Líderes musulmanes, judíos
y cristianos de todo el mundo defienden en Madrid el respeto a las minorías
religiosas
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El cardenal albanés Ernest Simoni y el cardenal Osoro
participaron junto a otros líderes religiosos en el encuentro
sobre la construcción de la paz. Foto: Julia Robles
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A veces las noticias de un congreso están
en las ausencias. Al líder de los coptos de Egipto, el papa Tawadros II, se le
esperaba el pasado domingo en Madrid, pero dos días antes, un nuevo atentado
del Daesh contra la minoría cristiana, alrededor del 10 % de la población
egipcia, dejaba siete muertos. Tirotearon el autobús en el que viajaban rumbo
al monasterio de San Samuel el Confesor, en la provincia de Minia, a unos 200
kilómetros de El Cairo.
Los jóvenes
cristianos están abandonando Egipto a marchas forzadas. En territorios como la
península del Sinaí, la presión de los fundamentalistas es cada vez más
asfixiante. Y por todo el país, las amplias bases populares que apoyaron a los
Hermanos Musulmanes acusan a los coptos de complicidad con el golpe de Estado
del general Al Sisi, con quien Tawadros mantiene una excelente relación
personal, al igual que con las principales autoridades musulmanas.
Pero no es
el islam que predican el gran muftí o el imán de la universidad de Al Azhar el
que llega a los jóvenes que terminan radicalizándose, en un país con un fuerte
desempleo juvenil y con cerca de una cuarta parte de su población analfabeta.
Se necesita «un amplio proceso de educación que debe afrontarse en cada
comunidad para que seamos todos más conscientes de la necesidad de vivir en
armonía», afirmaba Tawadros en un mensaje enviado a los 61 líderes musulmanes,
judíos y cristianos católicos y ortodoxos de 27 nacionalidades, reunidos hasta
el martes en Madrid para el III Conferencia Internacional sobre las Religiones
y su contribución a la Concordia y a la Paz.
Organizaba
el evento la Fundación Evsen, fundada y presidida por el empresario turco Ali
Evsen, que ha construido en Azerbaiyán un imperio empresarial que abarca desde
el gas y el petróleo a la fabricación de electrodomésticos, pasando por un
canal de televisión o incluso una compañía aérea. El objetivo de estos
encuentros –explicó–es promover la paz deslegitimando el fundamentalismo, e
inculcando en los jóvenes el valor del «respeto a los demás». También desmontar
la imagen negativa que tiene buena parte de la juventud actual de la religión
como fuente de conflictos, subrayando por el contrario el papel positivo de la
fe en Dios para la «maduración espiritual» de la persona, de modo que pueda
«afrontar los desafíos de la vida».
Inasumible persecución religiosa
La
situación de las minorías religiosas era el tema central de este tercer
encuentro. «Estamos alcanzando máximos inasumibles de persecución religiosa en
el mundo», denunció en la inauguración el cardenal Carlos Osoro. El arzobispo
de Madrid apeló a la concordia entre los diferentes credos, pero sin dejar de
denunciar que en diversos países «el cristianismo es perseguido de manera
brutal». Aludió, por su nombre, a Siria, Irak, Irán, Egipto y Venezuela, «por
citar algunos ejemplos de persecución contra el cristianismo», para a
continuación advertir frente a la «cristianofobia en países de tradición
cristiana», que definió como una «patología a la que no hay que perder la
pista».
También las
minorías musulmanas sufren persecución, añadió, aludiendo al caso de los
rohinyás de Myanmar. «No se trata de competir por ver qué religión tiene más
perseguidos», dijo, «sino de denunciar la lógica del odio y de la persecución
por motivos religiosos». Y aunque «es verdad que en nombre de la religión se
han podido justificar las confrontaciones, esto ocurre cuando se toma el nombre
de Dios en vano», porque «la verdadera experiencia de Dios para los creyentes,
más allá del credo que confesemos», implica un llamamiento a «construir un
mundo presidido por la concordia, el amor y la paz».
