Los
seminaristas «no ocultaron su identidad de clérigos aunque equivalía a una
sentencia de muerte»
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Ceremonia de Beatificación de los 9 mártires de la Guerra Civil.
Foto: Diócesis de Oviedo
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La Iglesia en España ya cuenta con 9
nuevos beatos mártires de la Guerra Civil Española (1936-1939). Se trata de
Ángel Cuartas Cristóbal y 8 compañeros del seminario de Oviedo asesinados por
milicianos de izquierdas.
En
una ceremonia celebrada en la catedral de la ciudad asturiana de Oviedo por el
Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, Cardenal Angelo
Becciu, se destacó el testimonio de fe dado por estos 9 seminaristas asesinados
por odio a la fe durante la persecución religiosa entre los años 1934 y 1937.
El mayor de estos mártires tenía 25 años y el más joven 18.
En
su homilía, el Cardenal destacó el testimonio ofrecido por los 9 aspirantes a
sacerdotes, que decidieron entregar sus vidas a Cristo antes que renunciar a su
vocación y misión. En este sentido, aseguró que su ejemplo es válido para los
sacerdotes de hoy.
“Necesitamos
sacerdotes, personas consagradas, pastores generosos, como estos mártires de
Oviedo. Necesitamos sacerdotes honestos e irreprensibles que lleven las almas a
Dios y no causen sufrimiento a la Iglesia ni turbación al pueblo de Dios”,
afirmó.
El
Cardenal Becciu destacó que los mártires asturianos “no dudaron en confesar su
amor por Cristo, subiendo con él a la cruz, en la ofrenda extrema de sus
jóvenes vidas. Unidos por el mismo testimonio de fe en Jesús, los nuevos Beatos
fueron víctimas de la misma violencia feroz marcada por una acalorada
hostilidad anticatólica, que tenía como objetivo la eliminación de la Iglesia y
en particular del clero”.
Recordó que “para sus perseguidores y
asesinos, fue suficiente identificarlos como seminaristas para descargar sobre
ellos su crueldad criminal, impulsados por el odio visceral contra la Iglesia y
contra el cristianismo”.
“Estos
nueve jóvenes, seminaristas de la Archidiócesis de Oviedo, estaban convencidos
de su vocación al sacerdocio ministerial, comprometidos sinceramente en un
camino formativo para convertirse en fieles servidores del Evangelio. Entusiastas,
cordiales y devotos, se dedicaron por completo al estilo de vida del Seminario,
hecho de oración, de estudio, del compartir fraterno, de compromiso
apostólico”.
También
subrayó que “siempre se mostraron decididos a seguir la llamada de Jesús, a
pesar del clima de intolerancia religiosa, siendo conscientes de las insidias y
de los peligros a los que se enfrentarían. Supieron perseverar con particular
fortaleza hasta el último instante de sus vidas, sin negar su identidad de
clérigos en formación”.
También
recordó que durante la Guerra Civil Española “la afirmación de la condición de
ser clérigos equivalía a una sentencia de muerte, que podía ejecutarse
inmediatamente o ser retrasada, si bien no había ninguna duda sobre el destino
que esperaba a los seminaristas una vez que habían sido identificados”.
Por
lo tanto, “cada uno de ellos, conscientemente, ofreció su vida por Cristo en
las circunstancias trágicas ocurridas durante la persecución religiosa de los
años Treinta del siglo pasado”.
“En
el momento de la terrible amenaza de los torturadores provistos de medios de
opresión, ellos se refugiaron en Dios. Y suplicaron: ‘Piedad de mí, Señor, que
a ti te estoy llamando todo el día [...], levanto mi alma hacia ti’ (vv.3-4),
como queriendo decir: la prepotencia despiadada no prevalecerá sobre nosotros,
porque Tú eres la fuente de nuestra fortaleza en el momento de la desesperación
y de la debilidad”.
El
Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos recordó las palabras
del Salmo: “Salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti”. Con esas palabras,
aseguró el Cardenal en la homilía, “rezaron nuestros Beatos en la hora del
martirio, cuando fueron exterminados sin piedad. Ellos no salvaron la vida
temporal. Hallaron la muerte. Entregaron la vida terrenal, para obtener la vida
verdadera y eterna con Cristo”.
“La muerte significa un nuevo comienzo de
esta vida, que proviene de Dios, y de la que nosotros participamos por medio de
Cristo, a través de su muerte y resurrección. Los nueve seminaristas perecieron;
sus jóvenes cuerpos permanecen sin vida”.
Por ese motivo, “estos jóvenes aspirantes
al sacerdocio, capturados y presa de la furia asesina revolucionaria
anticristiana, están a salvo, están en manos de Dios que los guiará por los
caminos de la vida y hará que su luz brille en las tinieblas”.
Los testimonios de los 9 seminaristas
“son de gran actualidad: ellos no huyeron ante las dificultades, sino que
eligieron la fidelidad a Cristo. El mensaje de estos seminaristas mártires
habla a España y habla a Europa con sus comunes raíces cristianas. Ellos nos
recuerdan que el amor por Cristo prevalece sobre cualquier otra opción y que la
coherencia de vida puede llevar incluso a la muerte. Nos recuerdan que no
podemos aceptar componendas con nuestra propia conciencia y que no hay
autoridad humana que pueda competir con la primacía de Dios”.
“Con la santidad de sus vidas, los nuevos
Beatos hablan sobre todo a la Iglesia de hoy. Ellos, con su sangre, han
engrandecido a la Iglesia y han dado esplendor al sacerdocio”.
El Cardenal concluyó su homilía
asegurando que “los nuevos Beatos, con su mensaje y su martirio, nos hablan a
todos y nos recuerden que morir por la fe es un don que se concede solo a
algunos; pero vivir la fe es una llamada que se dirige a todos”.
Fuente:
ACI
