Este
29 de noviembre, el Papa Francisco ha dirigido un discurso a los miembros de la
Comisión Teológica Internacional, que cumple 50 años de servicio a la Iglesia
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2019.11.29 El Papa
se dirige a los miembros de la Comisión Teológica Internacional
(Vatican
Media)
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La
Comisión Teológica Internacional, fue instituida por San Pablo VI el 11 de
abril de 1969 “como fruto del Concilio Vaticano II, para crear un nuevo puente
entre la teología y el Magisterio”, afirma el Papa Francisco. La misión de la
Comisión consiste en ayudar a la Santa Sede, y en particular a la Congregación
para la Doctrina de la Fe, en el examen de las cuestiones doctrinales de mayor
importancia y actualidad.
La
Comisión está compuesta por teólogos de diferentes escuelas y naciones, que
destacan por ciencia y fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Los miembros
—cuyo número no supera los treinta— son nombrados por el Santo Padre por un
período de cinco años, tras la propuesta del cardenal prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe y después de consultar a las
Conferencias Episcopales. A lo largo de su historia la Comisión ha publicado,
con la aprobación de su presidente 29 documentos.
Sinodalidad, libertad
religiosa y sacramentalidad
En
su discurso, el Papa Francisco subraya la publicación de dos textos de singular
importancia: “El primero ofrece una clarificación teológica sobre la
sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia.”, y continúa el Papa: “Como
saben, este tema está muy cerca de mi corazón: la sinodalidad es un estilo, es
caminar juntos, y es lo que el Señor espera de la Iglesia en el tercer
milenio”.
El
Papa insistió: “La sinodalidad es un camino eclesial que tiene un alma que es
el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no hay sinodalidad”.
El
segundo texto “propone un discernimiento sobre las diferentes interpretaciones
de la libertad religiosa hoy”, sobre lo que el Papa puntualiza: “El respeto
sincero de la libertad religiosa, cultivada en un diálogo fructífero entre el
Estado y las religiones, y entre las propias religiones, es más bien una gran
contribución al bien de todos y a la paz”.
Otro
tema sobre el cual también se ha reflexionado, afirma Francisco, es el de “la
sacramentalidad como estructura constitutiva del encuentro entre Dios y el
hombre, subrayando la necesidad de superar las diversas formas de disociación
entre fe y vida sacramental”.
Los teólogos y la misión
de la Iglesia
El
Papa insiste en el rol de los teólogos: “son mediadores entre la fe y las
culturas, y de este modo participan en la misión esencial de la Iglesia: la
evangelización. Ustedes tienen la misión de generar el Evangelio: están
llamados a sacarlo a la luz. De hecho, están escuchando lo que el Espíritu dice
hoy a las Iglesias de las diversas culturas para sacar a la luz aspectos
siempre nuevos del misterio inagotable de Cristo, en el que "se esconden
todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Col 2,3).
Francisco
subrayó la importancia de la reflexión teológica, que tiene que ir a las cosas
que “no son claras y arriesgadas en la discusión”, pero, por otro lado, “A la
gente, siempre la comida sólida que alimenta la fe”.
La teología es la
encarnación de la fe en la vida
Francisco
insiste en que la teología “traduce la fe para el hombre de hoy, para que cada
uno se sienta más cerca y se sienta abrazado por la Iglesia, tomado de la mano
donde está, y acompañado para saborear la dulzura del kerigma y su novedad
intemporal. La teología está llamada a esto: no es una disquisición pedagógica
sobre la vida, sino la encarnación de la fe en la vida”.
Seguidamente
en su discurso, el Papa invitó a no olvidar dos dimensiones del quehacer
teológico: primera, “la vida espiritual (…) en la apertura al Espíritu Santo se
puede comprender y traducir la Palabra y hacer la voluntad del Padre”. Segunda,
“la vida eclesial” y afirmó: “La teología no se hace como individuos, sino en
comunidad, al servicio de todos, para difundir el buen gusto del Evangelio a
los hermanos y hermanas de nuestro tiempo, siempre con dulzura y respeto”.
El
Papa finalizó agradeciendo el trabajo que hacen y pidió sabiduría a la Virgen
para que “continúen con alegría su misión”.
Manuel
Cubías – Ciudad del Vaticano
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