Señor, sálvame!». Jesús – recuerda el Papa – le
toma de la mano y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
Gritar como
Pedro: «¡Señor, sálvame!»
Aquí parte la reflexión del Papa Francisco de este
domingo: esta historia – nos dice – es también una invitación a abandonarnos
con confianza en Dios en todo momento de nuestra vida, especialmente en el
momento de la prueba y la turbación.
Cuando sentimos fuerte la duda y el miedo y nos parece
que nos hundimos, en los momentos difíciles de la vida, donde todo se vuelve
oscuro: no debemos avergonzarnos de gritar, como Pedro: "¡Señor,
sálvame!". (v. 30). Llamar al corazón de Dios, al corazón de Jesús:
"¡Señor, sálvame!". ¡Es una hermosa oración! Podemos repetirla muchas
veces: "¡Señor, sálvame!".
Dios no se
impone, Él pide escuchar
Dios no es el gran rumor, Dios no es el
huracán, no es el incendio, no es el terremoto, como recuerda hoy también la
historia del profeta Elías que dice: Dios es la brisa ligera que no se impone,
sino que pide escuchar (cfr. 1 Re 19,11-13). Tener fe quiere decir, en medio de
la tempestad, tener el corazón dirigido a Dios, a su amor, a su ternura de
Padre. Jesús quería enseñar esto a Pedro y a los discípulos, y también hoy a
nosotros.
Jesús con nosotros antes de que empecemos a
buscarlo
En los momentos oscuros, en los momentos de
oscuridad, “nuestra fe es pobre y nuestro camino puede ser perturbado, bloqueado
por fuerzas adversas”, afirmó también Francisco. Pero Jesús “lo sabe”, e
“incluso antes de que empecemos a buscarlo", aseguró, "Él está
presente junto a nosotros”. “Y levantándonos de nuestras caídas, nos hace
crecer en la fe”.
Tal
vez nosotros, en la oscuridad, gritamos: "¡Señor! ¡Señor!", pensando
que está lejos. Y Él dice, "¡Estoy aquí!" Ah, él estaba conmigo...
Así es el Señor.
El
Papa señaló que la barca a merced de la tormenta es la imagen de la Iglesia,
que en todas las épocas encuentra vientos contrarios, y a veces pruebas muy
duras. E invitó a pensar en las persecuciones largas y amargas del siglo
pasado, y también en algunas de nuestros días. Y dijo:
“En
esas situaciones, puede tener la tentación de pensar que Dios la ha abandonado.
Pero en realidad es precisamente en esos momentos que resplandece más el
testimonio de la fe, el testimonio del amor y el testimonio de la esperanza. Es
la presencia de Cristo resucitado en su Iglesia que dona la gracia del
testimonio hasta el martirio, del que brotan nuevos cristianos y frutos de
reconciliación y de paz por el mundo entero”.
Perseverar en la fe
Así, pues, al finalizar su reflexión, pidió
la intercesión de María para que “nos ayude a perseverar en la fe
y en el amor fraterno, cuando la oscuridad y las tempestades de la vida ponen
en crisis nuestra confianza en Dios”.
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