“Cuando ores, dirígete a Dios como un hijo a su padre,
que sabe lo que necesita antes de pedirlo”
La
oración del Padre Nuestro, tema de la catequesis del Papa Francisco en la
Audiencia General del miércoles 2 de enero de 2019.
“Continuamos
con la catequesis del Padre nuestro, y hoy nos fijamos en el contexto donde el
evangelista Mateo coloca esta oración, que es el discurso de la Montaña. Ese
relato que comienza con las bienaventuranzas resume la enseñanza de Jesús y se
abre precisamente invirtiendo las categorías humanas corrientes, llamando
dichosos a unas personas que ni entonces ni ahora tenían gran prestigio en la
sociedad, pero que son capaces de amar, de trabajar por la paz y, por ello, de
ser constructores del reino”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General
del primer miércoles de enero de 2019, continuando con su ciclo de catequesis
dedicadas a la oración del Padre Nuestro.
La revolución
del Evangelio
En su primera catequesis de 2019, el Santo Padre retomó
las enseñanzas sobre el Padre Nuestro, iluminadas por el misterio de la Navidad
que acabamos de celebrar y lo hizo con la ayuda del Evangelio de Mateo que
sitúa el texto de esta oración en un punto estratégico y significativo, en el
centro del discurso de la montaña. Es aquí, afirma el Pontífice, donde “Jesús
condensa los aspectos fundamentales de su mensaje. El comienzo es como un arco
decorado festivamente: las Bienaventuranzas. Jesús corona con alegría una serie
de categorías de personas que en su tiempo -¡pero también en el nuestro! - no
eran muy apreciados. Bienaventurados los pobres, los mansos, los
misericordiosos, los humildes de corazón... Es la revolución del Evangelio.
Todos los que son capaces de amar, los pacificadores que hasta entonces habían
quedado al margen de la historia, son los constructores del Reino de Dios”.
La novedad del Evangelio
De
este portal de entrada, que invierte los valores de la historia, explicó el
Papa Francisco, surge la novedad del Evangelio. La Ley no debe ser abolida,
sino que necesita una nueva interpretación que la devuelva a su significado
original. “Si una persona tiene un buen corazón, predispuesto a amar, entonces
entiende que cada palabra de Dios debe encarnarse hasta sus últimas
consecuencias. El amor – subrayó el Pontífice – no tiene fronteras: se puede
amar al cónyuge, al amigo y hasta al enemigo con una perspectiva totalmente
nueva: Pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen,
para que sean hijos de vuestro Padre que está en los cielos; él hace salir su
sol sobre los malos y los buenos, y hace llover sobre los justos y los
injustos”.
“En el discurso de la montaña, Jesús condensa los aspectos
fundamentales de su mensaje. El comienzo es como un arco decorado festivamente:
las Bienaventuranzas”
Hijos de un mismo Padre
Es
este es el gran secreto que está en la base de todo el discurso de la montaña,
señaló el Papa Francisco: sean hijos de vuestro Padre que está en los cielos.
“Aparentemente estos capítulos del Evangelio de Mateo parecen ser un discurso
moral, parecen evocar una ética tan exigente que parece impracticable, y en
cambio descubrimos que son sobre todo un discurso teológico. El cristiano no es
aquel que se compromete a ser mejor que los demás: sabe que es un pecador como
todos los demás. El cristiano – precisó el Pontífice – es simplemente el hombre
que está ante la nueva Zarza Ardiente, la revelación de un Dios que no lleva el
enigma de un nombre impronunciable, sino que pide a sus hijos que lo invoquen
con el nombre de ‘Padre’, que se dejen renovar por su potencia y que reflejen
un rayo de su bondad para este mundo tan sediento de bien, tan esperanzado de
buenas noticias”.
Oración interior y de conciencia
El
Santo Padre también señala que, Jesús introduce la enseñanza de la oración del
Padre Nuestro, distanciándose de dos grupos en su tiempo. Ante todo, los
hipócritas: “No sean como los hipócritas que, en las sinagogas y en los
rincones de las plazas, aman orar de pie para que el pueblo los vea” (Mt 6,5).
Hay personas que son capaces de tejer oraciones ateas, sin Dios: lo hacen para
ser admiradas por los hombres. La oración cristiana, en cambio, afirmó el
Pontífice, no tiene otro testimonio creíble que la propia conciencia, donde se
entrelaza intensamente un diálogo continuo con el Padre: “Cuando ores, entra en
tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en secreto” (Mt
6,6).
Una oración silenciosa
Finalmente,
el Papa Francisco precisó que, Jesús se distanció de la oración de los paganos,
que oraban con tantas palabras y creían ser escuchados por el poder de las
palabras. “Aquí quizás Jesús alude a esa ‘captatio benevolentiae’ que
era la premisa necesaria de tantas oraciones antiguas: la divinidad tenía que
estar de alguna manera calmada por una larga serie de alabanzas. Tú, en cambio
– dice Jesús – cuando ores, dirígete a Dios como un hijo a su padre, que sabe
lo que necesita antes de pedirlo. Podría ser también una oración silenciosa, el
Padre Nuestro: basta al final con ponerse bajo la mirada de Dios, recordar su
amor de Padre, y esto es suficiente para ser escuchados”.
“Qué hermoso es pensar que nuestro Dios no necesita
sacrificios para ganar su favor! Nuestro Dios no tiene necesidad de nada: en la
oración sólo nos pide que mantengamos abierto un canal de comunicación con Él
para descubrirnos siempre sus hijos amados”
Mantengan abierto ese canal de comunicación con
Dios
Antes
de concluir su catequesis y saludando cordialmente a los peregrinos de lengua
española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América
Latina, el Papa Francisco les dijo: “Los animo a que mantengan siempre abierto
ese canal de comunicación con Dios, pues él los ama, los espera y no quiere
nada más que darles su amor. Les deseo a ustedes y a sus familias un año nuevo
lleno de la cercanía y de la ternura de Dios”.
Renato Martínez – Ciudad del Vaticano
Vatican News
