“Miremos
hacia arriba, el cielo está abierto; no despierta temor, ya no está distante,
porque en el umbral del cielo hay una madre que nos espera”
Angelus del Papa Francisco en Solemnidad Asunción de María (ANSA) |
“La
fiesta de la Asunción de María es una llamada para todos, especialmente para
cuantos están afligidos por dudas y tristezas, y viven con la mirada dirigida
hacia abajo”. Lo dijo hoy Francisco en la Solemnidad de la Beata Virgen.
El
Papa en la Solemnidad de la Asunción de María, dijo que esta fiesta es una
llamada para todos, especialmente para cuantos están afligidos por dudas y
tristezas, y viven con la mirada dirigida hacia abajo.
“Miremos
hacia arriba, el cielo está abierto; no despierta temor, ya no está distante,
porque en el umbral del cielo hay una madre que nos espera”.
Ante mezquindades en la
vida, una invitación de María
Ante
los afligidos que viven con la mirada dirigida hacia abajo, “persiguiendo cosas
de poca importancia: prejuicios, rencores, rivalidades, envidias, bienes
materiales superfluos....”. Ante tantas mezquindades en la vida, el Papa
recuerda que María invita a levantar la mirada a las "grandes cosas"
que el Señor ha realizado en ella.
Y
Francisco nos invita a dejarnos llevar por la mano de la Virgen. “Cada vez que
tomamos el Rosario en nuestras manos y le rezamos, damos un paso adelante,
dijo, hacia la gran meta de la vida”. “Dejémonos atraer por la verdadera
belleza, no nos dejemos absorber por las pequeñas cosas de la vida, sino
escojamos la grandeza del cielo. Que la Santa Virgen, Puerta al cielo, nos
ayude a mirar cada día con confianza y alegría allá, donde está nuestra
verdadera casa”.
María exulta a causa de
Dios
Al
reflexionar el Evangelio de hoy en el que se lee que la Santa Virgen reza
diciendo: "Mi alma magnifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios,
mi Salvador", Francisco menciona los verbos de esta oración: magnifica y
exulta, y al respecto recuerda que se exulta cuando sucede algo tan bello que
no basta con regocijarse dentro, en el alma, sino que se quiere expresar la
felicidad con todo el cuerpo: entonces se regocija. “María exulta a causa de
Dios. Quién sabe si a nosotros también nos ha sucedido de exultar por el Señor:
exultamos por un resultado obtenido, por una bella noticia recibida, pero hoy
María nos enseña a exultar en Dios, porque Él hace "grandes cosas"
(cf. v. 49)”.
A
las grandes cosas se alude con el otro verbo: magnificar. En efecto, magnificar
significa exaltar una realidad por su grandeza, por su belleza... “María exalta
la grandeza del Señor, lo alaba diciendo que Él es verdaderamente grande”. Al
respecto, el Santo Padre, dice que en la vida es importante buscar cosas
grandes, de lo contrario uno se pierde detrás de tantas cosas pequeñas. María
nos demuestra que, si queremos que nuestra vida sea feliz, en primer lugar, hay
que poner a Dios, porque sólo Él es grande. Dios es alegría no aburrimiento,
afirmó.
Son
las "grandes cosas" que festejamos hoy
“María
es asunta al cielo: pequeña y humilde, es la primera en recibir la más alta
gloria. Ella, que es una criatura humana, una de nosotros, alcanza la eternidad
en alma y cuerpo”. Y allí nos espera, dijo por último Francisco, allí nos
espera como una madre espera que sus hijos vuelvan a casa. En efecto el pueblo
de Dios la invoca como la "puerta al cielo".
“Nosotros
estamos en camino, peregrinos a la casa de allá arriba. Hoy miramos a María y
vemos la meta. Vemos que una criatura ha sido asumida a la gloria de Jesucristo
resucitado, y esa criatura sólo podía ser ella, la Madre del Redentor”. En el
paraíso, junto a Cristo, el nuevo Adán, está también ella, María, la nueva Eva,
y esto, dijo, nos da consuelo y esperanza en nuestra peregrinación acá abajo.
La
Virgen María, es la Reina del cielo, y es nuestra madre. Nos ama, nos sonríe y
nos socorre con cuidado. Como toda madre, quiere lo mejor para sus hijos y nos
dice: "Ustedes son preciosos a los ojos de Dios; no están hechos para las
pequeñas satisfacciones del mundo, sino para las grandes alegrías del
cielo". Sí, porque Dios es alegría, no aburrimiento.
Patricia
Ynestroza-Ciudad del Vaticano
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