¿Cómo
se supone que vamos a poner cara de desdicha por el regalo que nos hicieron con
tanto cariño?
En
esta época la preocupación de muchos se centra en las compras navideñas,
en hallar la talla correcta, en escoger el color indicado, en madrugarle al
descuento, en ser los mejores vestidos la noche del 24. Para eso trabajo, para
tener la casa más grande y adornada en navidad, para darles a mis hijos lo
mejor, ¡qué tal ponernos con esas bobadas de ahorrar y pensar en los demás en
época de navidad!
No
voy a mentir, es difícil no dejamos llevar por tantas cosas novedosas que
salen: el árbol de 3 metros, los papa Noel que bailan… ¡cualquier cantidad de
cosas para atiborrar la casa de objetos que en enero no caben en ninguna parte!
¿Qué me dicen de las rabietas que tienen las personas en esta época cuando se
van de compras? Yo he sido testigo de peleas interminables en centros
comerciales, de personas con cara de puño haciendo una larga fila, de niños que
lloran y lloran desconsolados porque su madre no termina de hacer las compras,
de un tráfico insoportable por todas las calles y así puedo seguir con una
lista infinita de lo que sucede los días previos a la tan anhelada noche de
Navidad.
¡Llega
la noche del 24 por fin! ¡qué emoción! Al árbol ya ni se le ve la estrella
de tantos regalos, los niños curiosean las tarjetas que dicen “de: pepito,
para: pepita”, los adultos ponen música para reventar la casa. Esa noche todos
huelen bien, se echan flores los unos a los otros, alardean de lo hermosa que
tienen la casa y ¡ni hablar de la cena! la comida que hay sobre la mesa alcanza
para 100 personas cuando en realidad solo hay 25, pero, ¡es diciembre, tenemos
derecho a despilfarrar!
El
reloj marca las 12, todos gritan y festejan, se abrazan, se besan, hay
sollozos, pólvora, salen a volar los corchos de las botellas. Todos se apuran a
abrir los regalos. No sé qué costumbres tengan ustedes en su país y en su
hogar, en el mío delegan a alguien para abrir los regalos, entonces mi abuela
se sienta, coge un regalo y dice: “del niño Dios para pepito” y todos
hacen bulla y le piden que lo destape y lo muestre. Empieza la parte divertida,
todos fijan sus ojos en el rostro de la persona que acaba de recibir el
presente, algunas caras denotan alegría pura, otras como en el video son una
máscara, por un lado sonríe y por el otro llora. ¿Cómo se supone que vamos a
poner cara de desdicha por el regalo que nos hizo el tío con tanto cariño? Es
horrible, simplemente detestamos el regalo, pero ¡vamos! Está prohibido ser
sincero en ese instante, proseguimos con la actuación, ponemos la mejor cara de
que tenemos y damos las gracias.
El
pesebre está allí, con el Niño Dios, María y José, pero a nadie le importa,
nadie voltea a ver el pesebre, nadie ora, nadie levanta su mirada al cielo y
agradece al Padre por tanto. Pensemos por un momento ¿Qué le regalaremos
esta navidad a Jesús? ¿Qué le daremos al que dio la vida por nosotros? Reflexionemos
un poco, andamos atareados por estos días pensando que le vamos a regalar a
nuestros familiares o amigos, pero no pensamos en ofrecerle a Dios todo aquello
que llevamos en el corazón.
Muchas
veces decimos: “sí es cierto, ¡que lástima!” pero nos quedamos de
brazos cruzados, entonces te propongo las siguientes opciones para que la
noche del 24 no te olvides de Dios:
1. Minutos antes de que el
reloj marque las 12, proponle a tu familia hacer un rato de oración. Si te
tildan de ridículo, no hagas caso, anda tu solo a una habitación o a un lugar
apartado y ofrécele tu oración a Dios.
2. Reza el Santo Rosario
ese día, ojalá con toda tu familia, si nadie te quiere acompañar hazlo tú solo
y si te parece muy largo, no reces las 10 Ave marías, haz solo 5 por cada
misterio, pero ofrécelo con amor.
3. Ponte de rodillas ante el
pesebre y agradécele a Dios todo lo que te ha dado, no pidas nada, solo
agradece. Parece sencillo pero sin darnos cuenta siempre resultamos pidiéndole
algo a Dios.
4. Abraza con el corazón, con
el alma, no con la carne. Abraza a tu mamá, a tu papá, a tu abuelo, a tus
hijos, al que sea, pero hazlo pensando que eres afortunado al tener vivo a ese
ser querido.
5. Regala misericordia, amor,
cariño, tiempo, sonrisas, regala perdón y comparte con nosotros que otra cosa
consideras que podemos hacer esa noche para vivir el verdadero significado del
nacimiento de Jesús en nuestros corazones.
Por: Nory Camargo
Fuente:
Catholic-link.com
