En la situación de aislamiento a que obliga la pandemia del coronavirus,
citas del fundador del Opus Dei que ayudan a dar un nuevo enfoque a nuestra
vida
![]() |
Damien Roué-(CC BY-NC 2.0)
|
UNA OPORTUNIDAD PARA CRECER PARA ADENTRO.
“No se veían
las plantas cubiertas por la nieve. -Y comentó, gozoso, el labrador dueño del
campo: ‘ahora crecen para adentro’.
-Pensé en ti:
en tu forzosa inactividad.
-Dime: ¿creces también para adentro?” (Camino, 294)
-Dime: ¿creces también para adentro?” (Camino, 294)
ANTE LA PREOCUPACIÓN.
¿Estás
sufriendo una gran tribulación? —¿Tienes contradicciones? Di, muy despacio,
como paladeándola, esta oración recia y viril:
“Hágase,
cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima
Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. —Amén. —Amén.”
Yo te aseguro
que alcanzarás la paz. (Camino, 691)
SI TE PARECE QUE TODO SE HUNDE.
Aunque todo se
hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto,
con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración
confiada del profeta: “el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro
Legislador, el Señor es nuestro Rey; El es quien nos ha de salvar”.
—Rézala
devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de la
Providencia, que nos gobierna para nuestro bien. (Surco, 855)
APROVECHAR EL TIEMPO DESDE AHORA.
¡No me seas
comodón! No esperes el año nuevo para tomar resoluciones: todos los días son
buenos para las decisiones buenas. “Hodie, nunc! —¡Hoy, ahora!
Suelen ser unos
pobres derrotistas los que esperan el año nuevo para comenzar…, porque, además,
luego… ¡no comienzan! (Forja, 163)
EN CASA Y DESDE CASA.
Tú has de
comportarte como una brasa encendida, que pega fuego donde quiera que esté; o,
por lo menos, procura elevar la temperatura espiritual de los que te rodean,
llevándoles a vivir una intensa vida cristiana. (Forja, 570)
DIOS NUNCA FALLA.
A ti que te
desmoralizas, te repetiré una cosa muy consoladora: al que hace lo que puede,
Dios no le niega su gracia. Nuestro Señor es Padre, y si un hijo le dice en la
quietud de su corazón: Padre mío del Cielo, aquí estoy yo, ayúdame… Si acude a
la Madre de Dios, que es Madre nuestra, sale adelante.
Pero Dios es
exigente. Pide amor de verdad; no quiere traidores. Hay que ser fieles a esa
pelea sobrenatural, que es ser feliz en la tierra a fuerza de sacrificio. (Via
Crucis, X estación)
LA CRUZ EN NUESTRA VIDA.
Con su Cruz a
cuestas marcha hacia el Calvario, lugar que en hebreo se llama Gólgota.
(Joann., XIX, 17.) —Y echan mano de un tal Simón, natural de Cirene, que viene
de una granja, y le cargan la Cruz para que la lleve en pos de Jesús. (Luc.,
XXIII, 26.)
Se ha cumplido
aquello de Isaías (LIII, 12): cum sceleratis reputatus est, fue contado entre
los malhechores: porque llevaron para hacerlos morir con El a otros dos, que
eran ladrones. (Luc., XXIII, 32.)
Si alguno
quiere venir tras de mí… Niño amigo: estamos tristes, viviendo la Pasión de
Nuestro Señor Jesús. —Mira con qué amor se abraza a la Cruz. —Aprende de El. —Jesús
lleva Cruz por ti: tú, llévala por Jesús.
Pero no lleves
la Cruz arrastrando… Llévala a plomo, porque tu Cruz, así llevada, no será una
Cruz cualquiera: será… la Santa Cruz. No te resignes con la Cruz. Resignación
es palabra poco generosa. Quiere la Cruz. Cuando de verdad la quieras, tu Cruz
será… una Cruz, sin Cruz.
Y de seguro,
como El, encontrarás a María en el camino. (Santo Rosario. Cuarto
misterio doloroso. La Cruz a cuestas)
RECUPERA TUS ORACIONES DE NIÑO.
No olvides tus
oraciones de niño, aprendidas quizá de labios de tu madre.
—Recítalas cada
día con sencillez, como entonces. (Camino, 553)
QUÉ HACER SI TE PONES TRISTE.
Para poner
remedio a tu tristeza me pides un consejo. —Voy a darte una receta que viene de
buena mano: del apóstol Santiago.
—”Tristatur
aliquis vestrum?” —¿Estás triste, hijo mío? —”Oret!” —¡Haz oración! —Prueba a
ver. (Camino, 663)
COMUNIÓN DE LOS SANTOS.
“Lejos
físicamente y, sin embargo, muy cerca de todos, repetías feliz. Estabas
contento gracias a esa comunión de caridad de que te hablé que has de avivar
sin cansancio” (Forja, 956)
Dolors Massot
Fuente: Aleteia
