Frutos
de vida eterna
Hola,
buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
En
el convento hay un huerto que nos lo cultiva un señor, Antonio, muy diestro en
las cosas del campo y el cultivo de hortalizas. Él lo trabaja primorosamente,
hasta que produce fruto. Pero hay una cosa que no le gusta hacer y es recoger
la cosecha: lo deja para que lo hagan las monjas.
Ayer,
una hermana me comentó: “Las matas de alcachofas están llenas a rebosar; hay
que cogerlas porque, si no, se ponen duras, y ya no valen para comer. Me da
pena que estén allí, esperando que alguien las corte y las lleve a la cocina
para guisarlas... ¡Con lo buenas que son!”.
Y,
en su comentario y silencio, noté que mañana, cesto y cuchillo en mano, irá a
cortarlas, haciendo un gran trabajo y servicio a la procuradora y a todas las
monjas…
Estamos
en los días de Pentecostés, y vi claro en la oración que igual sucede con el
Espíritu Santo:
El
“Gran Labrador" siembra y planta, cuida y riega con mimo para darnos los
frutos de su Espíritu… ¡que son siempre preciosos y suculentos! Y espera que
los recojamos, a manos llenas, ¡porque en verdad son muchos!: el Amor, ¡que es
el primero, porque es Él mismo!... ¡El Gozo del espíritu!… ¡La Paz, que es Don
altísimo del Señor Resucitado!… ¡La Bondad: “Sed buenos unos con otros…”! ¡La
fe, que son las raíces que sostienen nuestra vida en Cristo!… ¡Y tantos más!…
Y
dice el Señor: “Me da pena que se pierdan estos Frutos en el campo de Dios por
falta de hombres y mujeres que los deseen, y los cojan y se alimentan de
ellos…” ¡Porque son, en verdad, frutos de vida eterna!
Hoy
el reto del amor, es que le pidas a Jesús, en este domingo de Pentecostés, que
te regale los frutos de su Espíritu Santo… ¡Que tus manos y tu corazón estén
abiertos en el momento de recibir a Jesús en la Eucaristía! “¡Qué bueno es el
Señor, dichoso el que se acoge a Él!” ¡Que pases un feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
