El Instituto para las Obras de Religión
(IOR), el antiguo Banco Vaticano, hizo público este martes 11 de junio el
informe anual correspondiente al año 2018
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| Vaticano. Crédito: Daniel Ibáñez (ACI) |
Se trata de la séptima vez que el IOR
difunde estos datos, lo cual responde a una política de mayor transparencia y
control.
El informe, que ha sido sometido a una
revisión contable de la empresa Deloitte & Touche, fue aprobado por
unanimidad el 16 de abril por el Consejo de Supervisión del Instituto.
Según las conclusiones del informe,
resumidas en un comunicado difundido entre los medios de comunicación
acreditados en el Vaticano, “en 2018 el Instituto continuó, con prudencia, a
suministrar servicios financieros a la Iglesia católica presente en todo el
mundo y al Estado de la Ciudad del Vaticano”.
“Sus resultados financieros reflejan este enfoque y confirmar el compromiso
adoptado en 2014 por el Consejo y la Dirección de cara a hacer del IOR un mejor
instituto financiero, más cercano a sus clientes con fuertes principios éticos,
productos de mayor nivel, procedimientos de control en línea con las mejores
prácticas internacionales”.
En concreto, el informe anual
correspondiente a 2018 señala que el IOR ofreció servicios a 14.953 clientes
por valor de 5 mil millones de euros en recursos financieros, de los cuales 3
mil 200 millones corresponden a la gestión y custodia de ahorros.
Se obtuvo un resultado neto
correspondiente a 17 millones 500 mil euros, a pesar de las fuertes
turbulencias de los mercados en el pasado año y la persistencia de tasas de
interés todavía demasiado bajos.
A lo largo de 2018, el IOR también
continuó con el proceso de optimización de costes, reduciéndolo a 16 millones
frente a los 18 millones 700 mil en 2017.
Asimismo, a 31 de diciembre de 2018, el
IOR registró un patrimonio neto en la distribución de beneficios de 637
millones de euros, correspondiente a un ratio TIER 1 del 86,4%, como testimonio
de su elevada solvencia y de su perfil de bajo riesgo.
En 2018, el Instituto también aumentó la integración de criterios negativos y
positivos de análisis para la selección de la actividad financiera con la cual
se puedan realizar inversiones coherentes con la ética católica, seleccionando
exclusivamente empresas que desempeñen una actividad conforme a la Doctrina
Social de la Iglesia Católica.
Además, se continuaron las inversiones
dirigidas a favorecer el desarrollo de los países más pobres, con respeto a las
decisiones coherentes con la realización de un futuro sostenible para las
generaciones futuras.
Por último, se contribuyó a la
realización de numerosas actividades de tipo benéfico y social, tanto por medio
de donaciones de carácter financiero, como mediante la concesión en alquiler
con cánones subvencionados o préstamos de uso gratuito de inmuebles de su
propiedad a entes con finalidad social.
Fuente:
ACI
