Proceso
para vivir en la gloria
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Nada
más comenzar la jornada de trabajo, tras la oración de la mañana y el desayuno,
lo primero que se ponen en marcha son las glorias. Sí, ese sistema de calor que
es como el suelo radiante, solo que prendiendo leña debajo del suelo.
Ayer
mismo, cuando me ponía a ello, observaba la necesidad que tiene la gloria o
cualquier chimenea de poner la leña en un cierto orden: debajo del todo van
algunos papeles de la papelera, cascajos, hojas secas, cáscaras de almendra...,
después ramas finas secas, luego palos un poco más gordos, y, por último, el
tronco.
Es
un orden lógico, porque lo que queremos es que el tronco se llegue a prender y
se haga ascuas, que son las que dan calor, pero sería imposible querer
encenderlo a él solo directamente. Cualquier intento quedaría en vano. Por
ello, contamos con todas las otras cosas que prenden muy rápido y avivan las
llamas, para que, mientras se van consumiendo, le dé tiempo al tronco a ir
calentándose, a prenderse, hasta transformarse todo él en un ascua
incandescente.
Pues
así, mientras realizaba todo el proceso, me daba cuenta de que, por medio de la
gloria, el Señor me estaba mostrando justo lo que necesitaba oír.
Sí,
porque muchas veces uno se desanima consigo mismo al verse pobre, que falla,
que quiere amar y no le sale natural... Y, ¿quién no ha intentado quitarse esas
cosas de uno mismo de encima?
Sin
embargo, el Señor me mostró que en realidad necesito de esas cosas de mí misma
de las que ahora me quejo. Porque esas pobrezas que siento que me hacen
tropezar, o esas cosas que no sé qué hacer con ellas, o las veces que no me
sale amar... en realidad son como los papeles, como la hojarasca, como los
palos. Y, si en eso mismo me dejo amar por Cristo, en realidad se convierten en
esas llamas que prenden rápido en su Amor y van encendiendo más y más el
verdadero tronco de nuestra vida: nuestro corazón.
Si
deseo vivir con el corazón encendido y apostar por el amor en cada momento,
necesito ir experimentando una y mil veces ese amor en todo lo que me atañe.
Salí
muy contenta de aquel trabajo, con la certeza de que en la debilidad hay lugar
para la felicidad, porque en la debilidad prende el Amor.
Hoy
el reto del amor es no rebelarte contra ti mismo. Seguro que te sucede como a
mí, que te equivocas varias veces al día, que respondes alguna vez de forma
inadecuada... Cuando te suceda, no te quedes en tu propia frustración. Párate,
reconoce la realidad y entregársela a Cristo. Él te ama, y de Su mano volverás
a tu día con el corazón lleno de Paz.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
