La felicidad no está en
las cosas
En Navidad los regalos
adquieren un valor tan importante que los deseos de grandes y chicos se ven
reflejados solo en objetos materiales; pero la Navidad va mucho más allá de
esto, debe trascender en nuestros corazones.
Para ello, los expertos del
Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, nos comparten las
siguientes ideas para sorprender a los hijos con verdaderos regalos de amor. Es
muy fácil, son gratis, no necesitan de un empaque especial y están ahí al
alcance de su mano:
1. Si su anhelo es que su hijo sea feliz, no
le dé todo lo que pide. Valórelo, priorícelo y sintonícelo con
sus objetivos educativos.
2. Los niños no se pueden sobornar. Los regalos nunca suplirán la falta de
tiempo o atención de los padres. ¿Será que los hijos prefieren un juguete o ir
con su padre a patinar, a jugar al futbol, montar en bici, ir al cine o,
sencillamente, compartir los dos la fantasía de un cuento…? En ocasiones,
disfrutar con los hijos será el mejor juguete que puedan recibir de sus padres.
¡Y eso es gratuito!
3. Acostumbrar a los hijos a pasar la
Navidad con lo que se tiene, ya es el mejor regalo que les podemos hacer. No se trata de que sufran, pero sí de
que vivan la realidad y acepten con ilusión lo poco o mucho que puedan recibir
como regalo.
4. Lo que ellos piden para la Navidad no
siempre es lo que más les conviene. Cuando se es niño no hay criterio ni
límites para pedir; por eso, la tarea de pensar qué regalar debe ser
responsabilidad de los padres.
5. Hable con ellos acerca de lo que han
pedido en su carta al Niño Dios o a los Reyes. En muchas ocasiones nos sorprenderán
los motivos por los que han elegido sus regalos, tanto por su acierto como por
su desacierto. Aproveche su capacidad de entusiasmo para sugerirles
alternativas más enriquecedoras.
6. Navidad es sinónimo de familia. Es
un buen momento de ser sincero consigo mismo y reflexionar sobre el papel de
padre o madre. Seguro que hay cosas que se pueden mejorar. Es un tiempo para
ser humilde y recapacitar.
7. La felicidad no está en las cosas;
más bien es un estado del alma producto de la paz espiritual que se gana con
las buenas acciones y del bienestar consigo mismo y con la familia.
La Navidad es amor y está
colmada de tradiciones que deben trascender a los hijos para que prevalezcan
más allá del tiempo. Es la oportunidad de inculcar
en ellos la grandeza de los buenos sentimientos.
Fuente: Aleteia