Los juicios más críticos vinieron
curiosamente de los participantes cristianos. Mientras representantes
musulmanes de Irak, Arabia Saudí o Azerbaiyán se decantaron mayoritariamente
por presentar buenos ejemplos de convivencia interreligiosa, el archimandrita
Filaret Bulekov, número dos de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú,
alertó de que «los puentes que unen culturas están colapsando» y aumenta «la
mutua desconfianza.
«Reconozcamos
con humildad que tenemos un gran problema –abundó el arzobispo Nicolas Matti,
de la Iglesia sirio ortodoxa de Antioquía, aunque afincado en España–. Lo hemos
alimentado a lo largo de los siglos: la no aceptación hacia el que yo considero
diferente. Nos cuesta aceptar la diversidad, la multiculturalidad».
También
desde la ortodoxia, el metropolita de España y Portugal, Policarpo, resaltó el
contraste entre las declaraciones institucionales grandilocuentes y «nuestra
débil capacidad para dar respuesta eficaz a la migración» de personas de otras
religiones y culturas, «considerada más como un problema y no como portadora de
valores justos, nobles y buenos».
Junto a los
líderes religiosos asistieron diversos representantes de la política o la
judicatura española. En representación del Gobierno español, participó el
secretario de Estado de Justicia, Manuel Dolz, quien reivindicó en la apertura
el valor de la laicidad positiva, que presupone separación entre las esferas
religiosa y política, pero desde la mutua colaboración.
El
presidente del PP, Pablo Casado, insistió en la idea de separación para, a
continuación, advertir de que en nuestra sociedad son hoy más bien algunos
partidos los que no tienen claro cuáles son sus límites. Al modo de las
antiguas «religiones políticas» (como el fascismo y el comunismo), hoy «los
nacionalismos exacerbados» promueven una «sacralización de la política» que
termina pisoteando «las libertades individuales». De igual forma, dijo, «hay
populismos» que tienen «la tentación de llevar la política al ámbito de lo
absoluto». Al ámbito que es propio de las religiones, constreñidas, eso sí, a
proponer, nunca imponer, sus convicciones y cosmovisiones.
Propuestas
para integrar a las minorías religiosas
Los 61
representantes del judaísmo, el islam y el cristianismo reunidos en Madrid
firmaron una declaración conjunta en la que aseguran sentirse «responsables» en
la solución de «graves conflictos que afectan a nuestra sociedad , en
particular el fanatismo, que constituye hoy una de las mayores amenazas para la
estabilidad y la paz en el mundo». El reto pasa por el respeto a las minorías
religiosas, «que a menudo, y no es un hecho aislado, sufren discriminación,
restricción de sus derechos y persecución, que, en algún grado, perjudica a las
diferentes religiones».
Para promover la mayor integración de
estas minorías, la III Jornada sobre las Religiones y su contribución a la
Concordia y a la Paz propone a los gobiernos «medidas legislativas para
garantizar a los grupos minoritarios alguna de sus fiestas religiosas», y piden
que, siguiendo el ejemplo de España, las televisiones públicas ofrezcan «un
espacio a las minorías religiosas para que puedan dar a conocer sus creencias y
valores».
Cardenal
Simoni: «Al paraíso se llega solo por la cruz»
Entre las
decenas de líderes religiosos asistentes a este tercer congreso mundial de
religiones, había uno con especial legitimidad moral para hablar de persecución
a las minorías religiosas: el cardenal albanés Ernest Simoni, durante casi 30
años encarcelado, torturado y condenado a muerte por el régimen socialista. «El
paraíso es bellísimo pero se llega solo por la vía de la cruz, por un camino
estrecho, lleno de espinas, dificultad, esfuerzos…», dice el purpurado de 90
años en entrevista con Alfa y Omega.
A Simoni se
le hace un nudo en la garganta sobre cuál es su mensaje a las víctimas del último
atentado contra cristianos en Egipto. «Jesús ha avisó hace 2.000 años: como me
han perseguido a mí, os perseguirán a vosotros. Pero no tengáis miedo de los
que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma».
Ricardo Benjumea
Ricardo Benjumea
Fuente:
Alfa y Omega
