El
Papa escribe a los obispos americanos en un retiro espiritual. En el contexto
del escándalo de los abusos, llama a la "conversión" y a la
"comunión fraterna" contra la mera lógica de la organización
El
Papa quería acompañarlos en este retiro, para pedirle al Señor que
"muestre el camino de vida, que como Iglesia estamos llamados a recorrer
para el bien de todo el pueblo que nos fue confiado”.
“Entre ustedes no debe
suceder así”
El Papa, en su carta, llama la
atención sobre un punto neurálgico: “la credibilidad de la Iglesia se ha visto
fuertemente cuestionada y debilitada por estos pecados y crímenes, pero especialmente
por la voluntad de querer disimularlos y esconderlos… La actitud de
encubrimiento, lejos de ayudar a resolver los conflictos, permitió que se
perpetuasen e hirieran más profundamente el entramado de relaciones que hoy
estamos llamados a curar”.
Estas
situaciones también son generadoras de tensiones internas no sólo en las
comunidades locales, sino entre los obispos. Francisco llama a estar atentos a
que los conflictos entre personas o cualquier recriminación, no opaquen la
búsqueda de soluciones. Considera necesario revisar la manera de relacionarnos
con las comunidades, pero también, la manera en que nos relacionamos entre
pastores y con las cosas que se nos han confiado para administrar.
El
Papa expone que no solo es tiempo de buenos administradores, sino de pastores
que asuman de manera colegiada la actual misión. Para ello hay que “sumergirnos
mejor en la realidad, intentando comprenderla y escucharla desde dentro sin
quedar presos de la misma”.
El
cuerpo de la Iglesia estadounidense necesita
reconocerse pecador, pero está llamado a la conversión. Esta no debe
banalizar la respuesta, sino que debe” escuchar la voz del Señor que se
encuentra en la calma y dejarse convocar por su palabra”.
Ser servidores
El
clima desde el que los obispos norteamericanos deben realizar su misión es de
amistad y servicio. Hay que evitar caer en la trampa de la funcionalidad y
eficiencia propia del mundo de los negocios. La credibilidad, afirma el Papa,
“nace del servicio sincero y cotidiano, humilde y gratuito hacia todos,
especialmente hacia los preferidos del Señor”.
Hay
que estar atentos a no caer en la dinámica de “un mundo propenso al odio y la
marginación, a la desunión y a la violencia entre hermanos” porque la misión de
la Iglesia es “ser tierra de encuentro y de hospitalidad no solo para con sus
miembros sino con todo el género humano”.
El
Papa termina la carta, haciendo un llamado a “testimoniar de modo concreto y
creativo que Dios es Padre de todos”. Esta misión será exitosa si trabajamos
con otros actores sociales para luchar por ser “instrumentos de unidad, de
concordia y de paz”. Este momento pasa por la cruz. No podemos evitarla. María
que camina al lado de su Hijo, ayude a perseverar, esperando hasta que llegue
la luz de Dios.
Manuel
Cubías – Ciudad del Vaticano
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